Hermandad de la Sangre de Cristo (Torre los Negros)

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Como sucede en el mundo rural y, especialmente, en los pequeños pueblos, la mayor parte de las agrupaciones de vecinos tienen un carácter religioso: Hermandades, cofradías, etc. Las Cofradías de la Sangre de Cristo fueron muy difundidas durante la segunda mitad del siglo XVI. Parece que en origen fue una cofradía penitencial, vinculada a las procesiones de Semana Santa y al culto de la Pasión de Jesucristo.

Normalmente las personas se hacían cofrades al contraer matrimonio, tenían como obligación el ir a misa en épocas festivas y se pasaba lista con una tabla para ver que todos los cofrades asistieran. En el caso de no asistir éstos debían pagar una multa. También asistían a funerales y colaboraban en ellos. En fiestas participaban en todos los actos.

La cofradía o hermandad de la Sangre de Cristo de Torre los Negros probablemente tenga relación con la fiesta de La Espina o de la Sangre de Cristo, celebrada en la localidad el día 10 de mayo con mucho arraigo y tradición.

Entre otras cosas los cofrades se encargaban de:

- Fiesta de la Espina, preparativos de la fiesta, participaban en la procesión vestidos con sus túnicas y preparaban la comida de ese día en la ermita de la Virgen de la Langosta

- Acudían a la procesión del Santo Entierro en Semana Santa (viernes)

- Acompañaban a los difuntos en los entierros

El segundo día de Pascua tenían la reunión anual para poner al día sus cuentas. Para convocarla "tocaban a capítulo" (se avisaba desde el campanario), pasando lista. También se debían abonar las penas, denuncias y multas habidas por incumplir las normas, así, debía abonarse como pena una perra gorda o un real si se había llegado tarde o no se había asistido a algún entierro, o al mismo capítulo.

Cuando se moría algún hermano eran los últimos en haber entrado a la hermandad los encargados de asistir al entierro y llevar el féretro, yendo avituallados con una capa negra. El finado era depositado en su ataúd con la túnica de cofrade, que le acompañaría el resto de sus días. La Hermandad poseía un arca de madera con llave, que se entregaba al encargado y su familia. En ella había algunas ropas, como una cubierta acolchada, sábanas de lienzo, camisas,... Según Luisa Royo, el último hermano en entrar en la hermandad fue Maximiano.