Leyenda del Ecce Homo (Daroca)

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Saliendo por la Puerta Baja, con dirección a la antigua carretera de Teruel, no lejos de la ermita del Carmen, que mira a la hermosa vega, hay una capillita, donde todas las noches arde una lámpara ante un tosco Ecce Horno.

Esta piadosa costumbre tiene su origen en la siguiente leyenda, recogida por el padre José Beltrán, escolapio, gran literato y poeta, en el libro "TRADICIONES Y LEYENDAS", que fue publicada en 1929.

Argumento

Durante las guerras carlistas pasó por Daroca una cuadrilla de voluntarios liberales, acaudillada por un catalán del Pirineo oriental, y compuesta de unos cuantos bandoleros desalmados, sin Dios y sin ley, llamados «los chavales«, de aquellos que propagaron en nuestra patria el horrendo vicio de la blasfemia.

Huían perseguidos por los carlistas, y al pasar por delante de la capillita del Ecce Horno, después de blasfemar como energúmenos de Cristo, de la Virgen y de nuestra santa religión, el catalán, haciendo burla del Ecce Horno y martillando su fusil, disparó contra la imagen, destrozándole las piernas, y huyeron camino de Teruel. No tardó en llegar el castigo del cielo.

Aun no habían llegado a Calamocha, cuando fueron alcanzados por los carlistas. Trabóse un encarnizado combate, en el que murieron varios de aquellos malvados, cayendo herido su jefe, el perverso catalán.

Sin piedad ni compasión cogiéronle los carlistas, y clavándolo entre cuatro bayonetas lo llevaron ribera abajo, hasta las inmediaciones de Daroca, echando, por fin, su cuerpo en el río, lo mismo que si fuera el cadáver de un perro.

Enlaces externos

Bibliografía

  • Beltrán Roche, José (1929): Tradiciones y leyendas de Daroca: premiadas en los juegos florales de Soria. Zaragoza, Imprenta del Hospicio Provincial.