Fuentes Rajadel, José Ramón

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José Ramón Fuentes

Jotero natural de Cella, enclave cabecero por el norte del Valle del Jiloca, entrelazado con las estribaciones de la Sierra de Albarracín, e iniciador de la amplia planicie que ha de extenderse hasta buena parte de la comarca de Calamocha. Su padre, de igual nombre, nació en Cedrillas y su madre, María Aurora, lo hizo en Villalba Baja. A ella, dedica su primer canto jotero con la exquisitez de esta letra: “Esta jota me cantaba, / al clarear de la luna, / mi madre, cuando lloraba /de pequeñico en la cuna”.

Contrajo matrimonio con Josefina Ortiz Salvador, con el fruto de estos cuatro hijos: Fernando, David, Javier y Ramón José. Es titulado y ejerciente en la disciplina paramédica de Osteopatía, fundamentada en esta fisiosicológica creencia: Todos los sistemas del cuerpo humano contribuyen a nuestro ser armónico, haciendo posible nuestro bienestar. A tal efecto, ejerce sus consultas en Teruel, Moncófar (Castellón), junto a dos de sus hijos, y Madrid.

Su condición profesional le hace ser intenso lector de diversos tratados conductuales, razón por la que admira y aconseja las obras del argentino Bucal, psicodramatista, y del hindú Anthoni de Mello, escritores de relatos legendarios fundamentados en la espiritualidad.

En el canto, se declara inicialmente favorable a toda copla española, manifestándose admirador de la desaparecida chipionera Rocío Jurado, destacada especialista de géneros españoles que constituyen complejos valores dentro del flamenco, la copla y la balada romántica. Le encanta también el género lírico y siente tal predilección por la guitarra que suena así su jota preferida: “Lleva mi guitarra mora /un ramo en el clavijero /y en medio las cuerdas gritan / el amor que yo más quiero”.

Como jotero conoce y domina todos los estilos, gustándole de especial manera las jotas bravas de cuidada letra. Las jotas de ronda le parecen la más bella expresión del cortejo, sobre todo si van adecuadamente adornadas con la galantería debida a mozas y ancianos, constituyendo magníficos recuerdos del lugar donde se nace, contribuyendo al sentimiento común y a la diversión enfervorizada. En su opinión, la rondalla, el baile y el canto joteros se sienten incondicionalmente armonizados por la eterna alegría que generan desde los comunes sentimientos que transmiten.

Los avances en coreografías los estima como función enriquecedora del baile jotero, despertando otras iniciativas para los componentes del cuadro de jota, entusiasmo en el público que las contempla y, cómo no, modernidad con el siempre atractivo signo de caminar hacia el futuro esperanzado.


Bibliografía

  • Hernández Benedicto, José (2010): La jota en el Jiloca: Cincuenta joteros por el valle. Calamocha, Monreal del Campo, Centro de Estudios del Jiloca.