EN_ARBORAR!

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En el marco de la celebración del Año Internacional de los Bosques el pasado 2011, la Diputación de Valencia, a través de IMELSA y de su Área de Cultura, ha organizado la exposición EN_ARBORAR! Arbres monumentals i paisatges arbrats de la província de Valéncia. Fue inaugurada en el Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat el 15 de diciembre pasado y permanecerá abierta hasta el 1 de abril de 2012.

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Recordando a Tapies

Falleció Antoni Tàpies i Puig, que había nacido en 1923.

Siempre me ha sorprendido la obra de este pintor, escultor y activista. Ha sido uno de los principales artistas españoles, exponente del “informalismo” y la “pintura matérica”.

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Tuvo una vida muy curiosa, fue de formación autodidacta y creó un estilo vanguardista propio, mezclando el pasado y el futuro, la tradición y la innovación dentro de un estilo abstracto, lleno de símbolos y de fuerza. Su obra comunica, dice cosas. Tapies daba mucha importancia al sustrato material de la obra. “Cabe destacar el marcado sentido espiritual dado por el artista a su obra, donde el soporte material trasciende su estado para significar un profundo análisis de la condición humana” (Wikipedia).

Tàpies utilizaba una nueva forma de expresión, ya que usaba para sus obras materiales que no están considerados como artísticos, sino más bien de reciclaje o de desecho, como pueden ser cuerdas, maderas, papel, tierras, polvo de mármol, arena, ropa, paja… mezclados con los materiales clásicos de pintura. Comenzó con ello en los años 50 y continuó hasta su muerte. Fue un precursor del graffiti, ya que decoraba paredes, muros e incluso sus grandes cuadros eran como fragmentos de esas mismas paredes, lienzos donde comunicaba y expresaba sus pensamientos, sus sentimientos, sus deseos… como él decía:

“El muro es una imagen que encontré un poco por sorpresa. Fue después de unas sesiones de pintura en las que me peleaba tanto con el material plástico que utilizaba y lo llenaba de tal cantidad de arañazos que, de pronto, el cuadro cambió, dio un salto cualitativo, y se transformó en una superficie quieta y tranquila. Me encontré con que había pintado una pared, un muro, lo cual se relacionaba a la vez con mi nombre”.

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En sus pinturas hay muchos signos como bucles, rayas, cruces, lunas, letras, números, figuras geométricas, asteriscos, son como símbolos o iconos que para él tienen una significación alegórica relativa al mundo interior del artista, evocando temas tan trascendentales como la vida y la muerte, o como la soledad, la incomunicación o la sexualidad. “Pienso que una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida”. Otro rasgo distintivo en Tàpies era la austeridad cromática, generalmente se movía en gamas de colores austeros, fríos, terrosos, como el ocremarróngrisbeige onegro. El artista nos da su propia explicación:

“Si he llegado a hacer cuadros sólo con gris, es en parte por la reacción que tuve frente al colorismo que caracterizaba el arte de la generación anterior a la mía, una pintura en la que se utilizaban mucho los colores primarios. El hecho de estar rodeado continuamente por el impacto de la publicidad y las señalizaciones características de nuestra sociedad también me llevó a buscar un color más interiorizado, lo que podría definirse como la penumbra, la luz de los sueños y de nuestro mundo interior. El color marrón se relaciona con una filosofía muy ligada al franciscanismo, con el hábito de los frailes franciscanos. Hay una tendencia a buscar lo que dicen los colores alegres: el rojo, el amarillo; pero en cambio para mí, los colores grises y marrones son más interiores, están más relacionados con el mundo filosófico”.

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Tàpies definía su técnica como “mixta”: pintaba sobre tela, en formatos medios, en posición horizontal, disponiendo una capa homogénea de pintura monocromática, sobre la que aplicaba la ”mixtura”, mezcla de polvo de mármol triturado, aglutinante, pigmento y óleo, aplicado con espátula o con sus propias manos. Cuando estaba casi seco hacía un grattage con tela de saco, aplicada sobre la superficie, y cuando estaba adherida la arrancaba, creando una estructura de relieve, con zonas rasgadas, arañadas o incluso horadadas, que contrastan con los cúmulos y densidades matéricas de otras zonas del cuadro. A continuación, hacía un nuevo grattage con diversos útiles (punzón, cuchillo, tijeras, pincel). Por último, añadía signos (cruces, lunas, asteriscos, letras, números, etc.), en composiciones que recuerdan el grafiti, así como manchas, aplicadas goteando o salpicando el cuadro.

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No añadía elementos de fijación, por lo que las obras se degradaban rápidamente –la mixtura es bastante efímera–; sin embargo, Tàpies defendía la descomposición, como pérdida de la idea de la eternidad del arte, le gustaba que sus obras reflejasen la sensación del paso del tiempo, incluso dejaba sus propias huellas en la obra, con incisiones que para él eran un reflejo de la naturaleza.

Y aquí enlazo con el motivo de esta colaboración: cuando murió el pasado 6 de febrero, las noticias recogían algunas de sus obras y una de ellas, ésta que se reproduce, me recordó un fragmento del cartel de la III Fiesta del Chopo Cabecero celebrada en Valdeconejos el 5 de noviembre.

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Me dice Chabier que todos los chopos cabeceros de nuestras riberas tienen dueño con nombre y apellidos y que algunos, para remarcar su sentido de propiedad (lindes confusos, herencios, etc.), los señalan con pintura o marcas sobre la madera. El de la señal amarilla que fue la referencia que a mí me vino cuando vi los cuadros de Tapies corresponde a Jorcas, es una especie de “ele” amarilla. Me imagino al señor de Jorcas ¿Luis, Laureano, Leandro, Leoncio…? dejando su huella al igual que Tapies reflejaba sus letras, A y T, las de su nombre y su mujer, Teresa o la X como misterio, incógnita, o como forma de tachar algo.

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También los colores que utilizaba son los de nuestros bosques de chopos cabeceros en otoño y esas texturas que creaba podrían ser las de las cortezas de los viejos trasmochos que nos saludan desde su senectud.

Una vez más, la naturaleza y el arte se dan la mano…

Pilar Sarto