Hatfield Forest

Visito con Jill Butler y Ted Green este espacio natural situado en Bishop’s Stortford (East Anglia), muy cerca del aeropuerto de Stansted y al nordeste de Londres.

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Se trata de un antiguo lugar de caza de los reyes ingleses, desde hace 70 años es propiedad y está bajo la gestión de National Trust. Tiene una extensión de 424 Has, de las que la mitad corresponde a bosque y la otra mitad a prados arbolados, estando ambos ambientes ampliamente compartimentado.

El concepto de bosque se aplicaba en Inglaterra durante el medievo a los territorios que los reyes se reservaban para su aprovechamiento particular, especialmente cinegético, y como muestra de su estatus social. Habitualmente eran espacios cerrados y en ellos se aplicaban unas leyes propias que regulaban los usos.

Representación de un parque inglés de caza (siglo XV)

En Essex (una de las zonas de East Anglia) el rey disponía de cinco bosques. Uno de ellos era el de Hatfield.

El mayor reconocimiento de este espacio natural proviene precisamente de ofrecer un paisaje histórico ya que en él no se han producido cambios importantes en su gestión a lo largo de los últimos mil años.

Hatfield Forest. Foto: National Trust

Los robles, carpes y fresnos, aislados o en bosquetes, y los prados de su entorno tienen el aspecto de viejos gigantes desgastados por el tiempo (algunos con 1.300 años de antigüedad) y se saben secretos testigos de múltiples historias y leyendas. Los ingleses aman profundamente el valor cultural de la Naturaleza.

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Hatfield Forest es un lugar de especial interés científico y una reserva natural por el interés de su flora y fauna.

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El bosque es mayormente un antiguo tallar (monte bajo) de especies de árboles caducifolios (robles pedunculado, haya, fresnos común, olmo, carpe y arce campestre) secularmente aprovechados para proporcionar madera y leña.

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Las zonas abiertas están formadas por praderas arboladas en las que abundan plantas propias de los ambientes abiertos, suelos frescos y ambientes húmedos. Están mantenidas por el ganado (vacas y ovejas) y los herbívoros salvajes (cérvidos y conejos). Es reconocida la comunidad de mariposas y libélulas. Entre los prados abundan los viejos árboles trasmochos, el motivo de nuestro interés, donde viven numerosas especies de escarabajos que se alimentan de la madera muerta (saproxílicos) y de aves forestales. Son abundantes los ciervos, los gamos y los corzos. Además, recientemente se introdujo el ciervo Muntjac.

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Al recorrer los prados arbolados destacan los enormes robles (Quercus robur), característicos por su amplia y redondeada copa. En buena parte son trasmochos que perdieron el turno de poda hace más de cien años, cuando el empleo generalizado del carbón redujo la necesidad de leña. Hace 25 años muchos de ellos fueron escamondados de nuevo ya que empezaban a colapsarse por las dimensiones de su ramaje. Como las cortas se hicieron muy próximas al tronco, en general no respondieron bien. Así, se encontraban abundantes los ejemplares muertos repartidos por la campiña. Estos troncos muertos eran conservados como hábitat para los insectos saproxílicos.

Sin embargo, en la zona que recorrimos eran más abundantes los carpes (Carpinus betulus).

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Estos árboles antaño eran muy valorados y reconocidos por proporcionar leña para las panaderías de Londres, pues su madera tiene un alto poder calórico. También fueron escamondados respondiendo, por lo común, algo mejor que los robles aunque era muy habitual encontrar ejemplares que solo habían rebrotado desde una parte del tronco, quedando desfiguardos y muriendo el resto del mismo. Algunos árboles habían mantenido dos zonas del mismo a modo de columnas, existiendo la curiosa creencia tradicional de que si pasas entre ellas se cumple un deseo.

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Además, aunque menos frecuentes, podía encontrarse algunos fresnos trasmochos.

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En conjunto hay inventariados 800 árboles trasmochos veteranos en Hatfield Forest siendo una de las mayores concentraciones de Essex. Son, sin duda, uno de los principales valores ambientales de este espacio natural.

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Las vacas y otros herbívoros gustan de descansar bajo los viejos árboles. Esto puede ocasionar un exceso de nitrificación y, sobre todo, de compactación del terreno por pisoteo. Para evitarlo, se acumulan ramas muertas bajo la copa y se fomenta la recuperación de los zarzales y otros arbustos (el espino albar es muy común) en el entorno del tronco.

Los gestores están preocupados por la falta de continuidad en el hábitat de la fauna que depende de los viejos árboles, especialmente de los escarabajos saproxílicos. Para ello, se realizan plantaciones de jóvenes árboles entre los prados debiendo protegerlos del diente de las vacas y de otros herbívoros con pequeñas empalizadas. Aunque esto no es eficaz frente al diente de la ardilla gris, mamífero introducido y que está ocasionando graves trastornos ambientales.

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National Trust tiene en Hatfield Forest unos cinco empelados. El acceso es libre, pero el estacionamiento cuesta 5 libras si no estás asociado (gratis para los socios). Se fomenta especialmente el uso recreativo del espacio natural proponiéndose el recorrido por lugares, paseos en barca por el lago o en bicicleta por los senderos y, sobre todo, actividades para las familias con niños.

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Fue el primer contacto con el medio natural en Inglaterra en este viaje. El modelo de gestión me resulta muy difícil de comprender por las profundas diferencias que tiene con el aplicado en España. El manejo del patrimonio por organizaciones conservacionistas es allí muy importante. En este caso, es National Trust. Esta veterana entidad, con 3.700.000 socios y 65.000 voluntarios, gestiona monumentos (palacios, castillos, casas históricas, jardines, molinos, etc.), espacios naturales como bosques, islas, acantilados, granjas, etc. (en 1.100 Km. de costa y 250.000 hectáreas). La inglesa es una sociedad que ha disfrutado de una antigua prosperidad, que tiene un alto aprecio de su patrimonio y que muestra un gran compromiso por su conservación que se traduce en la aportación económica de millones de ciudadanos.

¿Os imagináis 1.100 Km. de costa en España en manos de ONGs ambientalistas?

Trees beyond the wood (árboles fuera del bosque)

Trees Beyond the Wood ha sido el título de una conferencia celebrada en la ciudad de Sheffield (Inglaterra) hace unos días que fue organizada por el Grupo de Investigación sobre la Historia del Paisaje y la Biodiversidad, el Grupo de Investigación de la Biodiversidad del Sur de Yorkshire y la Universidad Sheffield Hallam.

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En realidad este evento forma parte de una serie de congresos organizados desde hace veinte años que se centran en el estudio de los cambios históricos en el paisaje. En ellos convergen especialistas de ecología, biodiversidad, arqueología, silvicultura y conservación de la Naturaleza procedentes en su mayoría de Gran Bretaña pero también de otros países europeos como Alemania, Italia, Polonia, Turquía o Hungría.

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Los asistentes provinieron fundamentalmente del mundo académico, pero también de las organizaciones no gubernamentales, de las autoridades locales, de los gestores de la Naturaleza, de la empresa privada y del sector del voluntariado.

El centro del debate es el modelo del paisaje en el pasado, sus cambios de origen natural y antrópico, como una vía para proponer modelos de gestión para el futuro. En los últimos años está tomando mucha fuerza la idea de que el paisaje vegetal primigenio en Europa no era un bosque continuo salpicado por escasos y localizados claros. Se considera que el papel de los grandes herbívoros (uros, caballos salvajes, bisontes, cérvidos, etc.) fue mucho más importante en su manejo y mantenimiento lo que permitía mantener praderas más o menos extensas salpicadas de arbolado. Vamos, un modelo más próximo a la dehesa o la sabana que al bosque cerrado.

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Además de las diez ponencias expuestas fueron presentadas una veintena más de comunicaciones orales y una treintena de posters sobre árboles, paisaje, vida silvestre, gestión, historia, etnobotánica y arboricultura de catorce países. Y ahí estuvimos nosotros con estudios sobre los chopos cabeceros y la biodiversidad asociada realizados en Aragón desde el IES Valle de Jiloca de Calamocha y el Centro de Estudios del Jiloca.

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Paisaje en Aguilar del Alfambra. Foto: Chusé Lois Hernando

En un congreso en el que predominaban las investigaciones sobre hayas, robles, tilos, abedules y otras especies propias del ámbito geográfico atlántico, centroeuropeo o nórdico, los estudios sobre la región mediterráneo eran escasos. Sorprendió todavía más, el manejo tradicional de una especie caducifolia como el álamo negro en un entorno seco, sino árido, como es buena parte de la cordillera Ibérica. En la conferencia The Black Poplar pollard in the South of Aragon se expusieron los rasgos básicos de los chopos cabeceros (gestión, aprovechamiento, distribución geográfica, ecología, paisaje y conservación), las propuestas de futuro y las diversas iniciativas que se están llevando a cabo en los últimos años. Se comprendió la singularidad de estas arboledas, algo sin igual en los paisajes europeos.

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Foto: Rob Mc Bride

Se terminó solicitando a los congresistas el apoyo al Manifiesto para la Conservación del Chopo Cabecero lo que no fue difícil con la ayuda del carismático Ted Green: ¡sesenta y cinco firmas en media hora!

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Por otra parte fue expuesto el poster The Stag Beetle (Lucanus cervus) in the riparian forest of Calamocha (Aragon-Spain) con los resultados del seguimiento de la población de ciervo volante en la ribera del Jiloca que desde hace tres años viene realizando un equipo de estudiantes del Instituto de Calamocha.

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Los posters se agrupaban por temas, por ello proporcionaba una enorme alegría ver colgado el trabajo de nuestros chavales junto al de investigadores de la Universidad de Oslo (Noruega) o del parque natural de Epping Forest (Inglaterra).

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Se completó el congreso con una visita a Chatsworth Park. Es un paraje de suaves colinas con prados arbolados, pequeños robledales, landas con helechos y brezales surcados por arroyos y muros de piedra y salpicado de antiguas granjas que reflejan el paisaje histórico de las Midlands.

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Fue una ocasión dar a conocer entre la comunidad internacional el patrimonio cultural y el valor ambiental de los chopos cabeceros. También me permitió aprender cómo enfocan la conservación y el estudio de los árboles viejos, la vida silvestre y el paisaje rural. Y, por último, me hizo ver el enorme reconocimiento y prestigio que gozan nuestros amigos Jill Butler y Ted Green.