Paisajes rurales de Flandes Occidental

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Bélgica es un país de modesta extensión pero compleja organización territorial, consecuencia de su diversidad cultural y su dilatada historia. Se divide en tres regiones principales. Valonia, al sur, es la que incluye a las comunidades de habla francesa, aunque una pequeña parte habla alemán. Flandes, en la costa, es aquella en la que el idioma es el flamenco, variante del holandés. Entre una y otra, Bruselas, mantiene un estatus de capital con el bilingüismo como norma.
 
 
La región flamenca tiene cinco provincias. Dos de ellas reciben esa denominación de forma oficial. Flandes Oriental, la que linda con Brabante y con Amberes, tiene a Gante como capital, y un paisaje rural caracterizado por los sauces trasmochos. 
 
Hacia el oeste, se encuentra Flandes Occidental, tiene a Brujas como capital. Esta ciudad es el principal destino turístico de Bélgica, sin embargo, las campiñas son mucho menos conocidas, salvo por el turismo cervecero y el histórico. 
 
Queríamos visitar las playas belgas y francesas que se extienden hacia Dunkerque. Era una mañana gris plomiza de febrero, de las habituales en esta parte de la Europa atlántica. Antes de Ostende, nos desviamos dirección oeste por una carretera de interior que, paralela a la costa, atravesaba una campiña salpicada de campos, granjas, casas y pequeños pueblos. 
 
Cerca de Oudenburb estaban, otra vez, los viejos sauces trasmochos ...
 
 
Viejos, y jóvenes también, como los que habían plantado en el margen de la carretera, junto al drenaje. Impensable me resulta que en España se planten árboles en las carreteras. Se cortan los que ya había, en ocasiones, hermosos y veteranos, siguiendo la pasión arboricida, trufada en tiempos de modernidad, por argumentos de seguridad vial.
 
 
Bandos de avefrías picoteaban el barro del labrado. No queríamos detenernos mucho en el viaje de ida y decidimos sacar un rato en la vuelta para ver estos paisajes.
 
Aún estábamos en Bray-Dunes, el último pueblo costero de Francia en su frontera con Bélgica. No nos dimos cuenta al aparcar. Junto al coche, en una zona de jardines públicos los podíamos ver. 
 
 
Los sauces, tan propios de los paisajes flamencos, también se usan en la jardinería. No es sean las únicas especies arbóreas empleadas pero no se desdeñan. No se tiene esa visión que tanto se ha visto en nuestra tierra entre los gestores de abrazar lo nuevo y despreciar las especies propias del terreno. 
 
Así fue, caía la tarde y volvíamos hacia Bruselas por la autovía (E 40) a la altura de Veurne. Y volvíamos a encontrarnos con los sauces trasmochos. Se trataba de salir de esta vía rápida y tomar una de las carreteras secundarias, esas que te permiten tomar el pulso de los paisajes, esas que te permiten parar y tomar fotografías. Nos desviamos dirección Ypres. 
 
Grandes bandos de gaviotas sombrías se recogían a dormir. Los ánsares comunes aumentaban la actividad para forrajear en los prados. Estos campos ofrecen un ambiente apropiado para las aves invernantes. Pero no íbamos en modo pajarero. 
 
Volvíamos saboreando cada minuto de luz, sabiendo que se nos iba poco a poco. 
 

Junto a las granjas antiguas ...
 
 
Pero también conservados en aquellas parcelas en las que se habían levantado nuevas viviendas ...
 

resultado de ese concepto de paisaje, como un patrimonio a conservar, que se extiende por este país ...


Aún nos desviamos más. Orlaban las carreteras locales, sujetando taludes junto a los drenajes ...

 
Árboles bien cuidados. Con gestión activa. Con ese concepto de que el patrimonio, aunque sea vegetal, hay que cuidarlo aunque ya nos sea rentable.
 

Seguía el cielo plomizo mientras caía la tarde. Nos despedimos con un gran sabor de boca de estas campiñas flamencas. Y con ideas.