Fiestas de San Macario (Corbatón)
Las fiestas patronales de Corbatón se celebraban antaño para San Macario (2 de enero), eran las fiestas más importantes del año, junto con las de la Inmaculada (8 de diciembre), copatrona y titular de la iglesia. Duraban hasta 5 días, y el día de Reyes parece que era el mejor. Recuerdan que si el tiempo era malo y caía alguna nevada gorda podían llegar a durar hasta 8 días o más.
La gente recuerda que casi había que echar a los familiares e invitados de casa, porque "ya se cansaba uno de tanto jaleo y gente por la casa". Y es que las fiestas de San Macario eran unas fiestas muy esperadas a las que acudían todos los familiares de los pueblos vecinos para pasar unos días. La gente acudía andando, porque las caballerías luego no tenían donde guardarlas. Las personas mayores solían ir el día 2 por la mañana, para acudir a misa, comer con la familia y por la tarde, regresar a su pueblo. Los mozos y mozas, que iban el día anterior, se quedaban varios días en Corbatón, ellos dormían en la pajera o con las ovejas y ellas con las mujeres de la casa.
La víspera se hacía una hoguera grande en la plaza que permanecía encendída todos los días y se alimentaba con leña que aportaban los vecinos, a veces, la gente mayor mandaba a los críos a por leña, que la cogían de donde mejor les parecía, muchas veces de la bardera del que les había mandao.
Los dos primeros días de fiesta los pagaba el ayuntamiento y los otros 3 los mozos, a escote. A los músicos se les daba de comer "por vuelta", cada día en la casa de uno de los mozos, el alojamiento se les buscaba y se pagaba aparte (por parte de los mozos).
El día 2 de enero por la mañana se acudía a misa, una misa festiva con procesión en la que sacaban al santo, atándolo con una cuerda a la peana para que no se cayera por las cuestas del pueblo; la imagen de la Inmaculada, las banderas y la cruz. Durante la misa y para alzar el santísimo, los músicos tocaban dentro del templo. El último día de fiesta se hacía el reparto del pan bendito en la iglesia, y los mozos y mozas iban a pedir tortas por las casas, para hecerse una merienda. A veces las guardaban hasta Reyes o incluso, si sobraban, se guardaban para consumirlas los siguientes fines de semana en forma de sopeta (con vino).
El baile de la zorra, "la llave" y "la escoba"
La zorra se bailaba los últimos días de la fiesta de San Macario, al final de las sesiones de baile, y dicen que era "pa´ espachar" (despachar) a los forasteros, aunque siempre tomado con cierta broma y chunga, nunca en serio.
Los informantes lo relacionan directamente con el Chapirón, que se bailaba en muchos otros pueblos de la redolada. En Corbatón el primero que encabezaba la cadena de gente portaba un tizón encendido, igual que el Torre los Negros, pueblo en el que Agustín reconoce que la zorra "era especial", pues en ese pueblo lo hacían sólo para ellos, a los forasteros no les dejaban participar. Esta costumbre de "espachar" a los de fuera se encontraba reflejada también en otra costumbre denominada "poner la llave". Consistía en que los mozos fabricaban una gran llave de madera con una esteva de arado, y se la iban colgando con una cuerda del cuello a un mozo que estaba mucho tiempo en la fiesta, si llevabas 3 días te colgaban la llave "pa´que te fueras a tu casa". Era una broma bien llevada, se la dejaban un rato colgada y luego se la quitaban.
Para hacer el baile o juego de "la escoba", parece que simplemente se juntaban los mozos y acordaban hacerlo. Llevaban al baile una escoba y aquello consistía en que uno llevaba la escoba en la mano, se acercaba a otro y le daba la escoba (la tenía que coger) y a cambio se quedaba con su pareja de baile, y así durante un rato, hasta que cesaba la música y el que llevaba la escoba tenía que pagar una peseta y todos aplaudían, pues con el dinero recaudado se hacía una merienda.