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Burnham Beeches

Burnham Bechees es un bosque histórico. Esto, en el Reino Unido, es mucho decir. Y es, además, un espacio natural adquirido por la Corporación Municipal de Londres hace ciento treinta y cuatro años para el esparcimiento de la sociedad urbana, por lo que su popularidad es enorme alcanzando unas 500.000 visitantes anuales que se concentran, en especial, durante el otoño, momento en el que las hayas y robles adquieren unos apreciados tonos dorados.

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Se trata de un bosque de unas 220 hectáreas situado en la margen derecha del valle del Támesis. El relieve está constituido por un conjunto de suaves colinas. Los suelos son arenas aluviales entre las que abundan fragmentos de sílex de color azulado, empleados como ornamento en las fachadas en la arquitectura popular. Las precipitaciones anuales son de unos 500 L/m2.

Los estudios sobre este territorio indican que el bosque lo lleva poblando desde la última glaciación. Es más, esta región no fue habitada por el ser humano hasta la Edad del Hierro. Sin embargo, el paisaje forestal actual es el resultado de la gestión humana desde hace siglos en forma de bosque pastoreado en el que el ganado se alimentaba bajo las hayas y los robles que, generalmente, eran manejados mediante escamonda. Es decir, es una especie de dehesa. El Domesday Book, registro o censo de los bienes y propiedades en Inglaterra iniciado por Guillermo el Conquistador y completado en 1086 lo definía como “bosque capaz de alimentar a 600 puercos”.

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Los cambios sociales y económicos asociados a industrialización en los siglos XVIII y XIX provocaron su decadencia como zona de producción agrícola. Este paisaje histórico estuvo a punto de perderse en 1879 cuando fue puesto a la venta para la construcción de viviendas de alto nivel. A pesar de distar unos cuarenta kilómetros de Londres, fue adquirida por el ayuntamiento de esta ciudad para su conservación y para emplearla como zona de esparcimiento pública en una época en la que comenzaban a manifestarse los primeros problemas de contaminación urbana y la sociedad empezaba a demandar espacios naturales en los que explayarse durante el tiempo de ocio. Desde entonces, primero mediante su conexión con transporte público (tren y autobús) más adelante con el coche particular, ha sido un espacio natural muy popular entre los ingleses.

Las hayas trasmochas son el emblema de Burnham Beeches. Son el icono del paisaje y este tienen un profundo aprecio entre los ciudadanos. Son numerosos los artistas que se han inspirado en estos viejos y tortuosos árboles de este bosque.

Es un Lugar de Especial Interés Científico que ha sido declarada Reserva Natural y Área Especial para la Conservación. Además de su valor etnológico, histórico y paisajístico, los ingleses saben desde hace mucho que la escamonda, además de producir una cosecha periódica de madera, prolonga notablemente la vida de los árboles. Con 450 trasmochos centenarios, entre los que hay ejemplares de 500 años de edad, es por lo que este espacio natural. Su longevidad y la abundancia de madera muerta, tanto en los propios árboles viejos como en ejemplares muertos, caídos o en pie, proporciona hábitat a más de sesenta especies de animales y plantas amenazadas. Otros hábitats que complementan al bosque adehesado son los tallares de haya, los prados, los brezales, los arroyos y los estanques.

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Sin embargo, el modelo de gestión aplicado en este espacio natural, ha sido muy similar al manejo que había tenido durante los siglos anteriores. Se persigue crear las mejores condiciones para las aves, los murciélagos, los hongos y, en especial, para los organismos que dependen de la madera muerta. La ganadería, perdida desde hace más de cien años, ha vuelto a retomarse reintroduciendo el ganado porcino (cerdos de la raza Berkshire) con bastantes problemas de manejo y, más exitosamente, el ganado vacuno (vacas blancas inglesas) para intentar adehesar manteniendo el desarrollo de los arbustos.

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Su visita es gratuita pagándose únicamente por el aparcamiento de vehículos. Una red de senderos recorren estas colinas boscosas al tiempo que se limita el uso de vehículos motorizados. Hay varios aparcamientos, un par de zonas de servicios, un pequeño museo y unas oficinas en las que trabaja Helen Read, una bióloga especializada en la gestión de árboles viejos y una reconocida autoridad en árboles trasmochos en Europa. Uno de sus objetivos es compatibilizar el disfrute del público (paseos, deporte y área de recreo) con la conservación de la vida silvestre y del paisaje histórico.

Visité Burnham Beeches una tarde del pasado mes de septiembre acompañado por mis amigos Helen Read y Ted Green y por una voluntaria de este espacio natural.

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Un gran roble trasmocho (Quercus robur) de más de ochocientos años nos salió al paso al comenzar la ruta. Era un ejemplar decrépito que no ha mostrado grandes cambios durante el último siglo. Una sencilla cercado de madera evitaba el acceso del público y la compactación del suelo permitiendo el desarrollo de las zarzas. Mostraba signos de recorte en sus ramas secas. Los árboles muertos y decrépitos tienen un gran valor cultural y científico en Inglaterra.

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Este ejemplar es conocido como el roble de los druidas  ….

Burnham Beeches, foto por WiPe, 2011-04-20

Almorzamos en el merendero y aproveché para visitar un pequeño centro de interpretación. Poco texto e imágenes abundantes. De nuevo pedagogía sobre la historia del paisaje, la cultura rural tradicional y en los organismos saproxílicos, uno de los motores de la maquinaria ecológica de estos bosques….

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Es sorprendente comprobar que, por ejemplo, a las larvas de los insectos se les concede el reconocimiento que merecen.

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En Burnham Beeches de los tres mil árboles trasmochos que llegaron a censarse solo sobreviven 450, siendo un 85% hayas y el 15% restante robles. El abandono de la escamonda y la desaparición de ganadería provocaron su decadencia y el colapso de las ramas, al tiempo que el desarrollo de los árboles jóvenes en su entorno que compiten por la luz y los recursos del suelo.

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Nos contaba Helen que cada año se escamondan unos cincuenta árboles. Las primeras intervenciones han sido muy conservadoras. Los robles trasmochos -y todavía más las hayas- cuando han perdido el turno de poda responden mal al tratamiento. Por ello, en una primera fase se recorta el último tercio de las ramas principales, lo que reduce la superficie de la copa y estimula el desarrollo de yemas durmientes del tronco, la cabeza y la parte baja de las ramas. En función de la respuesta, varios años después se vuelve a reducir la longitud de las grandes ramas favoreciendo a los jóvenes brotes.

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El ayuntamiento de Londres es un poderoso protector de este bosque. Sin embargo, los recortes económicos también llegan a Gran Bretaña. En paralelo, una ONG recauda fondos para mejorar la conservación de este espacio natural. De nuevo, fórmulas mixtas en la gestión del medio ambiente.

En uno de los senderos encontré una placa junto a una joven haya…

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Una gran haya con la corteza poblada de musgo  inspiró al compositor romántico alemán Félix Mendelsson durante su estancia en Inglaterra en 1838. Una gran tormenta dañó intensamente al árbol en 1990 que murió poco después. La embajada alemana plantó en 2005 una joven haya para rememorar a Mendelsson y su vinculación con este pintoresco bosque. 

Me vienen muchos pensamientos a la mente sobre la profunda y secular vinculación existente entre la cultura y el árbol en estos pueblos anglosajones. La base social del aprecio en muy amplia. Y esto ayuda enormemente de cara a su conservación.

Aprecian los árboles de troncos tortuosos, con huecos y de formas singulares…..

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Algo más allá encuentro otra gran haya hueca. Es conocida como “The cage pollard”. Que se puede traducir como el trasmocho jaula.

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Y a sus pies un rótulo –prácticamente cubierto de zarzas- que hace constar que se trata de uno de los cincuenta árboles británicos destacados para conmemorar el cincuenta aniversario de la coronación de la reina Isabel II.

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Burnham Beeches es un bosque legendario y de una gran belleza natural. Su atmósfera y su proximidad a Londres lo han hecho escenario de numerosas películas, desde Robin Hood el príncipe de los ladrones hasta Harry Potter y la orden del Fénix….

… lo que todavía ha incrementado más la fama de este espacio natural.

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Cae la tarde. Despido a Helen con gratitud por el tiempo dedicado esta jornada y por todo lo aprendido con ella desde hace años.

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Richmond Park

Situado al suroeste de Londres, al sur del Támesis, y con sus casi 1000 hectáreas cercadas es el segundo parque en extensión de la metrópoli londinense. Considerado por los reyes ingleses como un lugar de caza particular desde el siglo XIII es un Lugar de Especial Interés Científico (el mayor del área de Londres), una Reserva Nacional de la Naturaleza y un Área de Conservación Especial por sus valores naturales.

En la actualidad tiene un intenso uso público. Numerosos visitantes acuden diariamente a disfrutar de los cuidados jardines (Isabella plantation) donde se eleva el mirador (King Henry’s Mound) que permite divisar la catedral de Sant Paul a 19 km de distancia y el palacio de Pembroke Lodge y su famoso belvedere. Pero, sobre todo, Rrichmond Park es una zona de esparcimiento para la superpoblada ciudad de Londres en el que existe la posibilidad de practicar actividades deportivas informales (ciclismo, correr, montar a caballo, etc.) u organizadas (golf, rugby, pesca, etc.) o sencillamente disfrutar del paseo en el campo. Mi visita fue un sábado por la tarde y doy fe de los miles de ciudadanos que hacían uso de este espacio natural.

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El parque es uno de los lugares más importante del Reino Unido por su antiguo arbolado, especialmente robles, por su tratarse de un paisaje histórico y por su vida silvestre. Se han registrado 1.200 árboles viejos. En ellos y en su madera en descomposición vive una rica comunidad de hongos y de invertebrados, en la que son abundantes las especies amenazadas en este territorio. En especial destacan los escarabajos saproxílicos que con su cerca de mil especies registradas supone la cuarta parte de las presentes en la lista para las islas Británicas.

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El sustrato está compuesto por arenas fluviales poco cementadas entre las que abundan unos característicos cantos de sílex blanquecinos y azulados. Días después comprobé que estos han tenido un uso ornamental en las fachadas de las casas populares en el valle del Támesis. Es, pues, un sustrato suelo y químicamente ácido. El relieve está formado por un conjunto de colinas que descienden suavemente hacia el norte (Londres) y hacia el oeste. El clima es oceánico, con estacionalidad, pero con una moderada variación térmica y una precipitación de unos 600 mm, escasa en relación con el resto de la isla.

El paisaje vegetal está formado por un conjunto de bosquetes rodeados de pastizales arbolados cubiertos de gramíneas y helechos. No tiene un uso ganadero siendo los mamíferos salvajes (cérvidos y conejos) los herbívoros que controlan el desarrollo del estrato arbustivo. Los ciervos y los gamos son muy abundantes siendo fácil observar pequeños grupos descansar bajo los árboles o levantar cuando pasa algún paseante o ciclista. Son muy confiados. La población es de 650 ejemplares y es sometida a control cazando los ejemplares viejos al no haber depredadores naturales.

Deer in Richmond Park

Entre el arbolado predominan los robles. Las dos especies presentes en las islas: el roble pedunculado (Quercus robur) y el roble albar (Quercus petraea). En su mayor parte son árboles veteranos y viejos, muchos son monumentales. Son preciosos. Tienen largas y abiertas ramas, copas frondosas, abundantes huecos y madera muerta. Muchos presentan en el tronco abultamientos con brotes epicórmicos y otros esas rosetas suberosas que también hemos encontrado por aquí en algunos chopos cabeceros. En el pasado fueron manejados mediante escamonda para la producción de leña aunque el turno se perdió, al menos, hace cien años.

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Muchos de ellos presentaban problemas de colapso por el gran desarrollo de su fronda. Por ello y por tratarse de uno de los principales valores del parque, hace unos años comenzaron a ser escamondados de nuevo para rejuvenecer el ramaje. Los robles trasmochos que tienen gruesas ramas no sobrellevan muy bien la escamonda aplicada en la base de las mismas, por lo que muchos de aquellos árboles murieron al eliminarles la totalidad de las ramas. Pueden verse pues han quedado como hábitat para los invertebrados y hongos saproxílicos.

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Para aminorar la poda roma, que consideran poco estética, crean cortes en los extremos de las ramas, lo que ofrece más oportunidades a la fauna.

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En la actualidad se aplica un sistema de reducción de la fronda mediante cortas de los extremos de las ramas respetándose el resto con el objetivo de fomentar el rebrote en la base de las mismas. Está funcionando bien aunque es una técnica de elevado coste. Los trozos de las ramas eliminadas también quedan en el sotobosque para su descomposición.

Una de las inquietudes de los gestores es la de ir preparando un reemplazo generacional para el arbolado. Por ello, es frecuente observar en los claros de estas dehesas a jóvenes robles plantados protegidos individualmente de los ciervos por cercas de madera. También es común encontrar zarzales y espinos bajo la copa de los árboles, tanto los jóvenes como los veteranos.

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Pero no sólo hay robles. Son menos abundantes, pero no es raro observar arces campestres, carpes, fresnos comunes, hayas y castaños (tanto el común como el de Indias), plantados estos para alimentar a los cérvidos y para usarlos como esperaderos por los cazadores en la otoñada.

Los pastos de gramíneas y otras herbáceas acidófilas son un hábitat de interés comunitario. Son plantas muy características adaptadas a estos suelos pobres en nutrientes y que son favorecidas –paradójicamente- por el ramoneo que realizan los ciervos y gamos. Estas plantas están bien adaptadas al herbivorismo y, al tiempo, se benefician del control que realizan sobre los arbustos. Sobre algunas gramas es común encontrar los característicos cuerpos fructíferos del cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea), hongo con un principio activo que actúa como un potente neurotóxico.

Cornezuelos del centeno. Foto: Asturnatura

El humo de la próxima ciudad y los excrementos de los perros están modificando las características del suelo lo que amenaza la estabilidad de este ambiente. Los gestores están sugiriendo a los propietarios de los canes …¡ que retiren sus heces!

Los helechos tienen gran facilidad para cubrir los espacios abiertos. Los gestores limitan su expansión pasándoles por encima una máquina que rompe el eje del fronde en varios puntos pero sin llegar a segarlo, quedando sobre el propio terreno.

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Es muy frecuente infestarse de garrapatas en Richmond Park. Todo el mundo lo sabe, pero no disuade al personal a pasear por los senderos o praderas. Suele tratarse de las fases juveniles y acceden con facilidad a las piernas o brazos. No se aplica tratamiento alguno para su control lo que me sorprende en un espacio de un intenso uso público.

Encontramos algunos de los hongos que participan en la descomposición de la madera muerta de los robles como Piptoporus quercinus, incluído en el Libro Rojo de los Hongos del Reino Unido o Fistulina hepática que es conocido como beef steak por su semejanza con un filete de carne de buey.

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En Richmond Park se han observado 139 especies de arácnidos, 150 de himenópteros (avispas, abejas y abejorros), 546 de mariposas y polillas y 1350 de escarabajos, en su mayor parte dependientes de la madera muerta. Por ello, hay un gran interés en mantener -y no retirar o destruir- los restos de podas y los árboles muertos. En especial, el ciervo volante es una de las especies más atendidas. Es el espacio protegido de Inglaterra en el que goza de mayor atención pues la importante población de este coleóptero fue uno de los argumentos más importantes para su declaración como Reserva Nacional de la Naturaleza. Existe un programa de voluntariado que ofrece realizar prospecciones regulares para conocer la evolución de su efectivo o recoger los restos encontrados, así como otra de trampeo, marcaje y suelta para esperar su recaptura. El ciervo volante es una especie muy popular. 

Se han observado 144 especies de aves de las que 63 son nidificantes. Son comunes los pinzones, las palomas torcaces y, sobre todo, las cotorras de Kramer (Psittacula krameri) asilvestradas que son las aves más omnipresentes.

En los alrededores del aparcamiento de coches, y tras la hora del té, las grajillas –siempre al tanto- se dejan caer para llevarse algún trozo de galleta en su pico. Se observa un retroceso de aquellas especies que nidifican en el suelo por el continuo trasiego humano y de perros durante la primavera.

La presión humana …. es intensa.

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Los viejos chopos negros del Támesis (Inglaterra)

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En el pasado mes de septiembre, representantes del Centro de Estudios del Jiloca (Aragón-España), acompañados por investigadores ingleses pudimos conocer la población de chopo negro en las orillas del Támesis en Londres (distrito de Barnes). Pudimos comprender el valor ecológico, genético, paisajístico e histórico de esta arboleda.

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Hatfield Forest

Visito con Jill Butler y Ted Green este espacio natural situado en Bishop’s Stortford (East Anglia), muy cerca del aeropuerto de Stansted y al nordeste de Londres.

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Se trata de un antiguo lugar de caza de los reyes ingleses, desde hace 70 años es propiedad y está bajo la gestión de National Trust. Tiene una extensión de 424 Has, de las que la mitad corresponde a bosque y la otra mitad a prados arbolados, estando ambos ambientes ampliamente compartimentado.

El concepto de bosque se aplicaba en Inglaterra durante el medievo a los territorios que los reyes se reservaban para su aprovechamiento particular, especialmente cinegético, y como muestra de su estatus social. Habitualmente eran espacios cerrados y en ellos se aplicaban unas leyes propias que regulaban los usos.

Representación de un parque inglés de caza (siglo XV)

En Essex (una de las zonas de East Anglia) el rey disponía de cinco bosques. Uno de ellos era el de Hatfield.

El mayor reconocimiento de este espacio natural proviene precisamente de ofrecer un paisaje histórico ya que en él no se han producido cambios importantes en su gestión a lo largo de los últimos mil años.

Hatfield Forest. Foto: National Trust

Los robles, carpes y fresnos, aislados o en bosquetes, y los prados de su entorno tienen el aspecto de viejos gigantes desgastados por el tiempo (algunos con 1.300 años de antigüedad) y se saben secretos testigos de múltiples historias y leyendas. Los ingleses aman profundamente el valor cultural de la Naturaleza.

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Hatfield Forest es un lugar de especial interés científico y una reserva natural por el interés de su flora y fauna.

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El bosque es mayormente un antiguo tallar (monte bajo) de especies de árboles caducifolios (robles pedunculado, haya, fresnos común, olmo, carpe y arce campestre) secularmente aprovechados para proporcionar madera y leña.

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Las zonas abiertas están formadas por praderas arboladas en las que abundan plantas propias de los ambientes abiertos, suelos frescos y ambientes húmedos. Están mantenidas por el ganado (vacas y ovejas) y los herbívoros salvajes (cérvidos y conejos). Es reconocida la comunidad de mariposas y libélulas. Entre los prados abundan los viejos árboles trasmochos, el motivo de nuestro interés, donde viven numerosas especies de escarabajos que se alimentan de la madera muerta (saproxílicos) y de aves forestales. Son abundantes los ciervos, los gamos y los corzos. Además, recientemente se introdujo el ciervo Muntjac.

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Al recorrer los prados arbolados destacan los enormes robles (Quercus robur), característicos por su amplia y redondeada copa. En buena parte son trasmochos que perdieron el turno de poda hace más de cien años, cuando el empleo generalizado del carbón redujo la necesidad de leña. Hace 25 años muchos de ellos fueron escamondados de nuevo ya que empezaban a colapsarse por las dimensiones de su ramaje. Como las cortas se hicieron muy próximas al tronco, en general no respondieron bien. Así, se encontraban abundantes los ejemplares muertos repartidos por la campiña. Estos troncos muertos eran conservados como hábitat para los insectos saproxílicos.

Sin embargo, en la zona que recorrimos eran más abundantes los carpes (Carpinus betulus).

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Estos árboles antaño eran muy valorados y reconocidos por proporcionar leña para las panaderías de Londres, pues su madera tiene un alto poder calórico. También fueron escamondados respondiendo, por lo común, algo mejor que los robles aunque era muy habitual encontrar ejemplares que solo habían rebrotado desde una parte del tronco, quedando desfiguardos y muriendo el resto del mismo. Algunos árboles habían mantenido dos zonas del mismo a modo de columnas, existiendo la curiosa creencia tradicional de que si pasas entre ellas se cumple un deseo.

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Además, aunque menos frecuentes, podía encontrarse algunos fresnos trasmochos.

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En conjunto hay inventariados 800 árboles trasmochos veteranos en Hatfield Forest siendo una de las mayores concentraciones de Essex. Son, sin duda, uno de los principales valores ambientales de este espacio natural.

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Las vacas y otros herbívoros gustan de descansar bajo los viejos árboles. Esto puede ocasionar un exceso de nitrificación y, sobre todo, de compactación del terreno por pisoteo. Para evitarlo, se acumulan ramas muertas bajo la copa y se fomenta la recuperación de los zarzales y otros arbustos (el espino albar es muy común) en el entorno del tronco.

Los gestores están preocupados por la falta de continuidad en el hábitat de la fauna que depende de los viejos árboles, especialmente de los escarabajos saproxílicos. Para ello, se realizan plantaciones de jóvenes árboles entre los prados debiendo protegerlos del diente de las vacas y de otros herbívoros con pequeñas empalizadas. Aunque esto no es eficaz frente al diente de la ardilla gris, mamífero introducido y que está ocasionando graves trastornos ambientales.

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National Trust tiene en Hatfield Forest unos cinco empelados. El acceso es libre, pero el estacionamiento cuesta 5 libras si no estás asociado (gratis para los socios). Se fomenta especialmente el uso recreativo del espacio natural proponiéndose el recorrido por lugares, paseos en barca por el lago o en bicicleta por los senderos y, sobre todo, actividades para las familias con niños.

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Fue el primer contacto con el medio natural en Inglaterra en este viaje. El modelo de gestión me resulta muy difícil de comprender por las profundas diferencias que tiene con el aplicado en España. El manejo del patrimonio por organizaciones conservacionistas es allí muy importante. En este caso, es National Trust. Esta veterana entidad, con 3.700.000 socios y 65.000 voluntarios, gestiona monumentos (palacios, castillos, casas históricas, jardines, molinos, etc.), espacios naturales como bosques, islas, acantilados, granjas, etc. (en 1.100 Km. de costa y 250.000 hectáreas). La inglesa es una sociedad que ha disfrutado de una antigua prosperidad, que tiene un alto aprecio de su patrimonio y que muestra un gran compromiso por su conservación que se traduce en la aportación económica de millones de ciudadanos.

¿Os imagináis 1.100 Km. de costa en España en manos de ONGs ambientalistas?