Acequia del Rey (Monreal del Campo)

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Compuertas de la acequia del Rey

Desde el manantial de los Ojos, en el término de Monreal del Campo, parte una acequia conocida cómo acequia del Rey, que sale del canal contiguo al manantial, discurriendo por el límite de la terraza fluvial para posteriormente bajar al río frente al molino alto.

La acequia fue construia en el año 1772, cuando el Concejo de Monreal decidió abrir una acequia nueva sobre las partidas los Pontones, Caraelrío, Cardalejo, Orteruelo, Traperon y las ventas, para poner en regadío varias heredades privadas situadas al noreste de Los Ojos, en las terrazas más altas, un pedazo de prado y suertes concejiles. Este nuevo ramal fue conocido como la “Acequia del Rey” . Para evitar problemas, dos años después se aprueba un reglamente de ajarbe o reparto del agua de la acequia nueva. Quedaba prohibida la construcción de cualquier batan, alberca ni otra fábrica, pues el agua había de servir exclusivamente para el riego de trigos, cebadas, habas, cáñamos, garbanzos y judías. El prado del Concejo tenía prioridad sobre cualquier otra heredad. Todos los años, en el mes de abril, cada propietario debía limpiar su trozo de acequia. Los ramales comunes eran limpiados a proporción de las yubadas que cada uno poseía. El agua de esta acequia se toma del azud del denominado río Cella. Según una descripción coetánea, riega las heredades llamadas de las ventas y Orteruelo, propias de Francisco Mateo y Felices y Miguel Jerónimo Mateo de Gilbert, para continuar por el prado que se denomina de las suertes, propiedad del Concejo.

La iniciativa para la construcción de la acequia partió de estos dos grandes propietarios, apoyados por el Concejo de Monreal. Los dos primeros firmaron un convenio para evitar pleitos futuros, determinando que Miguel Jerónimo Mateo podía regar el heredamiento de las ventas durante 4 días contiguos en cada semana, y Francisco Mateo y Felices los tres siguientes para sus heredades del Orteruelo. Como el Concejo tenía preferencia para regar las suertes del prado, podía hacerlo cuando quisiera, restando estos días a partes iguales entre los repartidos por Miguel Jerónimo y Francisco Mateo. Fue nombrado mayordomo de esta asociación de regantes a Don Francisco Mateo y Felices, cambiando el mayordomo cada año. Siete propietarios, entre ellos el Real Capítulo, Don Ignacio Gonzalo de Liria y José Catalán de Ocón, no quisieron colaborar en la construcción de la acequia y sufragar sus gastos, por lo que se les prohíbe utilizar el agua. Si quisieran regar alguna vez debían pagar por cada vez 10 libras jaquesas, que han de servir para la limpia ordinaria y anual, los comunales de las acequias y la construcción de gallipuentes.