Mayos

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La fiesta de los mayos es una de las celebraciones más extendidas por el espacio geográfico de la antigua Celtiberia. Los orígenes de la misma varían en función de los estudiosos. Unos la consideran paleolítica, otros neolítica, fenicia, los más celta y no son pocos los que hablan de cultos romanos a la Bona Dea, o sea Maya. En cualquiera de los casos, con independencia del origen, esta tradición parece larga en el tiempo y la celebración se habría ido transformándose y adecuándose a lo largo de los siglos, cuando no reinventándose, sometiéndose a los poderes establecidos.

La noche del 30 de abril, fecha que en algunas culturas agropastoriles marca el fin de un año y el inicio de otro, los quintos de localidades como Guadalaviar, Albarracín, Tramacastilla, Bronchales o cualquiera de los pueblos de esta sierra “sortean a las mayas”. Si algún mozo está interesado en alguna chica puede pujar por ella. Los restantes nombres se introducen en dos boinas. Por un lado los nombres de los chicos y por el otro el de las chicas.

La Virgen y el Niño también pueden participar. Si a un mozo le toca la primera será el encargado de organizar las fiestas de jóvenes todo el año. Si a una maya le toca el Niño será la responsable de bordar el banderín que lucirá el mayo de Guadalaviar, por ejemplo. Existen múltiples variantes, algunas incluso divertidas, como la de sortear una cabra, arreglar un puente… etc.

Las obligaciones de los mozos es abrir el baile en toda ocasión (hasta la fiesta de San Juan o Santiago en el caso de Guadalaviar) y rondar a la maya que le haya tocado en suerte. En algunas localidades deberán de dar una serenata antes de la fecha citada a su moza, además de la ronda.

El recorrido ritual por el pueblo se abre cantando a la Virgen, que es una de las posibles suertes que le ha podido tocar a un mozo, y después se continúa por la localidad parando de casa en casa.

Las coplas, con una clara influencia en el romancero popular, siempre son alusivas a mayo y su relación con la mujer y belleza femenina, trasunto de la fertilidad de las tierras y las gentes. El final de la copla es el momento en que la maya descubre quién es el mayo que le ha tocado. En ocasiones se para de cantar en este momento, el novio oficial, frente al mayo, puja el doble de las cantidades expuestas, y así todo sigue siendo formal y correcto. Además se entonan los sacramentos y los mandamientos del amor. Es el triunfo de la vida. Las mozas no permanecen ajenas a la fiesta. Encender la luz mientras se canta o salir al día siguiente con el manto del revés a misa es sinónimo de la mala fortuna del mayo. O la buena, según se mire.

El día 1 de mayo, tras la misa, el mayo se presentará en casa de la maya. Si es aceptado, y variando según las localidades, recogerá huevos y sus obligaciones con la moza serán en firme. En otras ocasiones los huevos se recogen unas semanas después o por San Juan.

Ese mismo día los mayos han cortado un árbol (el pimpollo en Guadalaviar) que varía tipológicamente según los lugares, al que se le ha puesto una bandera, o un jamón o comestibles. El madero está convenientemente enjabonado para hacer más difícil el intento de trepar y alcanzar la copa con el premio.

La relación mayo-maya puede continuar a partir de ese momento o finalizar. Es indudable la relación de esta tradición con los deseos de fertilidad de la tierra y el hombre, expresados en las demostraciones con árboles, con enramadas, con flores en las casas o con cardos y huesos si la joven se ha destacado negativamente a ojos de los mozos. El huevo, alimento que, tradicionalmente, se ha considerado relacionado con el renacimiento (estamos en el mes de mayo), se convierte en objeto de cambio simbólico.

Fuerza para cortar el árbol-mayo, valor para subir a él, erotismo del árbol pingado, fertilidad y parejas humanas, sentido de grupo (quintos), comida, música y gastronomía en lo alto (abundancia) se unen para mostrarnos la fiesta. Simboliza, a través del árbol, la relación con el fin del tiempo, de difuntos y antepasados (llega la primavera), y a la vez con lo divino que florece, las cosechas y pastos que vienen.

La cristianización de la fiesta vino de la mano del mes de María, (no olvidemos que es a ella a la primera que se le canta), identificado estas fechas con las flores y con la Cruz de Mayo, trasunto del árbol que se planta en la fiesta. La tradición no es exclusiva de la Sierra de Albarracín, aunque es aquí donde alcanza uno de sus máximos exponentes rituales. El valle del Jiloca, Maleján, San Martín de Moncayo, Lituénigo entre otros también lo plantan y, por supuesto, las enramadas se extienden por todo del territorio.