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Incendio en el Moncayo

pequeAunque tiene su núcleo de mayor densidad en los valles y altiplanos turolenses el chopo cabecero se extiende a lo largo de toda la cordillera Ibérica. Incluso en la sierra del Moncayo.

Aquí las masas de chopos cabeceros se distribuyen dispersas siempre cerca de los huertos, hoy abandonados en su mayoría, de aquellos pueblos del entorno del Moncayo con términos municipales
de escasa extensión. Por el contrario, los álamos negros trasmochos son poco comunes en aquellas otras localidades con gran superficie de monte. Este hecho sugiere que el manejo del chopo negro mediante escamonda es una adaptación de la cultura campesina desarrollada durante épocas en las que la deforestación y el crecimiento demográfico obligaban a optimizar los escasos recursos madereros, especialmente para proveer madera de obra.

Mapa_Talamantes2

Aquí y allá, abandonados a su suerte, como tantos otros elementos de la vida rural tradicional, los chopos cabeceros crecen en ribazos próximos a los numerosos arroyos (“huechas”) que descienden por la sierra. Algunos como pueblos como Litago conservan buenas –y cuidadas- masas. En otros, como Añón, Talamantes o Lituénigo, su presencia es más dispersa y están más abandonadas.

A finales de agosto de 2012 un incendio forestal se propagó por la vertiente sur y quemó a cerca de 3.000 hectáreas de monte, fundamentalmente matorral. Algunos cultivos y arboledas próximas también se vieron afectadas, como muestran las imágenes que nos ha aportado nuestro amigo Enrique Arrechea.

Bco._Valdeherrera1red

Corresponden a un grupo de chopos cabeceros del barranco de Valdeherrera, próximo a la localidad de Talamantes.

Como puede apreciarse, el desarrollo de zarzas en el sotobosque de los chopos cabeceros favorece su propagación a los árboles que se ven gravemente dañados al tratarse de una especia con escasas adaptaciones ante el fuego. Si además los árboles son viejos y tienen agujeros en el tronco, acaban ardiendo irremediablemente.

Bco._Valdeherrera_2red

El incendio forestal del Moncayo se cobró múltiples valores naturales a su paso. Entre ellos, estos viejos trasmochos, un patrimonio cultural único y amenazado.