Molino harinero (Navarrete del Río)

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El molino harinero de Navarrete del Río fue construido por el Concejo de la localidad en fecha indeterminada, posiblemente a lo largo de la Edad Media. Parece ser que fue abandonado a mediados del siglo XX. Actualmente no queda ningún rastro visible del molino, pues las ruinas fueron retiradas con palas y se limpió el solar.

Estaba localizado en la parte alta de la acequia de los Prados, junto a una huerta y cerrada que se arrendaban conjuntamiente con el molino, y cerca de los prados de la localidad.

La enagenación durante la Guerra de Sucesión

Durante la Guerra de Sucesión, para poder hacer frente a las contribuciones extraordinarias, el Concejo tuvo que venderlo en pública subasta. Tras obtener el pertinente permiso del marques de Castellar, se subasta y es adquirido el en marzo de 1714 por Nicolás Pedro Fiñol, rector de las parroquias de Bueña y Aguatón.

El comprador paga 980 libras por el molino, un huerto, una cerrada y una pieza situadas todas en la misma partida. Para aceptar la venta, Nicolás Pedro Fiñol impone unas condiciones muy duras al Ayuntamiento, que tiene que aceptar pues le apremia la necesidad financiera: No se puede fabricar otro molino en el término municipal, todos los vecinos tienen la obligación de ir a moler a ese molino, el Concejo se hará cargo de la conservación de la acequia y el azud y, finalmente, ningún particular ni el Concejo pueden impedir que llegue el agua a su molino. A cambio, debe permitir el riego de las fincas que hasta entonces utilizaban la acequia molinar

Pleitos por la propiedad del molino

En 1730 se declara nula la enajenación del molino. En una concordia firmada con los acreedores de Navarrete ese mismo año se determina que el Concejo recupera la propiedad del molino, huerto, cerrada y pieza, devolviendo el dinero que entregaron por ellas mediante un censal y una pensión anual.

Desconocemos si surgieron problemas financieros, si el Concejo pagó o no el censal o si las pensiones, lo cierto es que en 1740 N.P. Fiñol decide integrar el molino de Navarrete en el patrimonio de la Capellanía de Nº Sra. de la Antigua, en la iglesia de Armillas, vinculado a la obtención de rentas y a la consecución de los objetivos de la capellanía.

A partir de este momento los problemas entre los herederos de Fiñol y el Concejo de Navarrete del río fueron continuos. Los primeros argumentaban que el Concejo jamás luyó el censal, por lo que la propiedad seguía siendo particular. El Concejo afirmaba que devolvió el dinero de la venta entre 1730 y 1760, pero que Fiñol lo había dilapidado rápidamente, de manera que no había dejado nada a los herederos.

El pleito duró varias décadas. El lugar de Navarrete, temeroso de perder el pleito y que el molino fuera entregado nuevamente a la capellanía, mandó construir uno nuevo en los año 1775-1776, denominado "molino nuevo", junto al anterior.

El pleito entre los herederos de Fiñol y el Concejo de Navarrete se prolongó hasta el año 1792, cuando el juez falla a favor de los vecinos de Navarrete, confirmando la propiedad municipal.

Bibliografía

  • "Río Pancrudo. Afluente del Giloca", en Itinerarios del río Ebro y todos sus afluentes. Madrid, Fortanet, 1882, p. 441-445 [Texto completo]
  • Sánchez González, María Victoria (2005): "Los molinos harineros en el Jiloca y el Pancrudo durante los siglos XV y XVI", en Cuadernos del baile de San Roque, 18, p. 37-62 [Texto completo]
  • Archivo Histórico Provincial de Zaragoza. Pleitos Civiles: Demanda de D. José Antonio Trinchan, capellán de Armillas, contra el Ayuntamiento de Navarrete por un molino harinero. Año 1792. Sig. 3658/7