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IRIS LÁZARO Y EL PAISAJE DE TRÉBAGO

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De origen soriano y residente en Zaragoza desde hace cuarenta años, Iris Lázaro (Trébago, 1952) es una pintora, dibujante y grabadora que ha obtenido numerosos premios, el reconocimiento de la crítica especializada y el aprecio popular por su obra. De ella se ha dicho que es "maestra de la pintura figurativa española". 
 
Iris Lázaro en la inauguración de su exposición en la Lonja de Zaragoza. Foto: El Periódico de Aragón
Este otoño puede verse la exposición titulada "Retrospectiva. 1977-2016" en la Lonja de Zaragoza. 
 
Entre su obra destacan los cuadros de vestimentas vacías, los de anuncios y otros elementos del paisaje urbano y, especialmente, los paisajes rurales de Trébago, el lugar en el que nació y creció hasta comenzar sus estudios.
 
Campos, montes, muros, hortales, caminos y ... árboles son reflejados de una forma realista pero impregnada en atmósferas algo difusas y con un predominio de tonos grises que transmiten una cierta tristeza. 
 
Al parecer esta pintora comenzó a dedicarse a estos temas en la última década del siglo pasado, en un momento en el que se estaban produciendo importantes cambios en el paisaje rural de su infancia. Abandono de la actividad humana y, posiblemente, transformación en la actividad agraria.
 
Una mañana de domingo de primeros de noviembre fuimos a visitar la exposición. Un gran éxito de asistencia de público que parecía disfrutar de la pintura.
 
Pusimos nuestra atención en los cuadros dedicados a sus queridas tierras sorianas. Hacía un año que habíamos visitado Trébago y siempre gusta reencontrar lo conocido. Allí estaban ellos. 
 
Junto al camino, recién descabezados, allí asomaban los chopos trasmochos ...
 
 
 Bajo los días grises del invierno soriano ...
 
 
Árboles desmochados, pero sobre todo árboles caídos ...
 
 
 muertos ...
 
 
y bien muertos ...
 
 
... por la pérdida de aprovechamiento, el abandono y el éxodo rural que asola Castilla.
 
Termina la exposición con un retrato de los padres de la pintora en Trébago. En un primer plano, las dos personas ya en edad avanzada, con ropa de domingo y unos rostros que reflejan trabajo. Tras ellos, se levanta un muro de piedras parcialmente caído y que oculta un campo labrado. Al fondo los robledales de la sierra del Madero y, entre medio, los viejos y cuidados chopos cabeceros. Otro de los elementos simbólicos del paisaje.
 
 
Los chopos trasmochos sorianos pasarán a la historia, como los sabimbres trasmochos de Pieter Bruegel, de Emile Claus o los de Peter Adolf Persson.