Baile de San Roque (Cutanda)

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Volteando las banderas tras el baile
Bailando dentro de la iglesia. Año 1990
Bailando dando la vuelta a la localidad

Baile popular realizado en la localidad de Cutanda a mediados de agosto.

Dance de Cutanda

Ya en 1704 se tiene noticia en Cutanda de la celebración de un dance y soldadesca de moros y cristianos, junto a los de Barrachina, Cosa y Bañón, con motivo de la “inauguración” del santuario de la Virgen de la Langosta en Alpeñés. También se sabe que en 1724 unos “turcos” de Cutanda acudieron a la ermita de la Pelarda en Olalla. Por fin, en 1885 se documenta la representación que tuvo lugar en honor a San Roque, en acción de gracias por haber librado al pueblo de la epidemia de cólera que afectó a la comarca. A partir de ese momento se incorporó al santo como un patrono más, junto a San Vicente Mártir y Santa Ana.

El culto a San Roque en Cutanda

La novedad que introduce el siglo XIX en cuanto a la religiosidad popular es el culto creciente a San Roque. Desde el siglo XVI el patrón principal de Cutanda había sido San Vicente, uniéndose como copatrones a principios del siglo XVIII San Fabián y San Sebastián. La imagen de Santa Ana también tenía su culto, pero no será hasta finales del siglo XVIII cuando se le dedique una fiesta grande. La devoción a San Roque fue durante siglos inexistente, y nada nos hacía presagiar la carta que Vicente Vizárraga, cura de Cutanda, escribe al Arzobispado de Segura el 1 de septiembre de 1886. La comunicación enviada fue la siguiente:

“Excmo Sr.: El Ayuntamiento y Junta de Cofradía de esta villa han acordado en sesión pública, interpretando fielmente la voluntad de estos mis feligreses, celebrar todos los años el día siete de septiembre fiesta religiosa con procesión por las calles en honor del ínclito San Roque, en acción de gracias al señor por haber quedado prodigiosamente libres el año pasado de la invasión colérica. Y para contribuir más y más a la gloria de Dios y esplendor del culto católico, desea el infrascripto cura autorización para exponer en dicho día a su divina majestad”

La zona de Cutanda, Barrachina y Olalla quedó libre de la enfermedad. Podemos suponer la angustia que pasarían nuestros antepasados ante las noticias que anunciaban la proximidad de la enfermedad, sobre todo cuando esta se detectaba en los pueblos vecinos. Aunque la mortalidad causada por el cólera de 1885 no fue muy alta (exceptuando a las localidades de Bello, Santa Cruz de Nogueras y Luco), su concentración temporal en los meses de julio y agosto hizo que la desesperación y el terror alcanzaran unos niveles insospechables. Para combatir esta desesperación la población recurrió a unos de los remedios que mejor conocían, la devoción religiosa, y quién mejor para este momento que el leproso San Roque.

En un documento inédito se narra lo siguiente: “Cuando aproximándose (la muerte) a paso de gigante se veía brillar la cortante cuchilla de su implacable guadaña por estos pueblos convecinos, entonces mismo, los religiosos moradores de esta villa llenos de fe y confianza hacen votos al cielo para que Dios se apiade de ellos y de sus hijos, invocan la protección del triunfador de la peste, del ínclito y esclarecido San Roque, celebrando en su honor una novena en la octava de su fiesta y el día ocho de setiembre del mismo año 1885, guiados por la voz de su párroco, votan solemnemente y a pública voz en la misma Iglesia Parroquial una suntuosa fiesta a honra y gloria del mencionado santo… si Dios Nuestro Señor libra a la Parroquia del terrible azote que por todas partes le amenazaba”

Para dar gracias a la intercesión divina, el pueblo de Cutanda decidió guardar desde entonces culto a San Roque, haciéndolo patrón de la localidad. Adquieren por colecta entre todos los vecinos una imagen del santo, y celebran la entrada en el pueblo con la imagen el 20 de noviembre de 1885. Pero además, el acontecimiento sirvió para recuperar el antiguo dance y soldadesca que se celebraba en honor de los patrones tradicionales y readaptarlo dando cabida al nuevo santo, incluyéndolo en la representación. Esta labor de readaptación del dance popular debió realizarla mosen Vicente Vizárraga en los días posteriores a la epidemia, representándose por primera vez el 22 de noviembre de 1885, y repitiéndose el acto al día siguiente a causa de la gran aceptación que había tenido. El consueta de la representación, el secretario Juan Andrés, dejó una versión manuscrita del dance correspondiente al año 1885. Existe otra versión manuscrita conservada por otro de los participantes en dicho año, José Anadón, que hizo de rey Fernando.

La fiesta mayor de San Roque quedó fijada en el 7 de septiembre de cada año. En nuestros días, lo único que ha quedado de este antiguo dance es el baile procesional con que los cutandinos celebran la fiesta. La música y el baile actual son una mudanza del dance, en concreto el acto de la procesión. Simplificado por el paso del tiempo, el resto de las escenas se han perdido lentamente a lo largo del siglo XX, al igual que otras tantas costumbres locales.

Baile de San Roque

Se suele celebran en las fiestas patronales en honor a San Roque. Tradicionalmente se bailaba el 7 de septiembre, pero a raíz de la masiva emigración de cutandinos se decidió cambiar a mediados de agosto, para aprovechar el regreso vacacional de los “hijos del pueblo”. Los bailadores se colocan en dos filas longitudinales paralelas entre sí, bailando los pasos solos o con su pareja. Había un director de baile que marcaba el ritmo con su “gayata” adornada de cintas y una calabaza. Por influencia de los bailes de la cercana localidad de Calamocha, en algunos años se suelen decir dichos, criticando la situación de la localidad o alabando al santo patrón.

La evolución histórica, los pasos del baile y la música han sido estudiados por Tomás Guitarte, quien ha publicado varios artículos para darlos a conocer .Parece ser que el baile surge por variación de un antiguo dance que se representaba en Cutanda durante los siglos modernos, readaptado y refundido tras la épidemia de cólera de 1885. En el desarrollo de los pasos se pueden diferencias dos fases, cada una de las cuales se corresponde con un ritmo musical diferente. En la primera cada danzante baila solo, mirando hacia la cabeza de la procesión y avanzando mediante impulsos del talón hacia el lado interior del empeine. En la segunda fase musical se efectuan cruces con la pareja de la fila contraria sin darse la espalda.

De gran atractivo en estas fiestas es además el canto de las auroras a San Roque, coplas que en el pasado servían para convocar a los fieles al rosario, que se repite en distintos puntos del trazado urbano con el acompañamiento de la dulzaina.

Bibliografía