Fiestas de invierno en honor a San Simón y San Judas (Lechago)

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Archivo:Procesión SanJudas y Simon.jpg
Procesión con los santos Judas y Simón en Lechago

Las fiestas de invierno en Lechago se celebran el tercer fin de semana del mes de noviembre, aunque estas fechas de celebración no siempre han sido las mismas ya que, según cuentan los mayores, en origen se celebraban para octubre, en fechas cercanas al Pilar.

La fiesta se conocía entre los lechaguinos como "la fiesta votada" por el hecho de que para el Pilar en Lechago había mucha faena con la recogida del azafrán así como con la siembra; y para los Santos (28 de octubre), todavía más con la vendimia, pues en aquellos años había en Lechago entre 12 y 14 trujales. Con tal motivo se hizo una votación popular para elegir los días de las fiestas patronales y salió por mayoría absoluta el tercer domingo de noviembre, en que se honraría a la Virgen del Pilar y, el viernes y sábado anteriores, que se haría lo propio con los Santos (Judas y Simón). Respecto a la fecha de esta votación, poco es lo que podemos saber, aunque el informante afirma que su padre, nacido en 1873, ya conoció la fiesta en noviembre.

Eran cuatro días de fiesta más la víspera, dos de ellos conocidos como "la fiesta de los mozos", y los otros "la fiesta de los casados", organizados en cada caso por sendos colectivos.

Durante estos días era típico que los mozos acudieran a las bodegas y traujales para catar el vino recién prensado. Estas bodegas se convertirían más tarde en las conocidas peñas, que se decoraban con ramas de chopo, y en las que era costumbre tomar sopeta de vino con tropezones de melocotón y azúcar.

En la víspera

Los mayordomos, mozos encargados de organizar la fiesta y en número de dos, tenían que contratar la música y al predicador para los actos religiosos. Solían contar con el "Tio Caramba" de Cutanda, aunque ya se buscaban orquestas como las de Daroca, Aguarón o Encinacorba. La víspera de las fiestas que ir a buscarlos a la estación de Luco de Jiloca. Tras recoger a los músicos se calentaban en la hoguera, y se iniciaba un pasacalles con los músicos por el pueblo en el que los mozos pedían por las puertas dinero y tortas de todas las clases, que ensartaban en las baquetas de las escopetas. Esa noche se encendía una gran hoguera en la plaza a la que acudían todos para asarse algo y compartir tiempo y bailes.


En Lechago se cantaba lo siguiente: “Simón y Judas divinos/ ya os podéis alegrar/ que a la mañana vendremos/ y os sacaremos a roldar”.

Los días de fiesta

Por la mañana se hacía pasacalles con la música y después venía el almuerzo y enseguida a misa, a la que asistían los músicos con el bombo, tambor, trompeta, clarinete y saxofón. Recuerdan que durante la consagración sonaba el himno nacional.

En estas fiestas destacaban las ceremonias religiosas, con misas y procesiones todos los días. La procesión de estos días (al igual que la de San Bartolomé) daba la vuelta a todo el pueblo, mientras las del resto de días festivos eran más cortas. Marchaba primero la cruz (llevada por el monaguillo), seguía la bandera roja y, tras ella, la blanca y la azul (que ya ha desaparecido), a continuación el estandarte de la Virgen del Carmen y otro más pequeño llevado por un chaval de la escuela. Todos los elementos empleados en la procesión, menos la Cruz, se subastaban el día anterior y se concedían al mayor postor. De la peana de los Santos cada palo tenía un precio: 1º el palo derecho, 2º el izquierdo de delante, 3º el derecho de detrás y 4º el izquierdo del mismo sitio. Los que llevaban el santo se ponían de acuerdo para poner el rollo al santo y el pañuelo en la peana, marcando de este modo cada uno el palo que se había quedado.

Los dos días de fiesta con misa y procesión se sacaban las dos peanas de los santos y de la Virgen del Pilar. El día de los santos, viernes, era su peana la que marchaba primero, y detrás, cerca del cura, la de la virgen. El domingo era al contrario, primero la Virgen y los santos, siempre con su correspondiente rollo o roscón colgado, cerca del cura.

El pan bendito también se subastaba y repartía en la iglesia por cuatro zonas: por el lado derecho, considerado por los mozos como "el de las guapas" que, como es de suponer tenía el precio más alto; el lado izquierdo o "de las feas"; el tercero la zona de las puertas de la iglesia y la pila bautismal; y el cuarto la zona del coro.

La misa la hacía el párroco del pueblo y el sermón se hacía desde la "predicadera" (o púlpito) por parte de otro cura que se traía el día de los Santos y que pagaban los mozos, junto con el resto de las fiestas. Algunos años coincidió que eran pocos mozos y tenían poco dinero por lo que era más complicado, ya que los mozos priorizaban la música antes que el predicador...


La fiesta de los Santos (o fiesta de los mozos)

Eran dos días, el viernes y sábado, éste último denominado "la abuela", hasta las doce de la noche, momento en que la fiesta y la hoguera se trasladaban a la plaza del Pilar, junto al peirón, donde se celebraba fiesta el domingo y el lunes, en honor de la Virgen del Pilar (fiesta de los casados).


Fiesta de los casados

Eran dos días: el domingo y el lunes, que era "la abuela" de los casados. En ambos se festejaba y honraba a la Virgen del Pilar. Esos días se sacaba la orquesta del horno, la escuela, el ayuntamiento, o la casa del tio Domingo "el carpintero" y se llevaba a la plaza del Pilar donde seguía la fiesta, esta vez con los casados como organizadores.