Música

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Coral "Angel Mingote" de Daroca
La jotera Teresa Pomar
Marcelino Plumed

La música ha sido una de las actividades artísticas más importantes del valle del Jiloca, sobre todo en las ciudades de Calatayud y Daroca. Fue impulsada desde la Edad Media por los numerosos centros religiosos que había en estas ciudades, pues todos intentaban tener sus propios organeros, además de recopilar y difundir diversos repertorios de música.

Edad media

En la Colegiata de Daroca se han conservado varios folios sueltos de un antifonario, que debían formar parte de un códice de gregoriano, que contienen desde la notación musical sin pauta hasta el doble renglón, datados aproximadamente entre los siglos XI y XII. También en otros documentos del siglo XIII se hace mención a una recompensa dada por el rey Jaime I a los juglares que actuaron para él en una visita a Daroca.

La iconografía medieval ha dejado muestras de la influencia de la música en Daroca. En el lienzo que representa la Coronación de la Virgen en el ábside interno de la iglesia románica de San Miguel pueden verse doce ángeles que tocan diversos instrumentos y en la Capilla de los Corporales de la Colegial pueden encontrarse varios ángeles con trompetas. En el Museo también pueden verse pinturas góticas que representan instrumentos antiguos y, en el propio órgano de esta iglesia, esculpidos en su antepecho, aparecen seis ángeles músicos.

En el tema de los órganos, hay que distinguir entre los organeros encargados de su construcción y mantenimiento, de los organistas o músicos. Algo similar sucedía entre los campaneros encargados de fundir las campanas, de los sacristanes y otros vecinos encargados de tañirlas.

Renacimiento

El nexo entre el Medievo y el Renacimiento puede fijarse en 1488, con el arreglo del órgano de la Colegial y la construcción de unos nuevos, todo realizado por Pascual Mallén. Coincide además que en este año se creó la cátedra de música de la Universidad de Alcalá, regentada por Pedro Ciruelo, también darocense.

Durante el siglo XVI la documentación es mayor y arroja sobre todo nombres y fechas de organistas y maestros de capilla, que desarrollaron su labor en el valle del Jiloca:

En los talleres de Guillermo de Lupe y su hijo Gaudioso de Lupe se contruyeron numerosos órganos.

Siglo XVII

El momento más álgido de la música de Daroca se produce en el siglo XVII, cuando todas las iglesias poseen su propio órgano y contratan numerosos organistas, adquiriendo algunos de ellos fama a nivel nacional.

El primer organista que debemos destacar es Pablo Bruna (1611-1679), conocido como "el ciego de Daroca". Su labor fue ingente, dejando numerosos discípulos:

En este siglo se forma como organista en Calamocha Jerónimo de la Torre, quien desarrolló su vida profesional en Valencia.

Siglo XVIII

La Escuela de Daroca continuó su labor y siguió dando buenos maestros en el siglo XVIII. Aquí se formó Miguel de Ambiela y Joaquín Martínez de la Roca y Bolea, naturales de Puebla de Albortón y Zaragoza respectivamente, pero desplazados a Daroca atraidos por su música.

En Cella nació en esta centuria Indalecio Soriano, maestro de capilla y compositor.

También encontramos en diversos pueblos dulzaineros y tamborileros que eran contratados por los concejos, cofradías o incluso algunas instituciones religiosas, con la finalidad de amenizar las fiestas populares, poner la música de los dances o acompañar a las procesiones religiosas, sobre todo cuando se bailaba junto a la imágen religiosa.

En Filipinas encontramos a Fr. Joaquín del Carmen, natural de Montón, organizando varios coros en las iglesias que dirigía como misionero.

Siglos XIX

La Desamortización de Mendizabal y las órdenes de disolución de las comunidades religiosas, provocó el cierre de las numerosas congregaciones existentes en el valle del Jiloca, con la consiguiente disminución de las rentas del clero y la desaparición de los organeros profesionales. El puesto de organero, con algunas excepciones, pasó a ser desempeñado por los sacristanes, maestros de escuela o personas con una mínima formación. La música religiosa, tan importante durante centurias en el valle del Jiloca, agonizó lentamente hasta desaparecer.

Desaparecido el papel de la iglesia en la formación de músicos, en la segunda mitad del siglo XIX aparecieron nuevas inquietudes melódicas de la mano de las Bandas de Música que se crearon en Calatayud y Daroca, recogiendo las aficiones de los vecinos (democratizando en cierto modo la música), aunque dirigidas en algunos casos por músicos profesionales. Destaca el talento de Pascual Marquina Narro, nacido en Calatayud y director de la Banda de Música de Daroca.

En algunos lugares aparecieron también Corales, relacionadas con la iglesia, caso del antiguo Coro de Infantes de la Basílica del Santo Sepulcro (Calatayud) o de carácter civil, ligadas a las Bandas de Música.

En los pueblos más pequeños, la música siguió relegada a unos pocos dulzaineros y tamborileros, vinculada en muchos casos a los dances y manifestaciones religiosas. Como compositores populares podemos destacar a Manuel Marina, maestro de Calamocha, autor del baile de san Roque de esta localidad.

Siglo XX

Banda sonora de la película

A finales del siglo XIX surge otro gran músico en Daroca, Angel Mingote, que sustituyó a su padre como organista en la Colegial de Daroca y se hizo cargo al mismo tiempo de la Banda municipal. Aunque continuó su profesión por Teruel, Zaragoza y Madrid, nunca se olvidó de su pueblo y tierra natal, recopilando en una gran obra el cancionero popular de la provincia de Zaragoza. Daria su nombre a la coral de Daroca, una de las más importantes de la centuria. En las últimas décadas destacaremos también los conciertos grabados con motivo del Festival internacional de música antigua de Daroca.

En el caso de las corales, la primera fue fundada en Daroca (Coral Angel Mingote), aunque a finales de la centuria surgieron otras en Calamocha y Monreal del Campo.

Todas las poblaciones tuvieron música popular más allá del ámbito personal o familiar; esto es, la música del pueblo y en vivo, como recurso social, fue un factor de importancia. Las clases más populares crearon sus propias músicas y letras, originando un interesante cancionero popular que ha dado lugar a un Archivo de Música Tradicional y Popular. Para las actividades festivas se recurría a músicos semiprofesionales, especializados en variados tipos de música popular. Surgieron de este modo las rondallas, bandas de música y grupos de gaiteros, que reunían un buen número de instrumentistas. A finales del siglo XX comenzaron las orquestas con un perfil más moderno.

Desde mediados del siglo XX la actividad musical que tuvo mayor repercusión fueron las escuelas de jota, las rondallas, los joteros y los grupos de baile folclórico creados en numerosos pueblos de Aragón.

Rock and Roll

El pop, el jaz o el rock también han influido en el valle del Jiloca, permitiendo la aparición de varios grupos musicales. Se podrían destacar los siguientes:

Críticos e historiadores de la música

Han sido muy pocos los estudiosos de la música del valle del Jiloca. A mediado de siglo pasó por el valle el experto norteamericano Lomax, Alan, quien realizó diversas grabaciones y estudios, incluyendo jotas de Monreal del Campo. Más recientemente, José María Moreno Rubio, director de la rondalla de Torrijo del Campo, ha realizado varios estudios y recopilaciones sobre la música popular del Jiloca.

Bibliografía

  • Mañas Ballestín, F. (2003): "Enseñanza, música y leyendas", en La Comarca del Campo de Daroca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, p. 229-245 [Texto completo]
  • Lahiez: La música tradicional en las tierras del Jiloca y Gallocanta: Cancionero. ADRI, Calamocha (Teruel), 2001.
  • Lahiez: La música tradicional en las tierras del Jiloca, Gallocanta y Alto Huerva: Segundo Cancionero. ADRI, Calamocha (Teruel), 2008.