Río nuevo (Monreal del Campo)

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Archivo:Río Nuevo Monreal.jpg
Compuertas del Río Nuevo de Monreal

Desde el manantial de los Ojos de Monreal del Campo nace el Río Nuevo, que lleva las aguas al molino alto, de cuya balsa parte una acequia que lleva el agua a los diversos lavaderos que se encuentran en la localidad. Uno de estos lavaderos se presenta cubierto, siendo el más importante de la localidad, otro se encuentra en la misma acequia descubierto, y otro presenta un pequeño edificio para uso de la antigua vivienda parroquial. Tras utilizarse el agua en el molino alto esta continuaba hasta juntarse con el río viejo en el denominado Azud de los tablones, en la actualidad desaparecido, donde volvía a desviarse el río para surtir a las huertas y el molino bajo.

La construcción de la acequia del Río Nuevo debió constituir todo un revulsivo en el proceso de colonización agrícola del término de Monreal. La acequia partía de los Ojos, lo que sirvió para canalizar el agua que surgía del manantial evitando las inundaciones de muchos campos cercanos. En el tramo final de la acequia, antes de regresar al cauce viejo, se instaló un molino harinero. La fecha de construcción de este ramal es imprecisa, pues tenemos dos noticias de diferentes épocas ligadas al molino harinero:

  • Sabemos que en el año 1308 Jaime II concede a los hombres de Monreal licencia para construir un casal con función de molino, lo que nos podría dar una primera aproximación cronológica, aunque no sabemos si la obra se ejecutó o se pospuso en el tiempo .
  • En el año 1425 el Concejo de Monreal vende un solar a Ferrán Duran, vecino de Ojos Negros, para que construya un molino en la partida del salobral, camino de Villafranca. En este caso, ya es seguro que la acequia estaba construida .

Nos inclinamos a pensar en la segunda fecha como más aproximada, permitiéndonos datar la construcción del Río Nuevo en las primeras décadas del siglo XV. Noticias posteriores vienen a apoyar esta hipótesis. En el año 1458 el rey Alfonso V mandaba al Justicia de Aragón que obligue a deshacer los azudes que se han hecho en el nacimiento del río Jiloca y a desescombrar y limpiar los llamados Ojos del Jiloca, en Monreal, para que no se pierda el agua, pues repercute negativamente en los regadíos del valle del Jiloca . No sabemos exactamente a qué azudes se refiere, aunque posiblemente sean los del Río Nuevo. El enfrentamiento entre los municipios por el aprovechamiento del agua del Jiloca fue constante durante siglos, pues el incremento de los regadíos en Monreal y otras localidades cercanas repercutía negativamente en el caudal de agua que llegaba a Daroca y el bajo Jiloca, lo que levantaba continuas protestas de estos últimos lugares.

Volviendo al Río Nuevo de Monreal, posteriormente, también en época medieval, se amplió el trazado con un nuevo ramal, construyendo una pequeña acequia que atravesaba el casco urbano por el sector oriental. Estas acequias, integradas en parte en el casco urbano, permitían la instalación de abrevaderos y lavaderos, acercando estas instalaciones a las viviendas domésticas, además del riego de todos los campos cercanos a la localidad hasta la ermita de San Juan, desde donde regresaría el agua sobrante al río madre.