Hernández Hernando, Calixto

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Canónigo, examinador sinodal, académico de la Pontificia, natural de Bello (1862?-1943).

Con bastante frecuencia sucede que, por muchas averiguaciones y pesquisas que se lleven a cabo sobre determinados personajes, poco o nada se puede añadir a las primeras reseñas que dejaron sus biógrafos. Sus libros parecen ilocalizables, y su memoria sepultada entre las toneladas de legajos y de polvo que almacenan muchos archivos oficiales y privados. Otras veces, las menos, un golpe de suerte puede dejar en nuestras manos un buen montón de información original sobre tal o cual persona de quien apenas teníamos alguna noticia fragmentaria y vaga. Y esto es precisamente lo que nos ha ocurrido en esta ocasión, en la que, el rastreo sistemático a que sometimos los fondos del Archivo de la Catedral de Valencia, nos procuró sin buscarlo directamente, todo un completo y pormenorizado "curriculum" de D. Calixto, del que solamente conocíamos los exiguos datos apuntados arriba y que proceden de Gascón y Guimbao.

Dado el rigor con el que son expuesto los méritos y el carácter cronológico que se ha seguido en la relación, sobre la misma trazaremos esta semblanza biográfica, aunque en algún momento pueda resultar excesivamente detallada.


Sacerdote en Aragón, Párroco en Cuba

Hijo de Ramón y de María Rosa, Calixto Hernández y Hernando nació en Bello sobre 1862. En el Seminario de Zaragoza realizó sus estudios de Filosofía, Teología Dogmática y Moral, alcanzando el título de Bachiller con la calificación global de sobresaliente, y el de Académico de la Pontificia Tiberina.

El 20 de septiembre de 1884 recibió el orden del presbiterado de manos del obispo de Huesca D. Honorio Mª Onaindía, y un año después era nombrado cura ecónomo de las parroquias de ingreso de Cañizar y La Zoma en la archidiócesis de Zaragoza, cuyos cargos desempeñó hasta el 1 de julio de 1886 en que pasó con igual categoría a la parroquia de Bádenas. El 25 de enero del año siguiente pasó a predicar haciéndose cargo de la de ascenso de Valderrobres.

Como viera que para entonces faltaban sacerdotes regulares en la isla de Cuba, solicitó de su superioridad el traslado a ultramar, cosa que le fue concedida por el cardenal arzobispo de Zaragoza D. Francisco de Paula Benavides, a la vez que reconocía que el de Bello "cuantos cargos difíciles desempeñó en la espinosa carrera parroquial, a pesar de su poca edad, lo hizo con gran celo apostólico e inteligencia". Así en diciembre de 1888 llegó a La Habana, y ya el 1 de enero era nombrado cura ecónomo de la parroquia de ascenso de San Pedro Apóstol de Quivicán en la diócesis de La Habana, y encargado a la vez del pueblo de San Felipe cuyas responsabilidades ejerció hasta el 29 de agosto del mismo 1889 en que fue nombrado con idéntica categoría para Santa Elena de Casilda, donde permaneció hasta el 6 de octubre siguiente.

Destinado entonces a la parroquia de ascenso de Ntra. Sra. de la Visitación de Baja, lo primero que hizo fue levantar de nueva planta el edificio de la iglesia a costa de grandes sacrificios. Delegado por su superior para la bendición de la misma después de agradecerle "su actividad y celo y desprendimiento para llevar a cabo tan importante obra", allí realizó su trabajo apostólico hasta que el 7 de mayo de 1895, ya como cura párroco, pasó a la iglesia de término de San Hilario de Guanajay, diócesis de La Habana, cuyo arciprestazgo disponía de un extenso partido pues contaba nada menos que con diecinueve parroquias. Meritoria debió ser igualmente la labor de D. Calixto Hernández, cuando su prelado pondera las "facultades especiales" que puso de manifiesto en los "cargos que desempeñó con celo, inteligencia y exquisita prudencia".

Con motivo de la guerra con los Estados Unidos, el 13 de junio de 1898 el Capitán y Gobernador Gral. de La Habana D. Ramón Blanco, lo nombró "por su desinteresado y acendrado patriotismo" Capellán Vicario de la 1ª División del 1º Cuerpo de Ejército, "cargo que desempeñó a satisfacción , sin desatender por ello el de cura párroco de término y vicario de Guanajay.

Con fecha de 20 de septiembre de 1898 fue condecorado con la Cruz de Primera Clase de la Orden Civil de Beneficencia, e ingresó en su 1ª categoría con motivo de la terrible epidemia variolosa que con grandes proporciones y gravedad se desencadenó en su parroquia. Efectivamente, desde abril del 96 hasta el año siguiente, hubo mas de mil quinientos afectados que fueron puntualmente atendidos por los servicios que organizó el párroco de Bello. Asimismo se ocuparía de los jefes, oficiales y soldados que a causa de la guerra murieron o fueron heridos en la citada villa, proporcionando casa y alimento a los necesitados, y dándose incluso el caso de: "Haberse levantado de la cama con fiebres, por la salvación de las almas y asistir a los variolosos, todo ello, sin descuidar las atenciones de su sagrado ministerio, y privándose de lo mas necesario para la vida por anteponer, con peligro de su vida, el bien de sus semejantes al suyo propio, actos heroicos realizados gratuita y voluntariamente y por cuyos méritos y servicios extraordinarios prestados a la Iglesia y a la Patria, le fue concedida (mediante expediente y juicio contradictorio) en Consejo de Estado, la Cruz de Beneficencia".

Destaca igualmente el hecho singular del decidido partido que tomó en defensa de los nativos, cuando veía sus derechos atropellados por los españoles, cuyas limitaciones no tenía inconveniente en denunciar y fustigar con toda energía.


Canónigo de Jaén, Badajoz y Valencia

Algunas opiniones acerca de su forma de ser las tenemos en el juicio que mereció al nuevo obispo de La Habana, D. Donato Sbaneti, que se nombró al abandonarse la colonia, para quien D. Calixto "desempeñó los cargos parroquiales de categoría con mucha discreción, celo e inteligencia, y a satisfacción de sus superiores, siendo trabajador, humilde y ejemplar en el cumplimiento de su deber".

A su regreso a la Península, en calidad de cura párroco y arcipreste de término repatriado de ultramar, desempeñó la capellanía de la iglesia pontificia de San Miguel de Madrid desde el 25 de mayo de 1899. Durante el tiempo que estuvo allí, "tanto por su puntualidad, como por su piedad ejemplar y buen comportamiento sacerdotal, se ha hecho merecedor de los mas sinceros elogios". El 19 de diciembre de 1902, por R. Decreto fue nombrado Canónigo de la catedral de Jaén ocupando la vacante que dejaba por defunción D. Domingo Maza, y tomando posesión el 16 del mes siguiente. En la ciudad andaluza estuvo hasta que en junio de 1904 obtuvo, en virtud de permuta canónica, idéntica prebenda en el obispado de Badajoz donde sustituyó a D. Emilio Corredor. Haciendo constar su anterior prelado, que el de Bello era "sacerdote de buena vida, y recomendables costumbres, y celoso en el cumplimiento de sus deberes".

En su nuevo destino fue varias veces designado para formar parte del Tribunal de Sínodo para Ecónomos, Tenientes Curas y Ordenados de mayores y menores. El 27 de abril de 1905 fue nombrado representante para asistir a los actos de la Coronación de Ntra. Sra. del Pilar de Zaragoza, al no poder hacerlo el obispo personalmente. El 3 de octubre siguiente, fue encargado Confesor de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Badajoz, en ausencia del ordinario. El 27 de agosto de 1906 por R.O., se dispuso le fueran reconocidos a Hernández y Hernando "condiciones para obtener cargos de los comprendidos en la cuarta categoría de Clero", por los "servicios extraordinarios prestados a la Iglesia y a la Patria" durante la campaña de Cuba.

Con "licencia de predicar, confesar y celebrar en el arzobispado de Zaragoza y obispados de Santander y Jaén, y hasta para confesar monjas en el de Tortosa y en este nuestro obispado; que es sacerdote de buena vida y recomendables costumbres, celoso en el cumplimiento de sus deberes, sin impedimento alguno canónico, y con licencias ilimitadas en este nuestro obispado y absolver de Sinodales". Pues bien con todas estas referencias, el 30 de agosto de 1907 por R. Cédula fue nombrado para canónigo de la catedral de Valencia.

Amplia fue también la labor que D. Calixto Hernández y Hernando desarrolló en el cabildo valenciano. De su extractada necrológica anotamos que fue Presidente de la Junta Diocesana de Defensa del Clero, y Vocal de las Juntas Provinciales de la lucha contra la tuberculosis y de Protección a la Infancia. "Tras grave enfermedad confortado con los santos sacramentos", falleció en Valencia el 2 de mayo de 1943. Tenía ochenta y un años de edad, y era el Canónigo Decano de la Metropolitana.

Para terminar, evocar las bellas frases con que se remata su necrológica, y que evocan cariñosamente su naturalidad aragonesa: "Era de carácter sencillo que a las veces se manifestaba con gestos infantiles y enérgicos como buen aragonés. De su celo apostólico dejó recuerdos imperecederos en las parroquias que regentó en la Habana, donde con frecuencia fustigaba las extralimitaciones de los españoles que iban a la isla, en defensa de la sencillez y piedad de sus feligreses. Al morir no dejó bienes de fortuna de clase alguna, después de haber llevado vida harto modesta".

Publicaciones

  • Historia de la Pasión de Jesús (Alcañiz, imprenta de Manuel Delgado, s/año). Posiblemente lo redactaría durante su estancia en Valderrobres sobre 1887.

Bibliografía

  • Jaime Lorén, José María y Jaime Gómez, José (2008): Catálogo de personalidades destacadas del valle del Jiloca. Publicación electrónica [Descarga del texto]
  • Archivo de la Catedral de Valencia: Documentos y legajos relativos a D. Calixto Hernández y Hernando
  • GASCON Y GUIMBAO, D. (1908): Relación de escritores de la provincia de Teruel. Zaragoza, pp. 106
  • Libro en donde consta el día, mes y año en que murieron los Ilmos. Sres. Arzobispos, Dignidades, Canónigos, Beneficiados y demás Oficiales de la presente Iglesia. Empieza en el año 1720 hasta 1957. pp. 117v-118v. Archivo de la Catedral de Valencia


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