De Bruselas a Brujas en tren. Los árboles trasmochos en Bélgica

Hace unas semanas acompañé a un equipo de estudiantes de bachillerato del IES Valle del Jiloca de Calamocha a Exp’Osons 2012, veterana feria de proyectos científicos realizados por alumnos de los centros de enseñanza de la región de Walonia y que organiza en la región de Namur (Bélgica) la asociación Ose la Science.

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En concreto presentaron en formato poster los resultados y conclusiones de la investigación que sobre la biología del ciervo volante en la ribera del Jiloca en Calamocha han realizado durante los últimos años y de la que ya hemos dado noticia en este blog. Formaban parte de la representación del Instituto de Ciencia e Investigación Juvenil de Aragón y acompañaron a otros equipos de estudiantes procedentes de Eslovaquia y de Marruecos que también participaron en Exp’Osons 2012.

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Como es habitual en los congresos se preparó un programa de actividades complementarias. Para las delegaciones extranjeras invitadas se organizaron varias excursiones. En una de ellas viajamos en tren para visitar Brujas (Bruges), ciudad histórica de la región flamenca de Bélgica. Durante el viaje, una vez se pasa Bruselas, el tren se introdujo en una extensa llanura en la que predominaban prados y cultivos, que estaba salpicada por numerosos pueblecillos y atravesada por carreteras, canales y vías férreas, que no termina hasta el mismo mar del Norte en Blankenberge, después de pasar por Gante (Ghent) y Brujas. Es el característico paisaje de Flanders.

Durante el viaje pudimos ver numerosos árboles trasmochos. En su mayoría eran sauces, aunque también vimos algún chopo y fresno cabecero. Todos ellos estaban produciendo sus primeras hojas.

Os ofrecemos algunas imágenes de aquellos paisajes. Son fotos de baja calidad, realizadas desde un tren en marcha a gran velocidad y a través del cristal de la ventana del vagón. Y algunas, en plena lluvia.

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Muchas veces son árboles aislados ….

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… pero habitualmente se hallaban formando alineaciones ….

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En su mayoría se encuentran en el límite entre parcelas….

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… y en algunas zonas llegaban a formar conjuntos …

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… muy armoniosos…..

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…. en los que no faltaban las características vacas.

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Predominaban los árboles con ramas jóvenes, de no más de diez años …

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y eran comunes los escamondados durante el pasado invierno ….

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Incluso se veían nuevos sauces plantados y con la primera poda de formación realizada con el objeto de hacerlos trasmochos.

Un paisaje, muy diferente al de los valles abiertos de las tierras altas turolenses pero próximos por la presencia compartida de los árboles trasmochos, un denominador común de la cultura rural de amplias regiones de Europa.

Paises Bajos y árboles trasmochos

Location_Netherlands_EU_EuropeEl verano y las vacaciones es una buena época para descubrir nuevos paisajes, a menudo lejanos, pero que también nos recuerdan, aunque sea en cierto modo, los cercanos paisajes del Jiloca y de muchas otras zonas que nos rodean de la provincia de Teruel.

Esta vez nos adentramos en el paisaje Holandés. El Reino de los Países Bajos (Koninkrijk der Nederlanden) es una federación establecida en 1954, que actualmente está formada por tres países o territorios: los Países Bajos (Nederland), las Antillas Neerlandesas (Nederlandse Antillen) y Aruba.

Los Países Bajos están situados en el noroeste de Europa y limitan al norte y oeste con el mar del Norte, al sur con Bélgica y al este con Alemania. El país constituye una de las zonas más densamente pobladas del mundo y es uno de los estados más desarrollados.

 

De la urbe cosmopolita de Ámsterdam, con sus canales, bicicletas y su ritmo de vida frenético, pasando por La Haya, Rotterdam o Utrecht. Visitando Delft, Gouda, los pequeños y encantadores Marken y Volendam, o el precioso y pintoresco paisaje de molinos de Kinderdijk. De la ciudad al campo en un traqueteo de ferrocarril, o a golpe de pedal de bicicleta. Holanda es belleza y también es naturaleza. Naturaleza que ha quedado entre enormes extensiones agrícolas y entre grandes ciudades, pero muy accesible y con una identidad muy marcada.
 
Si algo llama la atención de todo este territorio, aparte de la cantidad de gente que lo puebla, es la inmensa llanura que lo engloba. No hay montañas, apenas hay desniveles naturales y el agua lo inunda prácticamente todo: una buena parte del país se encuentra a nivel del mar, e incluso por debajo de éste.

 

 

Amplios canales navegados por largos barcos desaguan al mar otros muchos que vienen drenando inmensos campos de cultivo. Los pastos ocupan prácticamente toda la superficie agrícola, conviviendo en algunas zonas con el trigo y otros cultivos. En estos pastos encontramos multitud de frisonas pastando libremente, también rollizas ovejas, de aspecto lanoso parecido a las que conocemos.



En los canales y drenes paralelos y perpendiculares (prácticamente entre cada propiedad) crían las pollas de agua, fochas, cisnes... y la garza real, mucho más abundante y permisiva con el visitante que en nuestra comarca. En los humedales naturales repartidos por doquier abundan otras muchas especies: barnaclas, ánsares, cormoranes, multitud de gaviotas...

 

 




El espacio para los bosques es reducido, a menudo formando pequeñas manchas a modo de mosaico con especies típicamente ribereñas: sauces, fresnos, chopos, alisos... con otras especies como abedules, robles, servales, arces...

 

Son evidentes las diferencias con nuestros paisajes, pero analizando las zonas con detenimiento podemos encontrar entre la enorme llanura siluetas que nos resultan familiares: árboles trasmochos. En Holanda podemos encontrarlos repartidos de forma dispersa en las zonas agrícolas entre los corredores de Ámsterdam - La Haya - Rotterdam - Utrecht, aunque son más numerosos en las zonas rurales cercanas a esta última ciudad. Son, en su inmensa mayoría, sauces trasmochos con ramas o varillas de no más de 2 años de edad. Tampoco parecen árboles muy viejos, pero si que destacan entre la inmensidad de los pastos, junto a los canales, o formando barreras naturales en granjas y caseríos. También debían de ser bastante abundantes en la zona de Kinderdijk, conformando un paisaje característico y único de "Mills and pollard willows" (molinos y sauces trasmochos). Los molinos de esta zona están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO).

Típicas estampas de la campiña holandesa

Estampa típica invernal de Kinderdijk.

 

Sauces trasmochos o "pollard willows". Óleo colgado en una de las paredes del molino visitable.




Los árboles trasmochos son una realidad en europa, pero muy posiblemente la ibérica turolense albergue la mayor concentración de todos ellos del continente. Y quien sabe, quizá del mundo. Están ahí, solo falta valorarlos, darlos a conocer y protegerlos. En definitiva, gestionar este paisaje único que tenemos tan cerca y que poco a poco va desapareciendo.

Por la Sierra del Rincón

En el sector oriental del Sistema Central, entre Somosierra y la Sierra de Ayllón, un conjunto de montañas sep royectan hacia el sur conformando la Sierra del Rincón, también conocida como Sierra Pobre y, que junto con al Alto Lozoya constituyen la conocida Sierra Norte. Está situada en el nororiental de la Comunidad de Madrid, en la zona que limita con Castilla y León (Segovia) y Castilla-la Mancha (Guadalajara).

 

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Hace dos semanas dedicamos un par de días a conocerla de la mano de Ángel Quirós que, además de biólogo, es un agente de protección de la naturaleza y experto conocedor de este espacio natural.

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Es un territorio abrupto, dotado con profundos relieves que conectan las cimas (Coto de Montejo, 2045 m.) con los fondos de valle (embalse de El Atazar, 880 m.) aunque en su conjunto predominan los territorios que se encuentran por encima de los mil metros de altitud.

Afloran unas rocas metamórficas de origen paleozoico (Silúrico) que se organizan en el espacio según un gradiente de intensidad, desde los batolitos graníticos de Somosierra y El Berrocal hasta las pizarras que conectan con Ayllón, espléndidamente representadas en el valle de la Puebla, un paisaje espectacular.

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Gneises, esquistos, pizarras y cuarcitas son los componentes de las montañas. Forman relieves de tipo cresta de gran singularidad como le ocurren a los esquistos del puerto de la Hiruela.

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Su erosión ha originado unos mantos de rañas, formaciones sedimentarias compuestas por clastos cuarcíticos empastados por una matriz arcillosa procedente de antiguos abanicos aluviales. 

Estos materiales, tras la orogenia Hercínica quedaron fracturadas en una líneas de debilidad que se reactivaron en la orogenia Alpina y por las que los ríos han abierto los valles principales, el del Lozoya que nace al pie de la vecina Peñalara (2.430 m.) y el del Jarama, que lo hace en la cima de Somosierra (Coto de Montejo).

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El clima es mediterráneo de montaña con tendencia a la continentalidad. Las temperaturas medias anuales oscilan entre los 9 y los 12 ºC, mientras que las precipitaciones medias se sitúan sobre los 700 mm, con un notable reparto entre las estaciones y una sequedad estival aliviada por las tormentas, como pudimos experimentar.

Las aguas son recogidas por una serie de arroyos hacia los ríos Jarama y Lozoya, perteneciendo todo el conjunto a la cuenca hidrológica del Tajo. El Lozoya soporta, dentro y fuera de la sierra, un conjunto de embalses destinados al abastecimiento del área metropolitana de Madrid. Este es, y no otra la prioridad a la hora de organizar el aprovechamiento de los recursos naturales y el desarrollo socioeconómico de este territorio. Proveer de agua a la gran ciudad.

El paisaje vegetal es el resultado de un largo aprovechamiento humano del monte por el ser humano. La agricultura, la ganadería y el bosque cimentaron la economía de la sociedad serrana. Una economía basada en el uso de los recursos naturales en un marco ambiental difícil. Una economía, pobre como recuerda el nombre de la Sierra, que se desmoronó con la emigración asociada al desarrollo de la gigantesca área metropolitana de Madrid y que se aceleró con la construcción de los cinco embalses del Lozoya (Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y, especialmente con el más extenso, el de El Atazar) que ocuparon las pocas tierras fértiles dedicadas a la agricultura e impusieron las plantaciones de pinos (albar, negral y rodeno) en los montes ocupando buena parte de los mejores pastos.

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La agricultura debía extenderse en las laderas de los montes con algo de suelo mediante la construcción de bancales. Cereal (centeno), forrajeras (algarrobas) y plantas textiles (lino) eran los principales cultivos. Hoy tan solo se intuyen las paredes de las terrazas entre los arbustos y prados que hace años colonizaron estas tierras. En las cercanías de los pueblos, irrigados mediante regueras que recogían las aguas desde los arroyos de montaña, pequeños pueblos aún conservan con orgullo la producción de fruta y hortalizas, aunque también muchos hortales están abandonándose.

Muestra de ello son los frutales monumentales que salpican la sierra como el peral de La Hiruela ….

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… o el cerezo de la Puebla, apuntalado para impedir su caída ….

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Pero la ganadería era el motor económico. Las razas autóctonas de oveja (Rubia del Molar) y de cabra (de Guadarrama) aprovechaban los extenso pastos de estos montes dejando como testimonio un paisaje deforestado y salpicado de tinadas, pequeños corrales de altos muros construidos para guardar los ganados ….

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muchas veces concentrados el salientes rocosos para integrar el peñasco en la construcción pecuaria …..

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Hoy la ganadería tradicional está muy venidas a menos, aunque hay proyectos en marcha nuevos pobladores para su recuperación. En cambio, es más común encontrar ganado vacuno en régimen extensivo dentro de fincas cercadas con pastor eléctrico o alambre espino.

El bosque fue el otro soporte económico tradicional. En cierto momento, el consumo de carbón vegetal para las calefacciones y cocinas de los hogares madrileños activó su producción a partir de los tallares de roble marojo (Quercus pyrenaica) que se reservaba cada aldea. En La Hiruela se ha recreado una carbonera junto a la dehesa ….

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El paisaje vegetal actual es el resultado del manejo tradicional humano del territorio, las intensas repoblaciones de pino iniciadas a finales de la década de 1950 y de los procesos de sucesión ecológica puestos en marcha tras el tremendo éxodo rural que ocurrió simultáneamente.

En las zonas altas, los antiguos centenales están poblados por piornales y otros matorrales silicícolas de montaña, pero mayormente sirvieron para implantar cultivos de coníferas con finalidad de regulación hidrológica (frenar la colmatación de los pantanos) y de producción de madera. Estas plantaciones se extendieron, además en los pastos y cultivos de zonas más bajas (área potencial del marojo) y son actualmente las formaciones forestales más representativas. Sería deseable una gestión que forestal propiciara la recuperación de la vegetación potencial.

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Aún así, los robledales aún muestran parte de su antiguo esplendor …..

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siendo mayoritariamente de roble marojo (o melojo) …

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… en menor medida de roble albar (Quercus petraea).

Corresponde a los tallares de monte bajo que eran dedicados para producir leña y carbón ….

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…. y a las dehesas donde pacía el ganado de labor gestionadas mediante escamondas para proveer de forraje (hoja) invernal y de leña para los hogares serranos.

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Este modelo tradicional de gestión forestal, que pudimos conocer en las dehesas de La Hiruela y en La Puebla de la Sierra, ha permitido la creación de un conjunto de árboles trasmochos de extraordinario valor cultural, paisajístico y ecológico.

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Son árboles robustos y vigorosos …..

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conformados por un grueso tronco del que surgen numerosas ramas …

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… en ocasiones todas ellas a una misma altura ….

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… y en otras con ramas de nacen a diferentes alturas del tronco al ir dejando en el centro alguna rama a modo de prolongación de aquel …

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En esta imagen puede verse que la falta de pastoreo está favoreciendo el desarrollo de un matorral de estepa o jara negra (Cistus laurifolius) que tan bien conocemos en los montes silíceos del Jiloca y Campo de Daroca.

Era habitual la poda dejando una rama horizontal o de escasa inclinación (horca) y otra más o menos vertical (pendón) para mantener una zona del árbol con actividad fotosintetizadora que proveyera de nutrientes orgánicos a las raíces y que ya vimos en las hayas de Bértiz (Navarra) y de Aiako Harria (Guipúzcoa).

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En nuestro paseo un reclamo inusual nos advirtió de la presencia de un jovenzano de pico menor, una aves forestal característica de estos montes y que nos causó una grata sorpresa.

Ejemplar joven de pico menor (Dendrocopos minor). Foto: Consejería de Turismo de Castilla –La Mancha.

Para nuestra alegría hemos comprobado que aún se mantiene la gestión en algunas zonas realizándose podas para producir leña …..

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y por el deseo de prolongar la vida de estos árboles ….

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La escamonda se realizaba también sobre otras especies de árboles planifolios como el fresno común….

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el abedul …..

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el aliso ….

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o el arce moscón ….

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e incluso en las viejas hayas de Montejo de la Sierra, la joya de la corona para el público madrileño por tratarse de una especie emblemática y por ser uno de los hayedos más meridionales, se aprecian huellas de escamondas…..

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o en alguno de los acebos ….

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El interés cultural y el valor ambiental de los árboles trasmochos de la sierra del Rincón es impresionante.

Este patrimonio, pensamos que no está suficientemente reconocido entre los gestores, al menos por lo visto en los paneles informativos, en los folletos, en la página de este espacio o en el centro de interpretación de Montejo. Estas dehesas son museos etnobotánicos al aire libre, de docenas y docenas de hectáreas, pero unos museos que reúnen el saber popular de la difícil gestión sostenible de los recursos y que además construyen unos paisajes únicos.

Para aquellos que no terminan de comprender el valor ecológico de estos árboles, solo un dato. Un estudio sobre los coleópteros que viven de/en la madera muerta  en el hayedo de Montejo de la Sierra realizado por investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos dio una estimación de cerca de trescientas especies. Un número superior al de aves nidificantes en la península Ibérica. Los árboles trasmochos ofrecen estructuras propicias para los organismos propios de los bosques maduros, tan escasos en la actualidad, además de abundante madera muerta para su descomposición.

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Se están preparando unas jornadas para dar a conocer y para fomentar el manejo tradicional y el aprovechamiento de los árboles trasmochos en esta sierra y que tendrán lugar el próximo otoño. Os mantendremos informados pues merece la pena conocer la sierra y sus espléndidos árboles.

Los valores naturales y culturales de la sierra del Rincón la han hecho merecedora de ser declarada en 2005 “Reserva de la Biosfera”. En esta interesante página se puede encontrar mucha información.

Al dejar la sierra por el valle de la Puebla pudimos ver los montes oscuros poblados por estepares (jarales) ….

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jara pringosa (Cistus ladanifer) …

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.. que con la compañía de la mejorana (Thymus mastichina) y del cantueso (Lavandula pedunculata) y en plena canícula del mediodía creaban una atmósfera saturada de esencias.

El espectacular anticlinal (en cuyas repisas se ha instalado una colonia reproductora de buitre leonado) y que ha sido abierto por la erosión fluvial y el bosque de galería de sargatillos (sargas negras) …..

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….junto a la imagen de golondrina daúrica, que junto a otros dos hirundínidos (avión roquero y avión común) sobrevolaban nuestras cabezas y que nos dejó el sabor mediterráneo de estos ásperos y bellos montes. Poco después, la dejamos al llegar a Robledillo de la Jara, donde las recién creadas urbanizaciones nos recordaron el modelo de ordenación territorial y de desarrollo programado por la administración regional para esta tierra.