Colegio de la Salle (Monreal del Campo)

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Edificio construido para albergar el colegio
Encuentro educativo en 1966
Comuniones en 1965
Comuniones en 1969
Comuniones delante altar

La presencia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, con sus luces y sombras, se dejó notar entre los años 1916 y 1972 en Monreal del Campo, ya que con sus actividades, principalmente educativas, formaron a cientos, por no decir miles, de monrealenses que pasaron por sus aulas.


Orígenes del colegio

En el año 1909 se ejecutó el testamento de Ricarda Gonzalo de Liria, por el que se creó en Monreal del Campo la Fundación de Nuestra Señora del Pilar, cuyo objetivo principal era fundar una escuela de artes y oficios destinada a los niños pobres. Este nuevo centro educativo aprovecharía la propia casa solariega de la testadora, de gran tamaño. En el testamento se detallaba que esta nueva escuela debería estar dirigida por los padres Menores Franciscanos.

La presencia y administración de los Franciscanos no llegó a los cinco años, ya que en enero de 1914 decidieron renunciar al Colegio y se marcharon, por lo que hubo que buscar una nueva orden religiosa para que se hiciera cargo de los bienes de la fundación y del cumplimiento de sus objetivos.

Los abogados Pascual Serrano e hijo, albaceas del testamento de Ricarda Gonzalo de Liria, se pusieron en contacto con los Hermanos de la Salle, que pocos años antes habían abierto un colegio en la ciudad de Teruel. La orden lasaliana aceptó el cometido, ya que durante esos años estaba llevando a cabo una política de expansión educativa de la orden por toda España.

El Centro gestionado por los Hermanos de las Escuelas Cristianas se abrió el 29 de diciembre de 1916 con 90 alumnos de educación primaria y 14 internos, con lo que desde el inicio funcionaron ya dos grupos claramente identificados y separados: los alumnos del pueblo, externos, que asistían para adquirir una formación primaria, y los internos, alumnos de otras provincias que recibían formación como miembros futuros de la Orden. Pertenecían éstos al Juniorato o Aspirantazgo que permanecían aislados en el Centro sin relación apenas con el exterior y que, a veces, eran empleados como mano de obra en el campo. Tras superar esta fase pasaban a Cambrils (Tarragona) donde continuaban su formación.

El primer director de la institución lasaliana en Monreal del Campo fue el hermano T. Carlos, mientras que Cayetano José, junto a Roberto, fueron los auxiliares iniciales. A partir de 1920 se hizo cargo del Centro el hermano Alejandro Juan, que gozaba de gran consideración popular. El Ayuntamiento de Monreal, con posterioridad, dedicaría una calle del pueblo a este hermano.

El Colegio funcionó bien desde sus inicios y fue creciendo de tal manera que entre 1916 y 1930 más de doscientos adolescentes pasaron de Monreal del Campo al noviciado de Cambrils. El aumento de matrícula, especialmente del número de internos, y el mal estado de la antigua casa de la donante, obligaron a la construcción de un nuevo edificio en 1927 en el que colaboraron los vecinos acarreando piedra o como mano de obra gratuita.


El colegio durante la Segunda República

Las complicaciones llegaron con la Segunda República en 1931 y, especialmente, con la asunción del poder municipal de la izquierda a través del Partido Radical Socialista (PRS). Los Hermanos obtenían pingües beneficios económicos como usufructuarios de las tierras de la Fundación, ya que arrendaban parte de las fincas a cambio del pago de rentos por parte de los braceros. Sin embargo, a partir de 1931, acogiéndose a la Ley de Reforma Agraria, algunos de los arrendatarios se negaron, por primera vez, a pagar lo requerido, produciendose el consiguiente enfrentamiento. El Ayuntamiento tomó partido por los arrendatarios.

El elemento más importante de la crisis educativa tuvo que ver con la aplicación de la Ley de Congregaciones y Confesiones Religiosas, aprobada a principios de junio de 1933 y que en el artículo 31 rezaba: “El ejercicio de la enseñanza por las Órdenes y Congregaciones cesará el primero de octubre próximo para toda clase de enseñanzas, excepto para Primaria que terminará el 31 de diciembre inmediato. El Gobierno adoptará las medidas necesarias para la sustitución de unas y de otras”. En Monreal del Campo la marcha de las Hermanas del Amor de Dios así como la de los Frailes agudizó aún más la problemática educativa, ya que el sistema público no podía absorber el número de alumnos que la marcha de los Hermanos dejaban sin clase, puesto que aumentaba la cantidad a escolarizar y faltaban locales, aparte de los correspondientes maestros.

El Ayuntamiento, regido por Victoriano Górriz, tomó conciencia inmediatamente de la problemática y empezó a aplicar medidas de urgencia, como la constitución de la Comisión Mixta Local, nombrando a dos concejales (Eusebio Ramos y José Allueva) como vocales de dicha Junta y además, planteó la posibilidad de ampliar el número de unidades escolares tal como señalaba en un pleno: “El censo escolar de esta villa es tan inmenso y que solamente existen cuatro escuelas nacionales de ambos sexos, lo más acertado sería instruir un expediente solicitando la creación de tres escuelas unitarias de niños, tres de niñas y dos de párvulos”.


El colegio durante el Franquismo

Durante la Guerra Civil (1936-1939) el Colegio realizó las funciones de hospital, pero a finales de 1938 ya habían regresado los Hermanos, volviendo a instalarse en la localidad con el apoyo de las autoridades franquistas, siguiendo con la doble línea educativa: el internado para aspirantes y los externos, que eran los alumnos del pueblo de Educación Primaria.

El aumento de la matrícula hizo que en 1947 ampliaran sus instalaciones educativas con la adquisición de la denominada Casa de las Beltranas, hoy Biblioteca Pública y Museo del Azafrán, a cuyas aulas empezaron a asistir los chicos externos, mientras que el edificio antiguo se reservó para alojamiento y clases para los internos.

De sus actividades culturales, destacaremos las realizadas por la Asociación de Antiguos Alumnos, como la representación de obras de teatro, así como la puesta en marcha en 1955 de “Radio Monreal”, cuya programación, mezcla de religiosidad y de asuntos profanos, alegraba los hogares de la localidad.

A partir de la década de los setenta, diversos factores como la modernidad, la disminución de vocaciones o quizá la reorganización de la Orden (“motivos de régimen interno”, se decía en un escrito) influyeron para que los Hermanos se plantearan la salida de Monreal del Campo. Fue en 1972 cuando ofrecieron al Ayuntamiento la compra de la Casa de las Beltranas, incluido el patio, por el precio de 200 pesetas el metro cuadrado. La Corporación, “tras deliberar ampliamente el asunto” y considerando que por el momento resolvía el problema acuciante de aulas, acordó la adquisición de los locales para instalar allí varías clases de formación primaria.

Concluía así la presencia de los Hermanos en la vida monrealense, cuya huella se puede contemplar todavía en la capilla del Colegio, en sus puertas metálicas que conservan el nombre todavía o en el escudo que se ha conservado a la entrada de la antigua sede del Instituto “Salvador Victoria” con la estrella lasaliana de cinco puntas y el blasón de la fundadora: Ricarda Gonzalo de Liria.


Bibliografía