Chopo negro

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Chopera en el Pancrudo
Chopera del puente de San Miguel

En las zonas de clima frío y seco, pero de relieve suave de la cordillera Ibérica, como es la comarca del Jiloca, los bosques de pinares son poco representativos. Por ello, secularmente, ha habido problemas de abastecimiento de buenas vigas de madera para la construcción de viviendas y de otras edificaciones rurales. Sin embargo, el chopo (Populus nigra) es una especie común en sus riberas, y aunque la madera de su tronco no alcanza las cualidades de la del pino, puede ser empleada como vigas, por ser ligera y resistente. Con una gran ventaja, pues cuando su tronco es cortado a cierta altura del suelo, produce varias ramas que nacen de un mismo nivel, que al crecer muy rectas, son adecuadas para su uso en albañilería; y tras su desmoche, vuelve a repetirse el proceso en turnos relativamente breves sin tener que volver a plantar un árbol.

Así, el cultivo del chopo para la producción de vigas tras la poda (escamonda) de sus largas ramas ha sido un aprovechamiento forestal que ha dado lugar a unos árboles añosos de tronco muy grueso que, a unos cuatro metros de altura, originan un conjunto de ramas que pueden alcanzar quince metros de longitud. En las comarcas del sur de Aragón son conocidos como chopos cabeceros.

Alrededor de estos árboles hay toda una cultura tradicional de gran interés. Su cuidado y, sobre todo, la extracción de las vigas en altura requería habilidad pues era una actividad difícil y arriesgada. Otros usos complementarios eran la producción de leñas y de forraje para el ganado. Estos bosques de ribera han sido humanizados por la mano del pastor, transformándose en auténticas dehesas, en las que los chopos crean con su sombra prados frescos y junqueras, en las que pasta, sestea o trasiega la oveja.

El cultivo y la extracción de las ramas de los chopos cabeceros han debido ser una actividad muy antigua. Su vigencia se mantuvo hasta los bruscos cambios sociales y económicos acaecidos durante la segunda mitad del siglo XX, en los que la mano de obra rural ya se hace escasa y, por otra parte, las nuevas técnicas de construcción sustituyen las vigas de madera por las de hormigón. El abandono de la escamonda limita el vigor de los árboles, haciéndolos vulnerables al viento y a las sequías, volviéndose entonces decrépitos.

Como consecuencia de esta actividad nos ha llegado a nuestros días una amplia red de choperas que se adapta al conjunto de ríos y de ramblas que surcan los montes y campos, tanto en la cuenca del Jiloca y del Pancrudo, como en la del Cámaras y en la de la Huerva. La presencia de estos enormes árboles contrasta con el entorno deforestado de campos de labor y de pastizales. El verdor y la sombra de estas choperas juegan el papel de los oasis en estos páramos ibéricos durante el rigor estival. En otoño, el amarillo de su fronda ofrece un sorprendente contrapunto a los tonos pardos dominantes; hasta que tras su caída, deja a los árboles desnudos en la soledad y el silencio del invierno. Siempre, su verticalidad contrarresta las líneas horizontales de los amplios y abiertos valles y altiplanos.

La contribución del chopo cabecero al paisaje comarcal es decisiva. Y es sabido que el paisaje en el que se desenvuelve un pueblo condiciona buena parte de su carácter, de su manera de entender la vida. Pero, al margen de su valor antropológico, estos ambientes rurales de secanos, vegas y viejas arboledas tienen un enorme potencial económico en una sociedad en la que los paisajes agrarios de calidad van a tener una creciente demanda como recurso turístico. El reto radica en nuestra capacidad de poner en valor este recurso cultural y ambiental.

El chopo cabecero es además el asiento de una sorprendente biodiversidad. En la base del tronco no faltan musgos si el ambiente es húmedo; en las ramas y cabezas se instalan líquenes epífitos que colorean en verdes y amarillos sus cortezas; de los huecos de los árboles debilitados crecen setas de chopo y panes de picaraza; los troncos de otros árboles rezuman un líquido sobre el que crecen clorofíceas, diatomeas y otras algas que, a su vez, son consumidas por protozoos, nematodos y larvas de insectos, auténticas cadenas alimentarias. En las hojas, raíces, tallos y tronco toda una pléyade de insectos transforma la biomasa vegetal y participan en una compleja red trófica en la que intervienen, en especial, una amplia gama de aves insectívoras. Algunos animales muy vinculados a estos árboles son escasos (pico menor) o están incluidos en catálogos de especies protegidas (ciervo volante). En otros casos, su valor ecológico estriba en que representan el refugio o el lugar de cría a especies que se desenvuelven mayormente en medios abiertos, en los que no encuentran condiciones adecuadas. Es un ecosistema de frontera, de enorme valor, de múltiple interrelación con el río, la huerta, los amplios secanos y pastizales contiguos.

Estos árboles son el resultado de una aprovechamiento forestal integral y sostenible. Y en ellos se aúnan valores culturales y medioambientales, siendo un componente del patrimonio colectivo de nuestra comarca. Así, es innegable su importancia como recurso etnológico, paisajístico y ecológico, y es además un elemento de identidad de este territorio.

Pero los tiempos van cambiando. El abandono de la escamonda amenaza a las choperas y este inestable equilibrio, sustentado en la gestión artesanal de siglos, comienza a desmoronarse. A ello se suma, su sustitución por chopos canadienses, las obras de canalización de acequias, las concentraciones parcelarias o los trabajos de “limpieza” de riberas.

Tiempos nuevos, situaciones nuevas. Es difícil y complejo, pero habrá que idear propuestas que estimulen el cuidado y la conservación del chopo cabecero, mediante el incentivo económico para que los propietarios mantengan la escamonda a través de una Política Agraria Comunitaria. Hay otras fórmulas, como la creación de parques fluviales como recurso turístico, con precedentes próximos en el Guadalope y Albarracín. Pero, en nuestra opinión, la comarca del Jiloca debería llevar la iniciativa de promocionar en sí mismo este patrimonio y comenzar su difusión para aprovecharlo en el marco de un emergente turismo cultural y ecológico, mediante la creación de rutas específicas, centros de interpretación y otras iniciativas culturales.


Bosques más interesantes

Bibliografía

  • Bellido Luis, Teresa y López Navarro, José Ramón (2008): Estudio ecológico, etnobiológico y paisajístico de los chopos cabeceros en el valle del Jiloca. Descargar texto
  • Herrero Loma, Fernando (2004): El chopo cabecero (Populus Nigra L.). Cartografía y estudio de la población actual en los bosques de ribera de la cuenca del río Pancrudo. Propuesta de Gestión. Descargar texto

Otras web

  • Espacios naturales de la comarca del Jiloca. Recurso electrónico elaborado por los alumnos del IES Valle del Jiloca.
  • Diario de un paisaje, página web elaborada por los alumnos del Instituto de Educación Secundaria Valle del Jiloca.