Vivienda

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Puede ser descrita dentro de la arquitectura, como un elemento de arte o en la sección de etnología. La utilización de materiales del entorno para la construcción de las paredes maestras, piedra, barro, ladrillo, adobe y tapial, - éstos últimos siempre sobre un zócalo de piedra- parece responder a un criterio de disponibilidad en las cercanías, de acuerdo con la capacidad económica del usuario.

La fachada principal constituye el exponente de representación, con sus principales elementos integrados, la puerta principal, a veces monumental, adovelada o adintelada, ventanas o balcones, frecuentemente enrejados, galería de arquillos en tercera planta que soportan el alero, o sencillas ventanas en las casas humildes. Merecen particular atención los aleros, por la sencillez de las soluciones con llamativos voladizos a base de teja y ladrillo tintados en cal, y por el gran efecto estético. Las casas de mayor poder adquisitivo suelen presentar alero de madera, con labores de mayor envergadura, acorde con el nivel de ostentación pretendido. En algunos casos se utiliza la piedra del lugar. Torralba de los Sisones y Blancas, constituyen sobrios ejemplos.

La planta inferior se halla dividida comúnmente en cuatro espacios. El patio, la cocina, el cuarto y la cuadra. Toda la casa se halla dispuesta en torno al patio, en el que se abre la puerta principal a la calle y desde éste se accede a las demás estancias. La cocina, que suele estar orientada al sol de mediodía, se completa con la recocina y leñero. La cocina es la estancia principal, la de mayor frecuencia de uso durante el día. Está dispuesta en torno al hogar que se remataba con una chimenea troncopiramidal generalmente, aunque quedan algunos ejemplos de chimenea troncocónica en algunas casas del s. XVIII. Se ven, todavía, muchas cocinas que, aun habiendo sufrido ese proceso imparable de la modernización, conservan los viejos fogones, con su mobiliario fijo alrededor, los bancos, o la cadiera. El trasfuego a veces revestido con azulejos de origen valenciano. De la chimenea colgaba la llares, con su caldero destinado a cocer toda clase de alimentos o mantener una reserva de agua caliente. Un elemento que no podía faltar, eran las traudes o estrébedes, soporte de hierro adecuado para toda clase de utensilios de cocina encima del fuego, especialmente para el uso de la sartén.

La cuadra, aunque ha cambiado su funcionalidad a lo largo de los últimos decenios, por desaparición de los inquilinos, constituye uno de los espacios importantes de la vivienda y salvo, en las de nueva construcción, sigue condicionando el uso y reforma del resto de la vivienda. No en vano era el albergue de la fuerza de trabajo esencial. La ubicación de la cuadra dentro del edificio principal, permitía aprovechar el calor generado por los animales para moderar las temperaturas extremas en invierno.

Otro espacio que se abre en la primera planta es el cuarto, una de sala de representación que, de forma proporcionada al nivel social y económico de la familia, se complementa con los mejores muebles de que dispone de acuerdo con el uso principal a que se destina. El cuarto es el escenario de las principales y solemnes celebraciones de la casa y lugar de acogida para las vistas de cortesía.

El suelo más apreciado en esta planta -hasta la llegada del cemento gris- era el empedrado, formando figuras geométricas. Abundaban, no obstante, las baldosas rojas, y, en las casas menos pudientes, la arcilla apisonada. Perduran, por el contrario, de forma generalizada los techos construidos a base de vueltas de yeso soportado sobre vigas de madera. Muchas casas disponen de bodega subterránea a la que se accede en ocasiones desde el mismo patio.

Por último, también desde el patio se accede a la segunda planta a través de la escalera que presenta unas dimensiones, materiales y ornamentación acordes con el nivel socioeconómico de la familia. Se pueden observar, desde la sencilla escalera de apenas 50 centímetros de anchura, con acabado de baldosas rojas asentadas sobre yeso, hasta la escalera señorial de metro y medio de anchura, con barandilla de madera o de hierro, y escalones bien marcados con mamperlan de roble o carrasca. La introducción reciente de nuevos materiales -piezas enteras de mosaico o mármol- sigue manteniendo ese plus de ornato que se atribuye al primer tramo de escaleras de la casa. La planta principal de la casa suele distribuirse en varias salas que, de acuerdo con su tamaño, pueden disponer de alcoba. Estas salas disponen de mejor iluminación que la primera planta por el mayor tamaño de las ventanas o balcones que se abren en las fachadas.

Los graneros, en la tercera planta, constituyen el espacio idóneo para provocar la desecación de los productos cárnicos y conservas aprovechando los fríos días de invierno, mediante las corrientes forzadas. Esta planta suele albergar el solanar, frecuente en casas de cierto nivel económico que, bien orientado al sur, permite a los usuarios desarrollar trabajos sedentarios en buenas condiciones de iluminación y protegidos de las inclemencias atmosféricas. La casa rural completa sus instalaciones con un corral anejo, en el que se acomoda una pequeña choza para el cerdo, y un cobertizo, para carruajes y maquinaria. No suele faltar el gallinero y conejar, así como algún espacio para almacenar la leña delgada y gorda. Las casas más humildes pueden sustituir el cobertizo de obra por una bardera que cada año se renueva conforme se va consumiendo la leña. La evolución de las costumbres ha permitido la modificación de la funcionalidad de estos espacios, dando lugar a jardines interiores, hortales o cocheras.