Ahones, Pedro

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A partir de Jaime I (1213-1276) y de su política expansionista por el levante peninsular se acentúa la ruptura entre los intereses de la monarquía, muy amplios a causa de las ingentes posesiones territoriales que empieza a tener la Corona de Aragón, y los intereses tradicionales de la clase dirigente aragonesa, especialmente de la nobleza y la iglesia. Si desde los tiempos de la reconquista se arrastraba una disputa constante entre la nobleza y la Corona por el reparto de propiedades y jurisdicciones, esta disyuntiva adquirirá ahora un carácter más violento, de enfrentamiento directo entre ambos grupos .

Como lugar señorial, la villa de Cutanda se verá también involucrada en los incidentes que protagonizará la alta nobleza aragonesa, incluido el arzobispo, en la defensa de sus prerrogativas. En el año 1224, según cuenta Jerónimo Zurita, varios ricoshombres y caballeros aragoneses, los obispos de Zaragoza y Lérida y otros nobles catalanes se unieron mediante juramento para defender sus intereses, creando una Liga y solicitando al rey que expulsara a todos los consejeros y los sustituyese por miembros de la alta nobleza regnícola. Un año más tarde, durante la conquista de Peñíscola, los nobles juramentados deciden suspender sus aportaciones militares para presionar de este modo al rey.

Obligado Jaime I a regresar a Zaragoza se encuentra en el camino, a la altura de Burbáguena, a Pedro Ahones, uno de los ricohombres intrigantes, y posiblemente el cabecilla de la sublevación y de la Liga. Pedro Ahones se niega a apoyar la campaña militar del rey y desairándole, marcha con todas sus huestes hacia la villa de Cutanda, con la intención de refugiarse en el castillo de su hermano, el arzobispo de Zaragoza Don Sancho de Ahones. El rey decide perseguirle con la intención de atraparle y hacerle preso, dándole alcance antes de llegar a la fortaleza. Pedro Ahones murió en el enfrentamiento.

El óbito de Pedro Aones será un episodio más dentro de las continuas luchas entre nobleza y monarquía, que se prolongarán durante todo el siglo XIII y la primera mitad del XIV, pero muestra de manera clara las estrechas alianzas tejidas entre la aristocracia y la Iglesia en la defensa de sus privilegios, y como se apoyaban y salían fortalecidos de los numerosos lugares de señorío que controlaban en el reino aragonés.

Bibliografía

  • Esteban Abad, Rafael (1959): Estudio histórico-político sobre la ciudad y comunidad de Daroca. Teruel : Tall. Gráf. "La Editorial", pág. 66-67.