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Antiguas y recónditas bellezas

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Algunas de las más admirables obras de arte producidas por los humanos son invisibles. Están ahí, a la vista de todos, y sin embargo sólo pueden verlas quienes son advertidos sobre su existencia. El sábado pasado les hablaba de las grullas de Gallocanta, piezas soberbias, pero que no son obra humana. En esa misma excursión descubrí, gracias a la generosidad de Juan Antonio Tello y Chabier de Jaime Lorén, una obra de arte oculta detrás de su evidente presencia. 

Su nombre lleva a confusión: se llama Chopo Cabecero y puede confundirse con una especie de la familia de los álamos, pero no es así. Se trata de un chopo esculpido y por lo tanto artístico. La labor de escultura tenía como excusa una función práctica, la producción de vigas para edificios leves, pero también la Capilla Sixtina tuvo una justificación práctica. Ustedes han visto chopos cabeceros sin saber que los veían. Iban por la carretera y a lo lejos divisaban una hilera de árboles con un grueso tronco y una corona erizada de ramas largas, rectas, perfectas. Es muy probable que esos árboles siguieran la ribera de un río o de una acequia. Su apariencia es sorprendente, un sólido cuerpo, generalmente agrietado con la dignidad de los viejos rostros campesinos, y una cabeza que parecen dardos disparados al cielo.

Los chopos cabeceros están desapareciendo y muchos de ellos son ya ruinas a las que deberíamos dar un trato tan solemne y respetuoso como a las ermitas medievales. Desaparecen porque su justificación eran esas largas y rectísimas ramas de la cabeza, finas, ligeras, duras, poco vulnerables a los insectos xilófagos, que se usaban para la viguería de chozas, apriscos, alpendres, corrales, granjas o establos. La desaparición del trabajo campesino y el concurso de la viguería industrial han acabado con estos árboles de insuperable belleza. Quedan las ruinas.

La colonia de la que hablo está en tierras de Teruel, por la parte de Montalbán, de Utrillos, de Cantavieja. Los que me hirieron, cerca de Calamocha, eran candelabros cubiertos de cien luces doradas que trataban de arañar el cielo. Las hojillas temblorosas vibraban en el aire gélido, resistiéndose a caer. Como nosotros.

Artículo publicado por Félix de Azúa en: 

  • El Periódico, 29 de noviembre de 2008.
  • Blog El boomeran
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Un estudio del IES Valle del Jiloca

aulaiesEl chopo cabecero. Un estudio ecológico y etnobotánico desde el aula es una página del IES Valle del Jiloca dedicada a estos árboles. Como se recoge en su presentación, los alumnos y alumnas de la asignatura "Botánica Aplicada" de Cuarto Curso de Educación Secundaria del Instituto "Valle del Jiloca" de Calamocha hemos iniciado un estudio sobre los chopos cabeceros en nuestra comarca. Nos interesa investigar cómo nuestros abuelos cultivaban y desmochaban estos chopos, así como todos los usos (ganaderos, festivos, etc.) que hacían de la madera obtenida, por ser una parte de nuestra cultura popular. Estos árboles añosos son el hábitat apropiado para muchos seres vivos. Sobre ellos crecen hongos, algas, líquenes e incluso … ¡plantas con flor!. Por no hablar de la enorme variedad de pequeños invertebrados que se instalan en todos los pisos de este enorme edificio: en las raíces, en el tronco y ramas, así como en las hojas. Como muchos de los troncos están huecos en ellos se refugian un buen número de los vertebrados (mamíferos y aves, sobre todo) propios de los montes y riberas. También nos hemos dado cuenta de que estos chopos son un laboratorio ecológico: un sitio fenomenal donde aprender las relaciones entre los diversos seres vivos y su ambiente. Pero, además, hemos visto que las arboledas de chopos cabeceros son, en muchas zonas de nuestras comarcas, los únicos bosques, las últimas manchas de verdor entre los tonos pardos y grises de campos y páramos. Aportan, una nota de variedad a la monotonía de nuestros secanos. Es decir, que forman una parte del paisaje de nuestras tierras, vamos, de nuestra manera de ser. Pensamos que con nuestro estudio pueden ser mejor conocidos y valorados, para así favorecer su conservación.

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