Cabeceros del Aranda: de nuevo el fuego

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El pasado día 27 de Marzo recorrí buena parte del valle del valle del río Aranda. Mientras circulaba por la carretera A-1503 entre Jarque y Aranda de Moncayo, a pocos kilómetros de este último, me encontré una vez más con un ribazo quemado junto a la carretera, algo que parecía ser más que una quema agrícola, más bien un fuego algo fuera de control resultante de lo anterior.

En la comarca del Aranda pueden encontrarse escasos ejemplares de chopo cabecero. Pues bien, junto a un bancal y un murete de piedras el fuego había devorado un ejemplar de tamaño considerable, uno de los escasos ejemplares que podemos encontrar de chopo trasmocho en esta comarca.

Esta imagen la tenemos ya muy vista en nuestras tierras. Si echamos cuentas de lo que vamos viendo al azar pueden llegar a ser decenas o centenares los que arden anualmente en nuestra vegas (Jiloca, Pancrudo, Alfambra, Huerva, Aguasvivas…)

La quema de ribazos es otro de los grandes problemas que acechan a nuestros viejos árboles. Por lo que vemos, es un problema que traspasa las fronteras de la distribución principal y los grandes núcleos poblacionales de chopo trasmocho. Pero es precisamente aquí donde se hace más patente, año tras año. Hay tantos incendios, tantas bajas... a menudo podemos retratarlos.

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Rambla de Nueros, 14 de abril de 2005

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Río Pancrudo en el término de Cutanda, 6 de abril de 2008

Irremediablemente me viene a la cabeza la imagen de hace unos años volviendo de un día de trabajo por el Maestrazgo. Era el 12 de noviembre de 2007 y cruzando la localidad de Villarroya de los Pinares me percaté de un incendio junto al río. Aparqué el coche y me acerqué a la vega a ver de dónde salía tanto humo. Allí encontré una escena que quedó grabada en mi memoria y en mi cámara fotográfica: la pequeña vega del río Guadalope junto al mismo caso urbano ardía alegremente mientras un anciano atizaba el fuego con un pequeño palo. El suelo cubierto de hojas recién caídas ardía dejando una alfombra negra sin vida, el otoño se consumía y apagaba en un instante.

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Villarroya de los Pinares, atardecer del 12 de noviembre de 2007

Era un señor muy mayor, cerca de los 80 años, quizá más. Recuerdo el brillo de sus ojos, la expresión de asombro y cierto temor cuando le recriminé lo que estaba haciendo, tan educadamente como pude y con buenas palabras. Aquel pobre anciano solo supo encogerse de hombros y decirme que eran viejos, quitándole hierro al asunto... (viejos como usted, pensé, y no por ello le pegamos fuego).

Tenemos tan arraigado el fuego... y son tantos los prejuicios, la sensación de pobreza, de vejez, de atraso... ignoramos el valor de las pequeñas cosas, de nuestra historia, de nuestro patrimonio y de todo aquello que nos ha acompañado durante años. Preferimos todo aquello que huela, sepa o suene a nuevo. Renegamos, muchas veces inconscientemente, de nuestro propio acervo cultural, filtrando selectivamente todo aquello que nos gusta o queremos que nos guste, a nosotros y a las generaciones venideras.

Entendemos que la solución a este gravísimo problema debe ser global, como también globales son los problemas que pueden llegar a ocasionar esta mala práctica agrícola, tan arraigada en nuestros campos y con tan poco sentido.

Stonehenge de Llumes

cementerio01De cuando en cuando podemos encontrarnos con algunos vestigios de lo que debió ser algo mucho más habitual en otros tiempos en la vega del río: chopos cabeceros. El pasado miércoles el trabajo me llevó a las tierras del valle del río Piedra. En todo el valle, desde antes de Cimballa hasta pasado el pueblo 

de Llumes, las choperas de producción han ocupado grandes extensiones que antaño eran campos de cultivo. Pese a la estrechez del valle y el poco caudal del río (en comparación con otros valles donde se da el cultivo del chopo) las choperas se desarrollan muy bien, muy favorecidas seguramente por un suelo rico en arenas, profundo, ligeramente arcilloso.

En una ladera con coordenadas (en Google Earth) 601759, 4553318, a más de 300 metros del río, encontramos un gran cementerio: restos de chopos cabeceros, raíces y toconas de tallares,

restos muy familiares que ya hemos visto en otros lugares del Pancrudo o Alfambra.

Pero sin duda lo que más llama la atención es la llegada a la pequeña pedanía de Casas de la Vega, muy cerca de Llumes. La primera impresión: un Stonehenge, eso sí, de chopos cabeceros. Enormes, formando casi un círculo, con el sol del atardecer y todos ellos muertos. Junto a ellos varias decenas de trasmochos vivos, que constituyen una de las principales masas de chopos cabeceros del río Piedra en la actualidad.

Pollardhenge

Todo apunta a que murieron tras la escamonda… pero ahí han quedado, en forma de grandes monolitos, testigos de lo que un día fue la cultura de los chopos cabeceros en el valle del río Piedra. Nuestro homenaje a los “Pollardhenge” del río Piedra.

Mejora del hábitat del ciervo volante en Calamocha

captur1_redEl pasado 10 de marzo se impartió en la feria CAPTUR de Calamocha una conferencia sobre la biodiversidad y su valor.

Fue impartida por dos licenciados en ciencias ambientales que demostraron el valor y el privilegio de vivir en nuestro municipio, Calamocha, en el cual habitan especies tan importantes como el mayor insecto de Europa, y con especies propias, como el chopo cabecero.
La conferencia habló del estudio llevado a cabo desde el Ayuntamiento de Calamocha sobre el ciervo volante (lucanus cervus) y el chopo cabecero (populus migra), una seña de identidad del sur de Aragón, como fuentes de biodiversidad.
El estudio tiene como objetivos incrementar y recuperar hábitats, para lo cual se está llevando a cabo la escamonda de  259 chopos y un estudio detallado de estos, y se van a instalar también en el municipio y los alrededores pirámides de madera muerta para favorecer a la población de ciervo volante.
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El chopo cabecero es una especie con un gran valor paisajístico y ecológico que se encuentra en peligro de extinción, debido a que ya no se poda o escamonda, y por ello sus ejemplares, de más de 100 años de edad en muchos casos mueren.
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El ciervo volante también es especial, dado que además de ser el mayor insecto de nuestro continente, es un animal casi desconocido, con un ciclo biológico muy raro, porque, pese a que vive hasta 5 años, solo lo hace en forma de insecto durante 15 días y mientras tanto es una larva que se alimenta de madera muerta.
Los investigadores cuentan con la ayuda de un grupo de estudiantes del IES Valle del Jiloca que, desde Junio de 2010, están llevando a cabo un estudio de la población de este insecto en el parque de Calamocha y la ribera del río Jiloca.
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La conferencia, que duró una hora, terminó con una reflexión: las especies son fuente de riqueza y es nuestro deber cuidarlas y disfrutar de ellas, como ver los insectos mientras paseamos o admirar viajando las estructuras de los chopos cabeceros.
Pero sobretodo, tenemos que valorar las especies y los espacios naturales, dado que cada vez quedan menos y nosotros tenemos algunos cerca: somos privilegiados por ello.

Marta Blasco (4º E.S.O.)