Construcción

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Fábricas de yeso

A finales del siglo XIX, demandado sobre todo por el crecimiento del mundo urbano que comienza a enlucir todas las paredes y techos de las viviendas, los vecinos de Bañón, Torre los Negros, Cutanda, Barrachina, Ojos Negros y Navarrete comienzan a explotar los yesos o “piedra de aljez” tan abundantes en el valle del Pancrudo.

El material obtenido se trasladaba a los hornos construidos al pie de la cantera, con forma de pequeñas casetas, levantados con piedras calizas unidas con arcilla o argamasa. En su interior se amontonaban dos o tres hileras de aljez, separadas entre sí, dejando huecos lo suficientemente anchos para, con un gancho de hierro, poder introducir las aliagas y sabinas que actuaban de combustible. Estos hornos se mantenían encendidos durante unas doce horas para lograr una cocción completa, hasta que el aljez quedaba completamente deshidratado y convertido en yeso. Posteriormente se cubría el techo del horno con un palmo de tierra y se tapaban las bocas de los fuegos para que perdurara el calor el mayor tiempo posible, hasta que pasados uno o dos días se abría el horno y se extraían el yeso cocido.

Las hornadas de yeso cocido eran transportadas al pueblo, y allí, en las eras y patios, se procedía a su molienda. En un principio se realizaba con mazos metálicos, desmenuzando lo máximo posible las piedras, para después extenderlas y aplastarlas con rollos cilíndricos de piedra, movidos a veces por mulas que rotaban alrededor de un eje central. Si alguna piedra no podía fragmentarse por haber quedado muy dura a causa de una deficiente cocción, se retiraba de la era para incorporarse a la siguiente hornada. Al final se lograba un yeso más o menos fino que era purgado mediante cribas, separando los trozos más grandes que serán nuevamente rollados en otro momento.

En la década de los treinta se empezó a sustituir el rollo de piedra por una trituradora eléctrica, apareciendo las primeras fábricas de yesos. En el año 1945 funcionaban dos pequeñas fábricas en Cutanda y Navarrete, apareciendo posteriormente otras en Bañón. Utilizaban para la molienda motores de combustión interna muy pequeños, con una potencia que no superaba los 5 C.V., produciendo entre las dos primeras localidades 540 metros cúbicos de yesos al año. Daban trabajo a 7 obreros. La industria de Bañón será la que más tiempo perdure en el tiempo, estando en explotación todavía en 1973.

Caleras

El proceso de fabricación de la cal era muy similar al empleado para el yeso. Se encontraban hornos de cal en muchas de las localidades del valle del Jiloca, pero siempre para una explotación no industrial y prácticamente de autoabastecimiento. El cambio en la construcción, sustituyendo el empleo de la cal por el del cemento hizo que estas pequeñas explotaciones cayeran en decadencia, dejando de trabajarse a mediados del s. XX, sin haber llegado a constituirse ninguna fábrica que explotara esta producción industrialmente.

Tejerías

Prácticamente en todas las localidades de la comarca del Jiloca existían hasta principios del S. XX pequeñas tejerías para la fabricación de los materiales de construcción de la localidad. Muchas de estas tejerías han desaparecido sin dejar apenas restos. El proceso de fabricación tradicional de la teja consistía en la extracción de las arcillas, sacándolas de la cantera y dejando que se secara la tierra. Después se transportaba hasta la era, ya que las tejerías contaban con un cobertizo, un horno y una amplia era para dejar orear la teja antes de la cocción. En la era se extendía la tierra, para después realizar un apisonado con un mayo de madera. Tras esto la tierra se cribaba para eliminar las piedras existentes para a continuación mojarla y amasarla en una pila. Realizado el amasado se procedía a la elaboración de las tejas propiamente, utilizando un molde con forma trapezoidal para una vez dada la forma en plano, transportar la teja mediante una cuña que era la que daba la forma definitiva y curva a la teja. Las tejas se disponían en la era para su oreo contiguas unas con otras, de forma que no se aplanasen. Para evitar que las tejas se pegasen a la superficie de la era, esta previamente se había espolvoreado con una mezcla de cenizas y tierras. Una vez que se tenían las suficientes tejas como para llenar el horno, este se encendía durante más de un día para conseguir la dureza suficiente para las tejas. Después se tapaba la entrada de aire dejando que el horno se enfriase poco a poco.

Este proceso de producción servía para un sistema prácticamente de subsistencia y artesanal pero no para la comercialización de los productos de forma industrial. Será ya entrado el XX cuando se crearon tejerías con una función industrial, con una mayor capacidad de producción. Se emplearán en estos centros productivos máquinas trituradoras y hornos de grandes dimensiones de los que destacan las altas chimeneas que consiguieron aumentar el poder calorífico de los mismos. El funcionamiento cambia, ya que es la propia máquina la que por un lado amasa la arcilla, empujándola hasta un orificio por el que sale la pasta moldeada que es cortada por otra máquina contigua que dispone de un alambre para dicha función. Para realizar teja o ladrillo no hay más que cambiar la pieza con el orificio de salida de la masa. Los hornos de estas tejerías también introdujeron grandes novedades, permitiendo un funcionamiento continuo aumentando la producción.

En Calamocha se conservan dos tejerías, ejemplo de las diferentes formas de explotación. La primera industria con capacidad productiva significativa fue la creada por la familia Tello. Posteriormente se creo otra en Navarrete. Todas ellas conseguían la arcilla necesaria para su producción de la cantera de Navarrete.

La tejería Tello en la Estación Vega en Calamocha presenta planta rectangular, de dos pisos. En la planta inferior se ubica el horno, compuesto por una galería anular compartimentada en diferentes cámaras, en este caso diez, cinco en cada uno de los lados largos, habiendo sido ampliada en dos hornos tras una reforma posterior. Se trata de un horno de la tipología de Hoffmann. Presenta interiormente bóveda de medio punto con un vano de acceso de medio punto a cada una de las cámaras. Estas cámaras contaban con unas pequeñas aperturas en la parte superior desde las que se introducía el carbón que hacía de combustible. Cada una de las cámaras daba a la parte central en la que se concentraba el humo siendo conducido hasta la chimenea. El proceso de funcionamiento del horno consistía en el llenado de las cámaras individualmente, procediendo a quemarlas una vez se habían llenado, dejando unos huecos para introducir el carbón desde la planta superior. Mientras dos de los hornos se están quemando, los dos contiguos comienzan a calentarse lentamente y los otros dos se comienzan a enfriar. De este modo se establece un sistema rotativo de llenado y vaciado que permite tener un funcionamiento constante de la instalación y un aprovechamiento al máximo del calor desprendido y por tanto una mayor economía en los recursos. La chimenea era otro elemento fundamental del horno que permitía, la expulsión de los humos que se generaban además de comunicar, por succión, la corriente de aire necesaria para la combustión.

La diferencia entre estos hornos y los tradicionales era que en los hornos ordinarios, la cocción se interrumpía mientras se enfriaban los ladrillos cocidos y se retiraban para reemplazarlos por otros. En cambio con esta tipología se efectuaba simultáneamente la cocción, el llenado y la extracción de los materiales, lográndose además un ahorro de combustible consumiendo, hasta un tercio de la cantidad necesaria para un horno tradicional.

El segundo piso funcionaba como planta de secado de las piezas recién sacadas de la máquina de amasado. Estas piezas se disponían en unos armazones de madera, sin que llegasen a tocarse unas con otras. La fábrica de Tello estuvo en funcionamiento hasta finales de los años 70.

Algo posterior es la fábrica de Navarrete, fundada en torno al año 50, por los mismos propietarios de la fábrica de yesos. Presenta la misma tipología que la de Calamocha, pero de mayor dimensión. Se aprecian todavía la nave en la que se ubica el horno Hoffman, la chimenea, así como dependencias anejas para guardar las tejas y ladrillos una vez cocidos.