Carnaval de Torrelacárcel
La celebración del carnaval tradicional en Torrelacárcel, como en muchos otros lugares de Aragón, debió sufrir un parón con la Guerra civil, tras la cual y, en el contexto de la posguerra, hubo unos años en los que se impuso la obligación de ir con la cara descubierta. La guardia civil se encargaba de mantener este precepto a raja tabla, denunciando a veces incluso yendo con la cara descubierta. Esto provocó que la gente dejara de disfrazarse y, cuando las denuncias cesaron, de nuevo volvieron a salir como antaño, hasta que la despoblación y falta de personal en el pueblo volvió a provocar su interrupción en los años 60-70.
Ese carnaval tradicional de Torrelacárcel perdido hace más de 30 años, se recuperó en el año 2008 por parte de la Asociación Cultural Azud, volviéndose a utilizar los característicos disfraces de mascaras o mascarones y de viejas.
Duraba tres días: del domingo al martes de carnaval, en todos ellos se salía disfrazado, bien de forma individual o por cuadrillas. El carnaval de antaño era más grande y más festivo, había más personal en el pueblo y todos se disfrazaban, habiendo muchos tipos de disfraces, desde los más elegantes a los más sencillos, siempre variables cada año (excepto los mascarones), cada uno se ponía lo que quería dándose el caso de los hombres vestirse de mujeres y las mujeres y hombres, se salía con burros, caballerías,... había incluso cabezudos. Algunos recuerdan a María la ventera, que solía disfrazarse a menudo.
El miércoles de ceniza se finalizaba el carnaval, aunque todavía parece que algunos seguían manchándose con la pelleta, sobretodo los más jóvenes. Algunos informantes apuntan que se iba con las talegas al horno a recoger ceniza que se echaba al personal, no a la cara, sino al cuerpo. Ese día, siguiendo la tradición cristiana, se iba a misa para recibir la imposición de ceniza: "Polvo eres y en polvo te convertirás".
Las comparsas de mascaras o mascarones iban vestidas de blanco, generalmente con unos calzoncillos o un pijama y una chambra o camiseta, con un cincho a la cintura del que colgaban cencerros o esquilos, una chepa hecha con aliagas y una zurriagas o látigo para perseguir a mayores y pequeños. Antiguamente se pegaba a los encorridos, aunque si te subías a una ventana podías evitarlo. Estos personajes se ponían caretas de plástico y salían todos los días, pero siempre de parte tarde. Los chicos corrían y gritaban: "que vienen a untanos con la pelleta".
Las viejas iban vestidas de negro, generalmente con ropas viejas o en desuso que sacaban de los viejos arcones, en la actualidad llevan máscaras y un palo. Este personaje parece menos popular que las mascaras.
Antiguamente además de las caretas, que también las había, eran de plástico, se pintaban la cara con hollín mediante la conocida como pelleta (trozo de piel de res ovina), y se utilizaba la expresión "ir a untar de pelleta". Precisamente de esta costumbre o práctica de tiznar las caras con hollín o forguín, generalmente procedente de los culos de las sartenes, procede el nombre de mascarón. Estos personajes marchaban en comparsa por la calle manchando las caras de todos aquellos que se encontraban por el camino, fundamentalmente a chavales y jóvenes. También solían ir al horno para ponerse perdidos de harina, se abandonaba mucha esos días.
El carnaval más famoso de la zona era el de Villafranca, al que algunos han acudido en ocasiones.
Había mucha gente en el pueblo y salían todos, incluso los más viejos. Eran unas fiestas muy grandes y divertidas, que la gente mayor recuerda con cierta añoranza, con la inevitable comparación con la actualidad en la que, insisten, "no es lo mismo", la despoblación y el envejecimiento han provocado que estas prácticas no tengan la relevancia de antaño, pese a que no dejan de ser buenas iniciativas que revitalizan nuestros pueblos en los duros meses invernales.
Se hacían buñuelos el martes de carnaval, y se comía lo que había en casa, generalmente relacionado con productos de la matanza (judías, garbanzos,...)
Tras su recuperación podemos decir que la comparsa está formada por dos tipos de personajes fundamentales: mascarones y viejas.
Los mascarones van con máscara, vestidos con marianos y camiseta de felpa de color blanco, joroba (antes con aliagas, ahora con almohadones), cencerros colgados de un cinturón, que hacen sonar al saltar y correr, y látigo en mano con el que persiguen y asustan. Las viejas con máscara, ropa oscura: saya, mantón, delantal y medias negras, y una vara o palo en la mano con el que persiguen a la gente.
La comparsa se inicia con el disfraz conjunto del grupo de gente en el pabellón de la localidad. Tras ello, se inicia un recorrido por las calles visitando las casas habitadas del pueblo, donde les gratifican con pastas, buñuelos, mistela e incluso vino y cerveza.
Bibliografía
- "Carnavales de Torrelacárcel", La magia de viajar por Aragón, 75 (enero-febrero 2013), pp. 50-51.


