Mierla
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El asentamiento tuvo una segura ocupación durante la Edad Media, cedida a los templarios por Pedro II en 1211. Quedó despoblado en fecha indeterminada y agregado a Ojos Negros.
Posteriormente fue adquirido por la familia Mateo y convertido en pardina, con su masada agrícola. En sus cercanías se construyó una venta, aprovechando la vía de comunicación que enlazaba Villafranca del Campo con la carretera de Madrid, y un molino harinero.