Ferrera (Ojos Negros)

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Despoblado medieval destruido por los castellanos en 1356 e incorporado al municipio de Ojos Negros.

El origen de la población de Herrera o Ferrera de Ojos Negros parece que estaría unido a la extracción y explotación de hierro, tal y como nos indicaría su nombre, explotación que se realizaba desde época celtibérica y que seguiría realizándose hasta bien entrado el s. XX. En torno a la ermita del Santo Cristo de Herrera, donde seguramente se encontraría situada la antigua aldea, se han encontrado un importante conjunto de escóriales , lo que confirmaría esta teoría.

Parece que el lugar adquiriría importancia desde los primeros momentos de la conquista cristiana de estas tierras, en el testamento de Ramiro “El Monje”, se mencionaba una Herrera que según Ubieto podría corresponderse con Herrera de Ojos Negros. En el testamento, Herrera aparece citado como uno de los límites de las posesiones del monarca con Castilla, dada la situación de Herrera de Ojos Negros justo en la frontera de Aragón con este reino y teniendo en cuenta que el hermano y predecesor del monarca, Alfonso I “El Batallador”, había conquistado todas estas tierras llegando hasta Cella, e instalado la frontera en la cercana localidad de Singra, es lógico pensar que ésta aldea pudiera corresponderse con la Herrera referida en el testamento. Aparte de ésta posible mención a Herrera en 1137, las primeras noticias que tenemos de la localidad estarían referidas a la explotación de sal en sus terrenos. Las salinas de Herrera serían explotadas desde época celtibera, siendo importantísimas durante toda la Edad Media y manteniéndose en funcionamiento hasta mediados del s. XX. En 1190 Alfonso II entregaba los diezmos de las salinas de Ferrería a Santa María de Perales , y un año después el Monasterio de Piedra poseería parte de las rentas que producían dichas salinas ; en 1269 a la Comunidad de Daroca se le especifica la cantidad de sal que podía tomar anualmente de las salinas reales, entre las que se las que estaban las de Herrera y las de su vecina Ojos Negros ; en 1274 García Ortiz de Azagra obtenía licencia para sacar y vender sal de las salinas de Herrera, que en 1294 rendían tanto como pagaban de almoneda . En 1376 las salinas de Herrera pertenecían a Juan Sánchez de Heredia, señor de Mora, que pagaba anualmente por ellas 61 sueldos a la iglesia de Santa María de Daroca ; unos años más tarde, en 1401 el señor de Mora se las vendería a la Comunidad de Aldeas de Daroca junto con el cercano lugar de Mierla por un precio total de 50.000 sueldos jaqueses.

Las salinas eran una regalía de la Corona con gran importancia económica, que en ocasiones la Corona donaba a monasterios u otras instituciones, este debió ser el caso de las salinas de Herrera, cuya relevancia parece estar atestiguada por la gran cantidad de documentación escrita sobre ellas.

Aparte de por la explotación de sal y de hierro, Herrera sería también muy importante por su condición de fronteriza; para la monarquía sería fundamental consolidar el dominio aragonés sobre este territorio fronterizo para lo que era necesario atraer y asentar población; tal vez por eso Jaime I en 1265 concedía a los habitantes de Herrera de Ojos Negros, el privilegio de poder pastar por los montes a perpetuidad, concediéndoles veda de hierbas y de conejos . Para atraer colonos a las zonas de Extremadura era habitual que los monarcas concedieran excepciones y privilegios, Herrera de Ojos Negros precisamente por su ubicación se encontraría muy expuesta a los ataques, los pillajes y las correrías, y la situación sería especialmente dura para la aldea y sus gentes durante los s. XIII y XIV, en un periodo en el que las relaciones entre los reinos de Castilla y Aragón estuvieron marcadas por las tensiones y la guerra. Sabemos por ejemplo que en 1390, en plena guerra, dos vecinos de Herrera cobrarían un dinero de las aldeas de Daroca por el tiempo que habían vagado por Castilla para averiguar donde estaban ubicadas las tropas que pretendían atacar a Aragón ; y ese mismo año, igual que al siguiente, la Comunidad de Aldeas pagaría a Juan de Herrera, vecino de la localidad, por mantener un caballo y armas a su servicio; esta institución remuneraba a los vecinos de sus aldeas que tenían caballo y armas para que estuvieran preparados en caso de un posible enfrentamiento bélico, cosa que por otra parte sería bastante habitual. Además, en la zona era normal que se refugiaran partidas de delincuentes y malhechores que podían hacer sus fechorías pasando fácilmente de un reino a otro; en 1270 Pedro III ordenaría al justicia de Daroca que reclamara a los oficiales de algunos lugares de Castilla por el ganado que se le había robado a Martina, vecina de Herrera, y que se había encontrado en dichos lugares . En 1291 el infante Don Pedro ordenaría a los jurados y consejeros de las aldeas de Daroca que se apoderaran de los bienes de todos aquellos almogávares de Herrera de Ojos Negros que habían robado y cautivado a ciertos vecinos de Tornos.


Caos, violencia y leyendas

Parece que el desorden, el caos y la violencia serían una constante en la localidad de Herrera y sus alrededores, así en 1350 Pedro IV escribiría a la reina Leonor, esposa del rey Alfonso IV, sobre las quejas planteadas por los súbditos de las aldeas de Teruel y Daroca, y en especial por los de Herrera, contra los abusos que cometían Lope Alfonso, alcalde del castillo de Ródenas, y su familia .

Quizás debido a todos estos hechos en torno a Herrera y sus habitantes se crearía una leyenda negra, que representaría a los vecinos del lugar como ladrones y bandidos, que robaban y desvalijaban a sus vecinos y a todo aquel que pasará por su territorio; y que explicaría la desaparición de Herrera como un castigo divino contra sus malvados e impíos habitantes. Según la tradición la población sufriría una fuerte epidemia y una serie de desgracias naturales que la dejarían asolada, sobreviviendo tan sólo la pequeña iglesia parroquial con la imagen de un Cristo y un devoto pastor, el cual tras realizar sus tareas acudía todos los días a rezar ante la imagen del Cristo, en cierta ocasión tras pasar toda una noche rezando ante la Sagrada Imagen por la mañana el pastor observó que las tierras que rodeaban a la iglesia estaban completamente inundadas y que se encontraba atrapado, el piadoso aldeano se salvaría gracias a la milagrosa intervención del Cristo que le cedería su banda para que sobre ella y sin peligro cruzará las aguas, conociéndose a partir de ese momento la imagen como el Cristo de la Banda.

Esta historia en donde posiblemente se mezclan algunos elementos históricos con la leyenda, se trasmitiría de generación en generación entre los vecinos de los pueblos, especialmente entre los vecinos de Ojos Negros que tienen especial veneración por la imagen del Cristo. La investigadora Alexia Hernández remarca que en las distintas versiones orales recogidas de la leyenda siempre prevalece el relato moralizantes y religioso, en ningún momento se recoge la guerra, seguramente la verdadera razón, como causa de la desaparición; nos dice además que el vinculo que establece Ojos Negros con la antigua Herrera se basa en la dimensión religiosa, para ellos el legado de aquellos moradores es el Santo Cristo de la Banda o de Herrera que se venera en la localidad.

La fecha concreta de la desaparición de Herrera se desconoce, en 1356 la aldea quedaría destruida y Pedro IV ordenaría a los supervivientes que se refugiaran en Ojos Negros y que su término se agregara al de éste lugar , pero la aldea no desaparecería en ese momento, puesto que volvía a aparecer en el monedaje de 1373 con 11 fuegos ; además sabemos por distintos documentos que en 1390 y 1391 todavía estaba habitada . Es posible que todavía lo estuviese en 1406, ya que sabemos que ese año ocupaba la rectoría del lugar un tal Nicolás de Ruvielos . Así pues podríamos afirmar que el poblado de Herrera desaparecería ya entrado el s. XV.


Pardina de la Comunidad de Aldeas

A partir de ese momento y seguramente hasta el s. XIX, Herrera de Ojos Negros se convertiría en pardina de la Comunidad de Aldeas de Daroca, a la que según Andrés y Valero se había incorporado como aldea en 1275 ; y permanecería arrendada a la vecina población de Ojos Negros, en cuyo término acabaría integrada finalmente.

Como ya hemos visto la tradición vincula el poblado de Herrera con la actual ermita de Santo Cristo de Herrera, en cuyo entorno se encontraría ubicada la aldea. El templo actual sería mandado construir por el Obispo de Tarazona, Bernardo Mateo, en el s. XVIII, y que se construiría seguramente sobre la iglesia parroquial del despoblado. Al templo acuden en peregrinaje los vecinos de Ojos Negros y Pozuel, que según la leyenda se disputarían la milagrosa imagen del Cristo tras la desaparición de la iglesia de Herrera , esta historia sobre la disputa de la imagen pudiera ser un reflejo de un posible enfrentamiento por los terrenos de la desaparecido poblado entre los dos pueblos vecinos, tal y como ocurriría con otras pardinas.

Así como podemos localizar la ubicación del caserío del pueblo de Herrera en torno a la ermita del Cristo de Herrera, también podemos localizar donde se situaría su dehesa, gracias a una concordia de 1560 en el que se amojona de la siguiente manera: “la otra defessa llamada de Ferrera era también antiquissima u de tiempo inmemoriables está limitada y mojonada por los limites y mojones que se sigue a saber principiando el primer mojón desde la hermita de Santa Cruz y de allí sigue al corralico de Domingo Moreno hasta cerca mojón de Castilla quedando paso para los ganados entre los mojones de Castilla u la dicha dehessa y de allí vuelve por los Cabezuelos de Peña Roquela por encima los comunales e la Fuent el Peral en la qual fuent ay abrevadero común aun que la dicha fuente dentro en la dehesa pueden todos comunmente avebrar en ella y de la dicha fuente sigue la dicha mojonación al Corral del Venerazo que es del concejo de Ojos Negros quedando dicho corral dentro de la dicha dehessa por el dicho coral sigue la dicha mojonación el Vallejo arriba a las meneras viejas de Aragón, de quellas meneras viejas sigue la dicha mojonación una senda que va a Villar del Saz hasta llegar al Corral del Avellanedo que es del dicho concejo de allí baxa a do dixen el Tormo que es una peña grande y de allí vuelve por los Navazuelos adelante al prado de los de Antón de la Tossa hasta llegar a la hermita de Santa Cruz donde está el primer mojón” . En la actualidad no encontramos ningún resto de la ermita de Santa Cruz ni tenemos idea de dónde se pudo ubicar, pudiera ser se refiriesen al Cristo de Herrera, pues el día de la Santa Cruz o día de Cruz de mayo es el día en que se celebra la tradicional romería a la ermita del Cristo de Herrera, tal vez antiguamente se denominará con ese nombre el templo, pero es imposible saberlo con certeza. Por otro lado sabemos a través de un documento de 1389 que la iglesia del lugar, al menos mientras estuvo habitado, se encontraría bajo la advocación de Santa María , y no de la Santa Cruz ni del Santo Cristo, por lo que la denominación de ésta cambiaría posteriormente.

Lo que sí se conserva con el mismo nombre es la también citada en la descripción, Fuente del Peral, que se encuentra cercana al Barrio del Hospital del Pueblo Minero de Ojos Negros; situada por tanto junto a las antiguas minas o la “meneras viejas” como se menciona en el documento de 1560, la fuente se encuentra cercana al término de Setiles y por tanto al mojón de Castilla. Según Kindelan: “los escóriales más notables se hallan cerca de la Fuente del Peral, término de Ojos Negros, donde existió el poblado de Herrera, del que aún quedas vestigios y restos de la iglesia, pudiendo señalarse el emplazamiento de los edificios que debieron ser ferrerías” . Además junto a la partida denominada como Herrera se conserva otra denominada los Aljibes que también aparece en el escrito de 1560 . Estos datos nos permiten ajustar más la ubicación del término del antiguo poblado de Herrera dentro del término actual de Ojos Negros.

Otros enlaces recomendados

Bibliografía

  • Rubio Martín, M. (2012): Despoblados y pardinas medievales en la comarca del Jiloca. Inédito.
  • Sanz Hernández, María Alexia (1999): Reivindicando la identidad comunitaria a través de ciertos dispositivos simbólico-religioso", en BIBLID, nº 18, pp. 149-160. [Descargar texto].