Valor paisajístico y cultural

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postal (3)Las arboledas de chopos cabeceros tienen un gran papel en la construcción del paisaje pues rompen la monotonía del panorama agrario en las altos páramos turolenses mientras configuran auténticos corredores ecológicos entre las montañas y las tierras bajas a través de los valles. Son los últimos restos de vegetación ribereña y, en muchos casos, los únicos árboles en muchos kilómetros cuadrados. Es el suyo, así mismo, un paisaje de acusada estacionalidad con episodios de intensa belleza que coinciden con el verdor primaveral y, especialmente, la explosión dorada otoñal. Estas formaciones de viejos chopos trasmochos constituyen la arquitectura vegetal de un paisaje de origen antrópico que tiene una identidad propia y que caracteriza a un territorio.

El número de chopos cabeceros existentes no es conocido aunque se considera de gran magnitud, pudiendo llegar a los cien mil. Un estudio realizado durante 2003 en la pequeña cuenca del río Pancrudo (468 km2 de superficie y 194 Km. lineales de riberas) dio un censo de 23.015 ejemplares, de los que 5.520 (23,9%) son monumentales, es decir, árboles de gran cabeza y con troncos de más de 150 cm. de diámetro. Este patrimonio vivo es algo único en Europa. Estos paisajes tradicionales, fruto de la interacción entre la naturaleza y la cultura, están hoy tan amenazados por los profundos cambios en el medio rural que deberían ser incluidos en la lista roja publicada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Este aprovechamiento agroforestal es también un patrimonio etnobotánico. Su empleo como vigas en la construcción o como combustible, la extracción de su forraje o el difícil arte de trabajar con el hacha sobre el árbol, son muestras de la sabiduría popular ancestral.