Celtiberia

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A partir del siglo V, el crecimiento demográfico, el desarrollo de la metalurgia y el aumento de los intercambios comerciales bajo la influencia greco-púnica, acabarán influyendo notablemente en los pequeños pueblos y aldeas del Sistema Ibérico, hasta entonces ferozmente independientes unos de otros y cerrados a las influencias exteriores. La apertura fue progresiva. Lentamente se incorpora el torno para la cerámica, la moneda, el alfabeto y ciertas mejoras técnicas, sociales y económicas, entre otras la aparición de productos importados en los yacimientos y la popularización de las herramientas de hierro.

Esta lenta aculturación o iberización de un substrato indígena bastante cerrado en sí mismo, procedente de los poblados existentes en la Edad de Bronce, enriquecido con las aportaciones indoeuropeas de los Campos de Urnas, muy conservadores de sus peculiaridades locales, todos ellos con orígenes y costumbres centroeuropeas, dará lugar a la formación de la sociedad celtibérica. La aparición de las ciudades fue una consecuencia inevitable del desarrollo tecnológico y del aumento de la complejidad social. Y con las ciudades entraron también en escena las primeras estructuras estatales y la administración centralizada, unas características que, con las lógicas variaciones y matices, se mantendrán vigentes hasta nuestros días.

Según las fuentes clásicas (Polibio, Apiano, Tito Livio, etc.), dentro de la Celtiberia se podían distinguir varios grupos o etnias: turboletas, ólcades, lobetanos, belos y belaiscos, titos, lusones, berones, arevacos, pelendones y vacceos. La situación geográfica de estos pueblos varía en función de la interpretación que realizan los historiadores de los textos, ya que la arqueología apenas ayuda a distinguirlos. Al mantener innumerables afinidades culturales los restos apenas pueden ser singularizados. También hay que tener en cuenta su particular evolución a lo largo de la historia, lo que conllevaría la desaparición de algunos pueblos y su sustitución por otros.

Las etnias celtibéricas, a diferencia de los poblados del Bronce-Hierro I, aparecen organizadas alrededor de las ciudades, resultado de un proceso de concentración de la población en ciertos núcleos durante los siglos V y IV a.C. Estas ciudades-estado poseían entidad política autónoma y, desde su núcleo urbano, comenzaron a organizar y explotar económicamente un amplio territorio salpicado de numerosos asentamientos rurales. Las fuentes clásicas mencionan su existencia, y citan el nombre de algunas de ellas, una lista que ha podido ser ampliada con la documentación indígena, sobre todo por la numismática: Numancia, Segontia, Segeda, Contrebia, Uxama, Nertóbriga, etc. Sin embargo, aun siendo estas ciudades el núcleo central de una estructura estatal, la separación entre este mundo urbano y el rural circundante no es tajante. Las elites celtíberas podían residir en la ciudad o en cualquiera de las aldeas que la rodeaban. Los templos religiosos se solían localizar fuera de las ciudades, construidos a modo de santuarios en medio del campo. Tampoco se observa una división clara del trabajo entre ciudad y periferia, apareciendo numerosos artesanos en los pueblos, y barrios agrícolas en las ciudades

Según indica Francisco Burillo, los valles del Jalón y del Jiloca, incluida toda la cuenca del Pancrudo, estarían ocupados por los belos, organizados alrededor de una ciudad, Segeda, situada en Belmonte de Calatayud . Otros historiadores como Schulten a principios de siglo o P. Bosch en la postguerra situaron a los lusones en este mismo territorio, ubicando su ciudad, Contrebia Carbica, en las inmediaciones de Daroca , pero nunca se han encontrado restos arqueológicos que demuestren esta teoría.

En el término municipal de Cutanda existe un yacimiento celtíbero de carácter rural en el Barranco del Hocino, próximo a la cueva del Santísimo, en donde se hallaron dos fragmentos de cerámica ibérica mezclados con materiales líticos . Sin embargo, el poblado principal se encontraría en pleno núcleo urbano de la actual villa, en el Castillo, como muestran los restos de materiales ibéricos allí localizados . Las posteriores ocupaciones y fortificaciones han provocado la completa desaparición de las huellas que pudieran dejar estos primitivos pobladores, aunque si quisiéramos hacernos una idea de su posible aspecto, no sería muy diferente del que se puede observar en El Castillejo de Lechago, un pequeño poblado en la cima de una loma rodeado de una fuerte muralla defensiva.

La sociedad celtíbera, fuertemente influenciada por la cultura ibérica, pero defensora de las costumbres y tradiciones heredadas de los antiguos pueblos celtas, se opondrá con todas sus fuerzas a la ocupación romana.


Bibliografía

Polo Cutando, Clemente y Villagordo Ros, Carolina (2003): "Celtíberos: los Poblados Fortificados y la explotación del hierro en Sierra Menera", en Comarca del Jiloca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, p. 79-87 [Texto completo]