Antonio Moreno Plumed

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Conocido como “El Monrealero”, como su sobrenombre lo indica, nació en Monreal del Campo, el 20 de octubre de 1912, lugar donde brotó su profunda raíz jotera, aunque transcurrió su vida en Santa Eulalia del Campo, desde la llamada de la fábrica Azucarera, hasta su ingreso en la turolense Residencia “Javalambre” de Tercera Edad, marco en el que animó con sus jotas y dichos solidarios en la senda final de sus días. Cuando le preguntaban de dónde era, él contestaba cantando: “En Monreal tenía un burro / y segaba con la hoz. / En Santa Eulalia, Bendita / la Santa me dio la voz”.

Fue jotero popular, de pulso animado y gesto animante. De fuerte garganta y decidida actitud, tenía en la puerta principal de su casa la proximidad del ferroviario y músico Silvestre para aprender la técnica de entradas. Gustaba definir su decisión matrimonial propagando la letra de esta jota:“Yo quise casarme en Cella / por que tiene mucha Vega. / Y me casé en Santa Eulalia / por tener Azucarera”.

Así fue, se casó en Santa Eulalia del Campo, con el prudente encanto de Isabel Pérez González, continuada sonrisa unida a las asistencias familiares de su madre, la Tía Mariana, a la que él correspondía con proporcional afecto. Se alegraba, joteramente, con esta letra: “Si vas por el Barrio Verde, / a Los Churreros y a Romero verás. / También a las bicicletas / de nuestro amigo Tris -Tras.”

Desaparecida la Tía Mariana, Antonio gustaba remirar sonriente hacia el definido Pico de Palomera. Con emoción, antes de arrancar la ronda, se volvía hacia todos y, con fuerte voz cantora, exclamaba: “Me preguntáis por qué río / cuando miro a las estrellas. / Río por mi santa madre / qu`está en el Cielo con ellas”.

En varias ocasiones templó mi anhelo preguntándome “si yo era Bene, el de El “Chispa” que va y viene”, para seguir con la síntesis de este relato: Si me preguntan qué es lo que más me gusta de Teruel, yo suelo responder cantando: “El Torico, sonriente / pequeño por altanero / lleva en su sangre, hecha vino / el azafrán de mi pueblo”.

Agradeciendo su gentileza, y por aquello de que “lo importante en publicidad es que hablen de nosotros, aunque sea bien”, propagué cuanto pude el homenaje que generó, para el paisano jotero, el mensaje de esta letra: “Si quieres oír la jota / con bravura y con templanza / vente en el mes de febrero… / Y verás al Monrealero / como le ronda a la Santa”.

Nos dejó, el 29 de enero de 1996. Descansan sus restos en el cementerio de Santa Eulalia del Campo.


Bibliografía

  • Hernández Benedicto, José (2010): La jota en el Jiloca: Cincuenta joteros por el valle. Calamocha, Monreal del Campo, Centro de Estudios del Jiloca.