Jaime Serrano, Fulgencio

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Abogado carlista. Se distinguió por sus condiciones de buen orador. Gran polemista. Natural de Calamocha (1839-1879).

Solo disponemos de los datos de arriba -que trae Domingo Gascón en su obra sobre los Escritores de la provincia de Teruel, donde concreta que escribió "Oratoria, periodismo político, manifiestos electorales. Polémica"-, para situar este antepasado nuestro entre los autores comarcales. A pesar de haber podido localizar su persona en varios hechos de armas del conflicto dinástico que enfrentó a liberales y tradicionalistas, no hemos conseguido confirmar las expectativas de diversos investigadores que lo incluyen entre los periodistas turolenses de la pasada centuria.

De nada han servido los repasos que hemos dado en la hemeroteca de Teruel a los periódicos de la época, en ningún momento hemos tenido la fortuna de encontrar alguno de sus artículos. Sin embargo, entre la correspondencia del general Marco de Bello, que celosamente guarda en San Martín su descendiente D. Jesús, se hallan varias cartas que van a servirnos para hacernos una idea aproximada de su carácter vehemente, así como de algunas de sus actividades políticas.

Secretario de la Junta Carlista

Según consta en los Libros del Archivo Parroquial de Calamocha, t. VII, pp. 280 vº, en esta villa nació Fulgencio Jaime Serrano el 16 de enero de 1838, tal como se lee en la partida correspondiente: "En la Iglª. Parrql. de Calamocha a diez y seis de Enero de mil ochocientos treinta y ocho: Yo el infrascripto Rgte. bauticé solemnemente segun lo dispuesto por N.S.M. Iglª. un niño nacido en dicho pueblo el mismo dia, hijo legítimo de Francisco Jaime y María Serrano, conyuges naturales y vecinos de Calamocha, se llamó Fulgencio, fue madrina su abuela materna Ana Moreno a quien advertí el parentesco espiritual, que habia contrahido y la obligacion de enseñarle la Doctrina Cristiana en defecto de sus padres, es el primero del matrimonio; y son sus abuelos paternos José Jaime de Calamocha, y Juana Ibañez de Lidón, los maternos Javier Serrano de Calamocha y Ana Moreno de Monreal. Y para que de ello conste lo certificamos y firmamos. Fr. Francisco Alcayne Rgte. y Miguel Estevan Cura".

Siguiendo con el repaso de los Libros Parroquiales, vemos como vivía con sus padres y con sus hermanos en la calle Los Santos hasta 1854. En la siguiente relación de parroquianos de 1856 ya no es mencionado, lo que nos hace pensar que entonces con sus 17 ó 18 años habría partido a estudiar fuera. Posiblemente en Zaragoza llevaría a cabo la carrera de Derecho, y de allí retornaría a ejercerla a Calamocha.

Desconocemos de por entonces mas noticias, si bien al plantearse al fallecimiento de Fernando VII la disputa sucesoria, desde el principio tomó partido por los intereses de D. Carlos, pues sabemos que en 1870 era Vicepresidente de la Junta Católica Monárquica del distrito de Calamocha.

Las siguientes noticias sobre Fulgencio Jaime nos llegan con motivo de las elecciones a diputados y senadores de abril de 1872, en que, a instancias de la Junta Carlista comarcal que presidía Carlos Rivera, se presentó candidato por la coalición monárquica a D. Manuel Marco y Rodrigo -mas conocido como el general Marco de Bello- para el distrito de Albarracín, que comprendía también toda la comarca de Calamocha. Como quiera que por entonces el gobierno liberal dominaba la situación en la provincia, donde el gobernador Tortajada venía a la sazón ejerciendo una fuerte presión en los ambientes rurales mas partidarios de los conservadores, difíciles se fueron poniendo las cosas para el candidato carlista que andaba entonces escondido para evitar represalias, y que a todos efectos estaba representado por su hermano Mariano.

Sea por los condicionantes del poder, sea por que fallaron algunos de los organizadores de la campaña, el caso es que ésta se presentaba con los peores augurios para los tradicionalistas. Así que, aprovechando la violenta irrupción de Tortajada en Monreal del Campo con la guardia civil -amenazando con fusiles a quienes votasen a Marco y llevándose presos a seis de sus partidarios-, para retirar dignamente la candidatura de éste y evitarse así el disgusto de una derrota cantada. De esta forma lo determinó Carlos Rivera en quien había delegado Mariano Marco, pero con tan mala disposición que oficialmente no llegó a constar el retraimiento, y finalmente la candidatura carlista entre unas cosas y otras recibió muy pocos votos. Y aquí vinieron a enfrentarse dos posiciones abiertamente enfrentadas, la de Rivera -que en el fondo llevaba el beneplácito de Mariano Marco-, y la de Fulgencio Jaime, a quienes apoyaban las bases de la comarca y la facción mas combativa del partido, que no aceptaban componendas ni retiradas tácticas. A D. Manuel Marco llegaron esos días electorales abundante correspondencia de unos y de otros, y entre ellos hay algunas de nuestro antepasado, como ésta que escribía el 4 de abril de 1872 y que empieza de esta guisa:

"Mi apreciable D. Mariano: Me vuelvo desde la entrada del monte de Santa Bárbara porque el espantoso aire frío hace q. no pueda hacer caminar a la caballería, quebrantándose mi salud, no restablecida todavía , y me he vuelto, repito, pensando ir mañana si hacía algo de mejor día. El objeto de mi visita a V. es manifestarle q. este distrito con la determinación q. ha tomado D. Carlos Rivera está lleno de luto y consternación. Cientos y cientos q. con tanto ardor y desenvolsos pecuniarios tenían también preparados los trabajos electorales, han sido defraudados en sus fundadas y seguras esperanzas. Ha desovedecido además a la Junta Central representante del augusto príncipe nuestro, y ha introducido entre los carlistas todos verdaderos el germen de la discordia y de la desconfianza ...".

Para el "gran polemista", como lo retrata Gascón, el origen de todo estaba en que Tortajada había planteado en Calamocha a Rivera por carta, que ascendería a su hijo Carlos uno o dos grados en su carrera de Estado Mayor si conseguía retirar la candidatura de Marco, o bien que en caso contrario lo haría preso. "Esto bastó, con un hombre tan tímido y pusilánime", para que enviara un propio a Albarracín con el encargo de escribir a Bello indicando las pocas posibilidades que había de conseguir el acta de diputado. Cosa que así se hizo y que terminó de predisponer a Mariano Marco a retirar a su hermano de las elecciones. Conseguido ésto tras los sucesos de Monreal, al ir a comunicarle a Fulgencio la decisión tomada, tuvo lugar un violento enfrentamiento que éste relata así:

"Yo me opuse al retraimiento y escribí mi dictamen q. dejé sobre la mesa en casa de D. Carlos, q. en sustancia dice que estoy en contra de Carlos Ribera, Pascual Paricio y Santiago Lucia sobre el retraimiento, y protesto de él ... No puede V. figurarse las miradas amenazadoras ... los improperios e injurias que me dirigían porque escribí ese dictamen y no transigía. Yo entonces, en actitud firme y resuelta, y sin soltar el papel ni la pluma dije especialmente a Pascual Paricio y Santiago Lucia: "que miradas son esas. ¿Piensan Vs. amedrentarme con esas amenazas, cuando no me hacen miedo las bayonetas ni los fusiles?", cogiendo al mismo tiempo el tintero para estampárselo en los sesos al primero q. huviera hecho la mas mínima acción contra mí".

Claro que tampoco podemos dejar de decir los argumentos de sus adversarios, para quienes era preferible abandonar el campo electoral antes de sufrir un descalabro en las urnas, y ello a pesar de los trabajos y desembolsos que llevaban realizados, así como de los contactos establecidos por todos los pueblos. Censuran el hecho de que Fulgencio se presentase el día de la elección a votar mientras decía en voz alta: "voto por D. Manuel Marco", tachando de traidores a los demás carlistas que no hicieran lo propio, y que, en definitiva, "Jaime, Arenas, Cupido, el Diablo (digno socio) y algunos otros, quieren a todo trance constituirse en cabezas del partido aquí". Incluso dejan entrever el posible interés de nuestro abogado por conseguir méritos que lo aupen a alguna magistratura.

Jefe de partida carlista

Sin embargo, no debieron de ser tan pragmáticos los ideales de nuestro antepasado cuando, al recibir los carlistas aragoneses y valencianos a los pocos días de los comicios la orden de levantarse en armas, Fulgencio Jaime será de los pocos y de los primeros en llevar a la práctica la fogosidad de sus ideas. Tal como recogen A. Pirala y otros cronistas de la época, en Monteagudo de Navarra se formó una partida carlista que entró en la provincia de Soria. El 22 de abril de este 1872 apareció en Calamocha una columna de 150 hombres mandados por Higinio Rodríguez y el cura de Bañón D. Francisco Herrero. Estas fuerzas, después de cortar la línea telegráfica, marcharon por Cutanda y Godos a Mezquita de Jarque a fin de alcanzar el Maestrazgo.

Por estos mismos días D. Fulgencio formó y capitaneó en el Campo de Bello otra partida que pasó a engrosar las tropas que habían llegado a Soria desde Navarra. Perseguidos y alcanzados por el capitán de la guardia civil Sr. Raposo en Cuevas de Agreda, tal como recoge Pirala: "Jaime fue cogido disfrazado por los voluntarios de Monreal. No era Soria país a propósito para llevar la guerra".

Como consecuencia de tan ajetreada y aventurera vida, falleció finalmente nuestro antepasado en Calamocha el 5 de agosto de 1879, tal como recoge oportunamente el t. VIII, pp. 136vº del Libro de Defunciones:

"En la Iglesia Parroql. de Calamocha a cinco de Agosto de mil ochocientos setenta y nueve, recibidos los Stos. Sacramento de Penitencia, Viático y Extremaunción q. le administré yo su Párroco, a los treinta y ocho años de edad murió Dn. Fulgencio Jaime, soltero, natural y parrqº de esta Iglesia, hijo legítimo de Francisco Serrano, y cumplidas las prescripciones de la Ley civil, de mi orden fue enterrado en su cementerio a toque sencillo. Y para que conste lo certifico y firmo. Fr. Miguel Roche, cura".

Lamentar la imposibilidad que hasta el presente hemos tenido para encontrar los encendidos manifiestos y proclamas políticas que al parecer redactó. Por último dejar constancia de su ardorosa personalidad, por estas frases que anotamos de una de sus cartas a los Marco, donde les cuenta como: "Mi pecho y mi cabeza han estado catorce días muy mal, pero hace cuatro q. me temía estallaran; anoche especialmente q. soñando cogí una espada q. tengo en la alcoba siempre, y gritando: traidores, puñeta, quien vá, acudió mi madre con luz y me encontró con la espada desenvainada en medio de la sala, se me pasó al momento el ensueño, pero mi pobre madre ha caido mala del susto".

Bibliografía

  • Jaime Lorén, José María y Jaime Gómez, José (2008): Catálogo de personalidades destacadas del valle del Jiloca. Publicación electrónica [Descarga del texto]
  • FERRER, M., TEJERA, D. y ACEDO, J.F. (1943): Historia del Tradicionalismo español. Sevilla, t. IX, pp. 137-138
  • GASCON Y GUIMBAO, D. (1908): Relación de escritores de la provincia de Teruel. Zaragoza, pp. 115
  • PIRALA, A.: Historia contemporánea. Anales de la guerra civil. Madrid, t. II, pp. 501