Iglesia parroquial de Cutanda

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Plano iglesia

El dos de marzo de 1601 el arzobispo de Zaragoza, Ilmo. Sr. Don Alonso Gregorio, se desplaza a Cutanda para poner la primera piedra de lo que tenía que ser el nuevo templo parroquial . La iglesia fue sufragada integramente por la mitra de Zaragoza, ya que esta institución recaudaba el impuesto de las primicias. El proceso de construcción fue lento. En 1624, en una visita realizada por el arzobispo D. Fr. Juan de Peralta, se animaba a los vecinos a que participasen en la construcción del templo para poder finalizarlo lo antes posible . El 27 de diciembre, día de San Juan Evangelista, se inaugura la nueva iglesa celebrando su primera misa .

Fueron necesarios veintiséis años para acabar el templo. El resultado interior, tres naves cubiertas por bóveda de medio cañón, con lunetos y un crucero con cúpula sobre pechinas. Las naves laterales sirven para cobijar diferentes retablos y capillas. Desde el exterior sólo se observa un único volumen, construido en cantería y ladrillo, de planta cuadrada y con vanos rectangulares. La portada de la iglesia está adintelada y coronada por un frontón curvo y partido para cobijar el escudo. A los pies del templo se levanta la torre, con tres cuerpos, todos ellos en ladrillo.

El mayor desastre que sufrió el templo a lo largo de su historia fue el incendio a que fue sometido por los carlista en mayo de 1839. No afectó de forma sustancial a la estructura constructiva, aunque sí provoco la destrucción de varios retablos y del archivo, además del chapitel de la torre que fue demolido, por estas mismas fechas, a causa de un rayo . Necesitada de reformas, la parroquia permaneció cerrada desde el 30 de abril de 1839 hasta el 1 de febrero de 1840, momento en que debieron reformarse las puertas, en cuyo cerrojo firma el herrero Miguel Alegre.


Elementos destacables

  • Campanario
  • Dos retablos del siglo XVII, uno barroco con lienzo de las Almas y otro manierista, con tema de San Vicente Diácono, se encuentran en el lado del evangelio, junto a dos retablos neoclásicos, uno con adornos aún del rococó, y otro ya del XIX con imagen de San Antón.
  • El gran retablo mayor es del XVIII, como la sillería. Algunas de sus imágenes son del XVII, al igual que la mayoría de los retablos del lado de la epístola. Destaca el manierista de la Virgen del Rosario, que posiblemente sea por el cual Antonio Bastida, escultor navarro afincado en Calatayud, recibió un pago en 1628. Además de los retablos barrocos de San Blas y San Sebastián, completa la serie un retablo del XIX dedicado a San Roque y varias imágenes del XVII y del XVIII guardadas en la sacristía.
  • Mención aparte merecen las piezas de orfebrería. En plata sobredorada destaca una custodia de modelo gótico y decoración plateresca, salido de un taller darocense en el siglo XVI. Del mismo siglo, pero ya renacentista, hay un cáliz en plata sobredorada. Guarda otra pieza excepcional, un cáliz de comienzos del XVII, realizado en plata en taller zaragozano. Algo posterior es un relicario barroco en plata. Completa este rico conjunto un interesante relicario dieciochesco de plata, cuyo soporte en forma de angelote señala la influencia de la orfebrería italiana.

Bibliografía

  • Carreras Asensio, José María (2003): Noticias sobre la construcción de iglesias en el noroeste de la provincia de Teruel. Siglos XVII-XVIII. Calamocha, Centro de Estudios del Jiloca.