Vida silvestre

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Chopos_192_OK_Pgina_040_Imagen_0001El chopo cabecero desempeña un papel predominante en los ecosistemas riparios humanizados de una amplia zona de la cordillera Ibérica. Sus arboledas modifican las características físicas del medio. Así, crean ambientes umbríos en el sotobosque y en el agua, regulan la oscilación térmica, aumentan la humedad relativa, al tiempo que intervienen en el comportamiento hidrológico almacenando agua en el acuífero, retrasando avenidas, protegiendo márgenes e incrementando la sedimentación.

También condicionan la composición y la organización de la comunidad biológica. Estos árboles producen una gran cantidad de materia orgánica. Por otra parte, ofrecen en su interior una amplia gama de ambientes (huecos, grietas, charcas, rezumados, etc.) con particulares microclimas que resultan apropiados para una amplia gama de seres vivos que los emplean como soporte, refugio o lugar de cría. En principio, las choperas de cabeceros están lejos de poder ser consideradas como bosques de ribera maduros. Sin embargo, sí que presentan rasgos propios de los bosques maduros y que hoy son muy difíciles de encontrar en las actuales riberas ibéricas. En aquellas son muy abundantes los árboles vivos de grandes dimensiones y con una gran cantidad de madera muerta.

En la superficie prosperan algas epífitas. Las diatomeas optan por cortezas con orientación norte, mientras que las cianofíceas y las clorofíceas (unicelulares o filamentosas) lo hacen en los puntos en los que rezuma el agua infiltrada desde la toza formando mucosidades que recorren verticalmente el tronco. Los líquenes que los colonizan son especies heliófilas y arborícolas. Los musgos son mucho menos abundantes por su mayor requerimiento hídrico, por ello ocupan la base del tronco y las zonas menos expuestas de la cabeza. Si bien no son comunes, también pueden encontrarse plantas vasculares epífitas sobre los propios árboles, bien por su dispersión por el viento (gramíneas) bien por ser diseminados por animales frugívoros (agracejo, escaramujo o espino albar) que descansan sobre el propio chopo. Los hongos intervienen de forma decisiva en el funcionamiento de estos viejos y monumentales chopos. Algunos se asocian con el árbol en sus raíces formando micorrizas. La biomasa acumulada como madera muerta y hojarasca es aprovechada por especies saprofitas que contribuyen al reciclaje de los nutrientes minerales; es habitual que cuando el micelio se desarrolla sobre madera senescente tienda a compartimentalizarla creando en su interior diversos microhábitat.


Chopos_192_OK_Pgina_067_Imagen_0001Por otra parte, la apertura de huecos, la formación de cavidades, la aparición de grietas, el desarrollo de cuerpos fructíferos fúngicos, la creación de charcas y de filtraciones superficiales multiplican las posibilidades de hábitat para estos organismos. Otra de las cualidades de las formaciones forestales ribereñas es su continuidad y cierta extensión. Las masas de cabeceros, en algunos tramos del Alfambra o del Pancrudo, pueden alcanzar más de veinte kilómetros de longitud, así como una importante ocupación territorial a lo largo de la red hidrográfica, donde resulta fácil la conectividad. Esto confiere estabilidad y garantiza la conservación de las comunidades de invertebrados saproxílicos.También hay especies como la armilaria (Armillaria melea) que mientras en el chopo cabecero funciona como un saprófito facultativo, sobre cultivos de chopos híbridos muestra una gran patogenicidad. Dos especies destacan: la seta de chopo (Agrocybe aegerita) por su aprovechamiento culinario y el yesquero (Fomes fomentarius) por los enormes cuerpos fructíferos que produce. La fauna invertebrada propia de los chopos cabeceros no ha sido estudiada. Pero es bien conocido que los invertebrados saproxílicos requieren ambientes con un gran número de árboles maduros y viejos con signos de decadencia, agujeros de podredumbre, rezumados de agua o savia, así como madera muerta tanto en la copa como en la médula del tronco; es también importante la existencia de árboles muertos, tanto en pie como caídos y todavía más si ha habido una continuidad histórica en dichas arboledas. El aprovechamiento tradicional del chopo negro mediante escamonda ha originado unos árboles que coinciden con los requerimientos de los invertebrados saproxílicos. Este sistema de manejo acelera la aparición de rasgos seniles en el árbol pero en cambio consigue ejemplares mucho más longevos al eliminar periódicamente el ramaje y fomentar el rebrote, además de conseguir troncos más gruesos y un gran desarrollo de la toza. Las partes muertas de la médula del tronco y de la cabeza se descomponen con cierta celeridad por la acción de los hongos y los invertebrados saprófitos.

En Europa hoy son muy escasos los bosques ribereños bien conservados. Todavía más lo son aquellos que presentan una proporción elevada de árboles viejos. Las formaciones de chopos cabeceros no son bosques en realidad pero sí llevan albergando un gran número de ejemplares viejos, de grandes dimensiones y con una gran continuidad en el espacio (cientos de kilómetros) y en el tiempo (al menos trescientos años y posiblemente muchos más). Estamos, pues, ante un aprovechamiento que ha propiciado la supervivencia de la fauna propia de los bosques riparios europeos primigenios. Diversas especies de aves hacen uso del alimento, lugar de cría y refugio que les ofrecen los chopos cabeceros. Los más representativos son el agateador común (Certhia brachydactyla), el pito real (Picus viridis), la oropéndola (Oriolus oriolus), el autillo (Otus Scops), la grajilla (Corvus monedula) y el mochuelo (Atiene noctua). Los reptiles y anfibios utilizan más los troncos y ramas caídas que los cabeceros erguidos, aunque a las grandes serpientes, como la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum) no dudan en cobijarse en los profundos huecos en la invernada. Los mamíferos que utilizan los viejos cabeceros son muy variados. Destacan los murciélagos que hacen uso de los agujeros y grietas del tronco y de la cabeza en distintos momentos de su ciclo biológico. Además, pueden encontrarse otros como el ratón de campo (Apodemus sylvaticus), el lirón careto (Elyomis quercinus), la gineta (Genetta genetta), el gato montés (Felis sylvestris) o la comadreja (Mustela nivalis).