Cofradía de Todos los Santos (Cutanda)

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La cofradía de Todos los Santos surge en el año 1632 por unificación de las antiguas cofradías de la Sangre de Cristo, San Bartolomé, San Vicente Martín, San Fabián y San Sebastián, y San Blas, que desaparecen. Se trata de una agrupación destinada a facilitar el “buen morir” de sus asociados, influenciada por el concilio tridentino, y que centra sus actividades en los entierros y en la festividad de Semana Santa, al estilo de las que podemos encontrar en otros pueblos del valle del Jiloca .

Para su organización se nombraban cada año dos mayordomos y un prior. Este último cargo deberá recaer en un sacerdote que sea miembro de la cofradía, ya que quedará obligado a celebrar un número determinado de misas en las capillas de San Antonio Abad, San Fabián y San Sebastián, San Blas y el Santo Cristo, además de otras en la ermita de San Vicente Mártir, todas ellas en compensación por la desaparición de sus respectivas cofradías. También se elegía a un “pejostre” que llevaba la bandera y un contador para portar el Santo Cristo en todas las procesiones y entierros.

En el caso de que un hermano cayese enfermo y no tuviera la asistencia necesaria de su familia o amigos, el prior nombraba a dos cofrades para que le asistieran de noche, siendo sustituidos por otros dos al días siguiente y así sucesivamente. Si se moría, el prior debía celebrar una misa cantada. La cofradía poseía 12 cirios y varias velas que eran usados en las misas de difuntos. Era obligación que todos los hermanos acudieran a los entierros, bajo pena de 6 dineros.

La fiesta mayor de la cofradía se realizaba el domingo más cercano a San Mateo. Los mayordomos y el prior quedaban obligados a traer un predicador de fuera de la localidad para que dijera un sermón, tal y como era habitual en los días más señalados. El día de la Virgen de Pelarda se organizaba una procesión a la que era obligatorio acudir.

La financiación de la cofradía se obtenía mediante las cuotas que pagaban los asociados al entrar, 5 sueldos en el año 1632, y los espirituales que se cobraban todos los años. Otra parte del dinero lo obtenían mediante el trabajo comunal de un campo próximo a la ermita de San Juan.

La cofradía debió funcionar bastante bien, ya que en el año 1832 había ampliado sus posesiones con cuatro campos y un pozo de nieve, pero ya no eran trabajados en comunidad por los asociados sino que se arrendaban al mejor postor. En el año 1836 serán vendidas todas sus propiedades para hacer frente a las exigencias militares de los carlistas. Los últimos datos que se conservan sobre la cofradía pertenecen al año 1910, desconociendo si continuó funcionando tras esta fecha o se disolvió .