Aguilar y el Alto Alfambra. Medio y paisaje ante el desembarco de WBB

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Heraldo de Aragón, Frontera Azul, 4/05/2009

IM003005Al poco de un nacimiento abrupto en un paisaje de peñas, pozas y pinares, el río Alfambra —o Blanco en esta cabecera— se abre a una val de suelo arcilloso y perspectivas amplias. Desde Gúdar, y con dirección sur-norte, se va ensanchando hasta llegar a Aguilar del Alfambra, donde el río vuelve a encajarse entre calizas. Tras formar una espectacular cluse y varios kilómetros de gargantas y cañones entre este pueblo y Galve, el Alfambra habrá reorientado su marcha por completo para abordar la gran depresión que, con dirección norte-sur, discurre ahora a los pies de la sierra de El Pobo y termina en la Hoya de Teruel desembocando en el Turia.

IM003010Al poco de un nacimiento abrupto en un paisaje de peñas, pozas y pinares, el río Alfambra —o Blanco en esta cabecera— se abre a una val de suelo arcilloso y perspectivas amplias. Desde Gúdar, y con dirección sur-norte, se va ensanchando hasta llegar a Aguilar del Alfambra, donde el río vuelve a encajarse entre calizas. Tras formar una espectacular cluse y varios kilómetros de gargantas y cañones entre este pueblo y Galve, el Alfambra habrá reorientado su marcha por completo para abordar la gran depresión que, con dirección norte-sur, discurre ahora a los pies de la sierra de El Pobo y termina en la Hoya de Teruel desembocando en el Turia.

Es en el alto valle encajado, en un paisaje de montañas y muelas de las Serranías Ibéricas, en el que se localiza uno de los patrimonios naturales y culturales más inopinados de Aragón. Investigadores como Chabier de Jaime y Fernando Herrero han sido pioneros en abordar el estudio de las grandes masas de chopos cabeceros que caracterizan el curso alto del Alfambra desde la visión en la que naturaleza y acción antrópica se integran. La que analiza un paisaje fluvial que, como expresa una de sus obras, dota de identidad a municipios como los citados además de Allepuz, Jorcas, Ababuj y Camarillas, y cuyo valor paisajístico, cultural y ecológico en otros países se consideraría único.

Y es que a los valores medioambientales que le corresponden como árbol al chopo (Populus nigra), hay que añadir los que hacen del cabecero un bien patrimonial. Gracias a su poda, estos árboles eran el centro de una actividad económica consistente en su aprovechamiento como material de construcción, combustible y forraje. Es en la diferencia que va del Populus nigra como especie natural al chopo cabecero como árbol trabajado, donde se sustancia su doble valor. De su trabajo se derivaba una utilidad social que aún pervive residualmente en lugares como Aguilar y cuya antigüedad puede deducirse a partir de antiguos testimonios, como el privilegio que Jaime II concedió en 1303 a los habitantes de este concejo para hacer una dehesa en la ribera del Alfambra.

La escamonda consistía en la poda periódica de las ramas del árbol, lo que configuraba su porte característico: troncos muy gruesos, habitualmente con oquedades, y un ensanchamiento nudoso en el lugar de la poda y nacimiento de las largas ramas que les confieren una altura monumental. Este trabajo estimulaba su crecimiento y prolongaba su longevidad, transformándolos en árboles envejecidos. Además, gracias a él, se añadían valores ecológicos adicionales que todavía se mantienen. Los troncos y ramas son soporte de líquenes y musgos arborícolas, de algas y de plantas herbáceas, incluso de arbustos. Su madera muerta y agujeros son refugio, alimento y lugar de cría de insectos saproxílicos, aves y murciélagos forestales, reptiles y pequeños mamíferos carnívoros. En muchos kilómetros de lomas y secanos son los últimos bosques.

Como vemos, en torno al chopo cabecero se desarrolla una completa comunidad biológica, pero la riqueza de la fauna y la flora del alto Alfambra no se limita a la vinculada con sus choperas. Por una parte se cuentan especies de anfibios y peces habituales de zonas fluviales. Por otra, estas riberas son morada de animales más apreciados y excepcionales —como la nutria y el sapo partero — y también son un ámbito de recuperación de otras de gran valor ecológico, como el cangrejo de río. Todo ello nos habla, en líneas generales, de un cauce bien conservado. De hecho, la Confederación Hidrográfica del Júcar destacó en 2005 las calidades buenas y óptimas de los tramos del Alfambra que se sitúan entre el término de Aguilar y la val de Galve, zonas tanto de choperas abiertas como de profundos tajos a plomo en rocas del Jurásico.

La madre arcillosa de los suelos del Alfambra alberga un último patrimonio que en Galve es conocido desde hace décadas: el paleontológico. Hay descubiertas especies únicas en el mundo de dinosaurios como el Aragosaurus y el Galvesaurus herreroi, y por la riqueza de la formación, quedan a buen seguro otras tantas por descubrir. O, al menos, esa es la hipótesis de quienes trabajan en la actualidad en planes de investigación en todo este valle.

La soñada cuenca minera de WBB y el caso de Aguilar

IM003011Este paisaje de altos valores medioambientales, paisajísticos y patrimoniales, que en la actualidad es foco de un desarrollo vinculado al turismo rural con diversas y moduladas iniciativas, es objeto del interés de la multinacional WBB con seis proyectos de minas a cielo abierto de arcillas. La coherencia geográfica de los proyectos, que se encuentran en distintos momentos administrativos y que abarcan un continuo de siete municipios, reflejan la intención de crear una cuenca minera para exportar arcillas, materia prima barata, a la industria azulejera castellonense, donde se queda el valor diferencial de esta agresiva actividad extractiva.

Sobre este último punto resulta sorprendente la inanidad de la administración autonómica. Carente de medios para analizar proyectos mineros más que de forma individual y no en conjunto, es incapaz ni de decir ni de hacer nada respecto a la intención de WBB de crear una cuenca minera que reforzaría la dependencia de una parte de su territorio respecto de intereses extraños y perjudiciales. No debe olvidarse que la minería de arcilla destruye actividades presentes —agropecuarias y turísticas—, anula el desarrollo de las potenciales por su fuerte impacto —a la minería de arcilla en Teruel no se le conoce ninguna restauración de explotaciones— y no deja más que un valor marginal y fugaz.

Todas estas consideraciones han estado presentes en la unánime oposición de Aguilar al proyecto presentado por WBB en nuestro pueblo. No solo decapitaría una vida económica que empezaba a recuperarse, depreciaría bienes y afectaría a uno de los paisajes más bellos, próximos y visibles, el de la ribera, a cambio de dos puestos de trabajo temporales. También destruiría, por ejemplo, manantiales y cauces que vierten al Alfambra, tapizando los fondos de arcillas —lo que afectaría a la fauna asociada—, el polvo en suspensión dañaría el patrimonio vegetal de la chopera y, junto con los ruidos, disminuiría la calidad de vida de sus vecinos.

Esta falta de implicación con los afectados, su medio de vida y su entorno natural, es la que ha llevado a WBB a presentar un recurso contra el Ayuntamiento para que prevarique —que deje de pedir lo que la Ley le obliga para conceder o no su Licencia de actividad—, afirmar en su proyecto que «las aves son los mamíferos más abundantes de la comarca», confundir parideras con masías, no presupuestar la preceptiva restauración de los terrenos y aportar un informe paleontológico que establece que, a pesar de la más que segura presencia de restos fósiles, no debe haber impedimentos para abrir la mina.

Un caso más, en definitiva, en el que se plantea un desarrollo de saqueo contra nuestro patrimonio medioambiental, así como frente a unos estimulaba su crecimientomodelos endógenos y sostenibles.

Sergio Benítez Moriana e Ivo Aragón, portavoces de la Plataforma Aguilar Natural