Orquídea

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Anacamptis pyramidalis

La Familia Orchidaceae, dentro de las Monocotiledóneas, está representada en la Península por plantas geófitas, que han reducido al máximo su ciclo vital. Son unas plantas herbáceas que permanecen ocultas bajo tierra la mayor parte del año, sobreviviendo a las heladas y los rigores invernales en forma de tubérculo o rizoma. En primavera forman un único tallo aéreo, que parte de una roseta basal de hojas lanceoladas, y que termina en una inflorescencia dotada de un número variable de flores. Cada una de estas flores presenta una serie de pétalos complejos, destacando el Labelo, que actúa como “pista de aterrizaje” para los insectos. El papel fundamental de estas especies es el de favorecer su reproducción. El ovario, de tipo ínfero, aparece ubicado dentro del tallo de la planta, algo también bastante atípico pero que permite una mayor protección para los futuros embriones.

Un curioso fenómeno relacionado con las flores es la resupinación, patrón que se repite en la mayoría de las especies ibéricas, y que consiste en un giro de 180 º que termina disponiendo el labelo, que es el pétalo superior en origen, inferiormente. Este pétalo adquiere diferente morfología según cada especie, pero su función principal es la de atraer a los insectos polinizadores.

De este modo, observamos una clara relación entre plantas e insectos, necesaria para la reproducción y la perpetuación de la especie. Este fenómeno puede observarse en muchas otras plantas, pero existe un género que llega mucho más lejos, el género Ophrys. Estas orquídeas desarrollan labelos que imitan a la perfección el abdomen de algunos insectos, generalmente himenópteros como abejas y abejorros (como es el caso de Ophrys apifera) o de arácnidos (Ophrys aranifera, antes conocida como O. sphegodes). Esa atracción visual, se ve acompañada por la segregación de feromonas que imitan la fragancia natural de una hembra en celo, correspondiente a una especie concreta. Este fenómeno tiene lugar muy temprano, cuando todavía no ha comenzado la época de celo de las hembras, de tal manera que los machos buscan desesperadamente las flores, en lo que se denomina una “pseudocópula”. En este momento el macho se introduce en la flor, y roza las polinias, en la parte superior de la flor. Estas polinias son paquetes concentrados de polen, que se van fragmentando y quedan adheridos a la cabeza o el tórax del insecto, viajando hasta la siguiente flor. Cada flor tiene así su insecto polinizador específico, en un claro proceso de coevolución que puede considerarse relativamente reciente. El insecto aprende la lección al cabo de algunos intentos, y a partir de ese momento no se acerca a estas flores. No obstante, la elevada producción de semillas por cada planta fecundada, es suficiente para asegurar la siguiente generación de orquídeas. La presencia de otra estructura más, el rostelum, evita la autofecundación de la planta, lo que se traduciría en el fin de la especie. Este órgano aparece como una pequeña membrana que separa la parte femenina de la masculina.

En este mismo género, podemos observar cómo la roseta basal se limita únicamente a dos hojas alternas, debido a la relación simbiótica con un hongo micorrizógeno, que provee a la planta del resto del alimento. La orquídea no puede sobrevivir sin éste hongo, por lo que no pueden ser transplantadas a otros lugares.

Conforme vamos descubriendo datos sobre estas plantas nuestro interés va en progresivo aumento, algo inevitable si consideramos además la enorme diversidad de especies que podemos encontrar. En las Sierras de Cucalón, se han citado más de 27 especies distintas (Ferrer Plou, J., 1993), de las cuales hemos confirmado fácilmente la presencia de unas 10, realizando cortos trayectos al principio de primavera. Esta biodiversidad se manifiesta aún más si consideramos que las orquídeas están presentes en casi todos los continentes, mostrando su máxima variedad de formas en las regiones tropicales americanas. Allí estas adoptan también una morfología especial, la epífita, que les permite vivir ubicadas sobre las ramas de los árboles. En este caso sus raíces son fotosintéticas, y sus hojas adquieren una forma de embudo que permite retener el agua de lluvia, de la que se abastecen.


Especies observadas en el territorio de la Comarca del Jiloca

Bibliografía

  • Sanz Serrano, Tomás (2007): Serranías de Cucalón. Guía general de las sierras de Cucalón, Oriche y Fonfría. Calamocha, Comarca del Jiloca, Centro de Estudios del Jiloca [Texto completo]