Carnaval
Los orígenes del carnaval se dirigen, según los estudiosos, hacia la tradición pagana romana y la fiesta de las lupercales, o también hacia las costumbres celtas y germanas. En cualquiera de los dos casos la vinculación de estas culturas con la Celtiberia es evidente.
El carnaval es la llamada al disfraz, la inversión de poder, el desenfreno, el despertar de la naturaleza y la aparición de diversos personajes que la propician junto a los ritos y costumbres asociados a ellos. Es una fiesta precristiana.
Lo cierto es que se han documentado celebraciones de carnaval en prácticamente todos los pueblos del valle, aunque hay algunos más conocidos, quizá a raíz de su recuperación, como son:
El carnaval es una de las fiestas más tradicionales y con más arraigo de nuestra cultura, de él se dice que representa el cambio, el despertar de la naturaleza tras el largo invierno, el tránsito de la vida cotidiana a la penitencia de la cuaresma; un periodo de desenfreno e inversión de poderes cuyos orígenes estarían según antropólogos y estudiosos en las antiguas culturas celtas llegando a la cultura cristiana a través de la Lupercales romanas. El Carnaval representaba un periodo de libertad en todos los sentidos en el que a través de las máscaras y disfraces se rompía con la rutina y en cierto modo con el orden establecido. En los pueblos de nuestra comarca, al igual que en muchas zonas, los Carnavales tendrían una gran relevancia, siendo sin duda una de las fiestas más importantes del año. Lamentablemente la prohibición durante la época franquista, la despoblación de las últimas décadas y los cambios culturales han hecho que en muchos lugares esta fiesta haya desparecido, quedando tan sólo en el recuerdo de los más mayores las historias, anécdotas y personajes que fueron parte fundamental de esa larga evolución histórica de nuestros pueblos y que en la posguerra tuvieron que transformarse para superar la prohibición.
En los últimos años algunos municipios tales como Luco del Jiloca o Torremocha han impulsado la recuperación de sus carnavales, creando cierto interés por conocer y estudiar esta fiesta en otros municipios de la zona. Esta labor ha sido llevada a cabo desde asociaciones locales a las que deberíamos agradecer su trabajo. No es el caso de Villafranca del Campo, donde, según dicen los propios vecinos, los carnavales "no se han perdido nunca".
Unos carnavales que, si pudiéramos estudiar con detenimiento, pensamos que nos demostrarían que compartían muchos más aspectos de los que pensamos con otros carnavales tradicionales del mundo rural aragonés o incluso de otras zonas. Así y a través de las pocas noticias con las que contamos pensamos que serían habituales los personajes ataviados con pieles y sacos, acompañados frecuentemente por esquilos y cencerros; disfraces utilizando las enaguas o sayas viejas; personajes que con varas o palos perseguían a los chiquillos, que eran los encargados de embadurnar a la gente con una "pelleta" manchada con hollín o grasa de cerdo.
Bibliografía
Edo Hernández, Pilar; Rubio Martín, Mercedes; Martín Domingo, Francisco (2013): "El Carnaval de Villafranca del Campo. Evolución de una fiesta tradicional", en Cuadernos del Baile de San Roque, nº 28, p. 87-98. Texto completo: [1]