Monreal del Campo

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Monreal del Campo es una villa de la provincia de Teruel, próxima a Calamocha y junto a la autovía mudéjar. Recientemente, ha sido nombrada capital agropecuaria de la comarca del Jiloca.


En la Edad Media y Moderna, hasta el siglo XIX, formó parte de la antigua Sexma del río Jiloca, en la Comunidad de Aldeas de Daroca.

Medio natural

Monreal está situado en la ribera del río Jiloca, en una zona en la que el cauce fluvial comienza a incidir en el fondo aluvial, apreciándose algunas terrazas laterales. En este sector la depresión del Jiloca se amplía enormemente, lo que origina una extensa superficie llana formada por los conos aluviales modelados en rampas suave o glacis provenientes de Sierra Menera, de la paramera de Blancas y de las sierras de Lidón-Palomera. Son sedimentos detríticos pliocuaternarios y cuaternarios, en parte cementados por carbonatos, sobre los cuales circulan algunas ramblas, que solamente tienen funcionalidad en momentos de fuertes tormentas.

Hay que destacar la presencia de una serie de manantiales en el cauce actual del río Jiloca, los denominados “Ojos del Jiloca” u “Ojos de Monreal del Campo”. Esta zona húmeda está muy colonizada por vegetación subacuática, masas de carrizal y aneas, juncos, así como retazos de bosque de ribera con predominio de los sauces. Estos bosquetes tendrían una mayor extensión en el pasado, pero han quedado reducidos a espacios testimoniales en la actualidad debido a la presión de los cultivos. Los enclaves húmedos permiten la observación de diferentes anátidas y aves ligadas a los carrizales como el buitrón o el carricero común, así como pájaros moscones y el esquivo martín pescador.

Demografía

En la Edad Media existía un despoblado denominado Villacadima, que fue incorporado a Monreal del Campo. Monreal del Campo fue durante toda la Edad Media una localidad pequeña, muy despoblada en comparación con otros municipios cercanos. Aparecer citada en los primeros documentos de la repoblación y ser adjudicada a una orden militar no repercutieron nada en su tamaño. Por poner uno ejemplo, a finales del siglo XV en el ámbito de la sexma del río Jiloca (una de las divisiones administrativas de la Comunidad de Aldeas de Daroca) le superaban claramente en población Blancas, Villafranca, Tornos, Ojos Negros, Fuentes Claras y Calamocha, que duplicaban o triplicaban sus habitantes. A lo largo de los siglos XIV y XV los recuentos de población le otorgan entre 24 y 38 hogares, oscilando muy poco la cifra . Esto supone que Monreal del Campo rondaría los 120-160 habitantes, lo que la configura en todo momento, hay que insistir, como una aldea muy pequeña.

Variación demográfica del municipio entre 1990 y 2004
Año 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 2001 2004
Habitantes 2330 2606 2737 3253 3578 3554 3144 2823 2518 2308 2343 2391


Además de la propia localidad, la población residía en masadas y caseríos cercanos. En los censos de los años 1860, 1887, 1920, 1930, 1940 aparecen los siguientes asentamientos humanos dispersos:

En los censos de 1930 y 1940 aparecen las masías del Rincón, La Ribaza, El Val, las Ventas, Villarrubio, y Villacadima, aunque posiblemente sean las mismas que las citadas en 1860 pero con diferente denominación; además de las masías de Ruecas, Alta, Baja, La Masadilla, San Cristóbal , Pita y la Venta El Parador.

Algunos datos de su historia

La localidad de Monreal en 1927

El nombre de la población de Monreal se recoge con regularidad en los diplomas reales desde 1124, lo que sirve para establecer la fecha a partir de la cual sabemos con seguridad de su existencia. No obstante, conviene precisar algo más los términos.

El momento a partir del cual pudo fundarse la ciudad, o fecha post quem, es la propia conquista de la ciudad de Daroca, que tuvo lugar en 1120, según dice Ubieto, que liga esta conquista a la de Calatayud, ambas inmediatas a la victoria de Cutanda, que tuvo lugar el 17 de junio de aquel año . Como fecha ante quem cabe aducir el documento por el que El Batallador, estando en la propia ciudad de Monreal, en septiembre de 1124, cuando entrega a Pere Ramón cuanta tierra pueda poblar y arar en Cariñena . Así que en el periodo comprendido entre 1120, fecha de la conquista de Daroca y 1124, primer documento con fecha indubitada extendido en Monreal, tenemos la seguridad de la fundación de la ciudad.

Ahora bien, conviene reseñar que algunos documentos dan pistas de lo que pudo suceder antes de 1124. Por ejemplo, las palabras “por los servicios prestados junto a Monreal cuando allí teníamos frontera”, según dice el documento extendido en 1124 , en el que subrayamos el tiempo pasado en que se expresa. Pero además, la fundación de la Orden de San Salvador de la que da testimonio la carta del Arzobispo Guillermo , sobre la que nos extendemos en otro lugar, seguramente se produjo en la primavera de 1122. Por lo tanto, a partir de aquí, cabe centrar la fundación de Monreal en un corto periodo que va de 1120 a 1122.

En el siglo XX destaca la fundación del Colegio de la Salle (Monreal del Campo)

Patrimonio arquitectónico

En la arquitectura religiosa destaca la iglesia Parroquial con su torre exenta y varias ermitas: Nuestra Señora de los Dolores, la Virgen del Carmen, San Juan Bautista y San Gregorio.

La arquitectura civil gira alrededor del castillo, auténtico centro neurálgico del desarrollo urbanistico de la localidad. En las inmediaciones de esta fortificación, abiertas a una gran plaza pública, encontramos las principales casas solariegas de la localidad: Mateo, Pedro Latorre (hundida en 2009), las Beltranas y Mateo de Gisbert.

Desde finales del siglo XIX la localidad experimenta un rápido crecimiento demográfico y un dinamismo económico que influirá en la arquitectura, apareciendo un conjunto muy interesante de edificios: el Banco Central, las antiguas escuelas, el colegio de La Salle, el Hospital, etc.

Con la llegada del siglo XX aparecieron numerosas industrias y arquitecturas industriales que aportaron un nuevo panorama al urbanismo de Monreal: el silo, la estación de ferrocarril, la alcoholera de Pascual Franco y la fábrica de Harinas.

Respecto a la arquitectura vinculada al agua, en Monreal del Campo se produce el verdadero nacimiento del río Jiloca, en el manantial de Los Ojos. A partir de los Ojos se pueden distinguir los siguientes cauces o acequias: Río Viejo, Río Nuevo, Acequia del Rey y Acequia de la Serna.

Los elementos arquitectónicos más interesantes son la Fuente del Caño, el Lavadero, los molinos alto y bajo y el aljibe de Valdragón

Respecto a la medida del tiempo se pueden ver dos relojes de sol.

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Linajes y personajes

Como ocurrió en la villa de Teruel, podemos suponer, en Monreal del Campo, la existencia de judíos, moros y cristianos a lo largo de los siglos que ocuparon parte de la Edad Media. Fue, precisamente, en esta población en donde nacería, en 1388, el que, con el tiempo, llegaría a ser un médico y filósofo famoso: Iucef Albo, un políglota de vasta cultura y un erudito talmudista.

Lo cierto es, sin embargo, que tenemos que esperar a los primeros treinta años del periodo de la Restauración, periodo en el que fueron varios los periódicos y revistas que vieron la luz en Teruel y en su provincia, para encontrar en ellos poetas de Monreal con nombre conocido. Podemos encontrar a uno vinculado a Monreal del Campo llamado José M. Catalán de Ocón.

Este poeta, en cuyos versos resuenan ecos becquerianos, fue el abuelo de dos mujeres famosas en su tiempo, dos mujeres nacidas en Monreal del Campo, aunque criadas en Vadecabriel, como dijimos en el corazón de la Sierra de Albarracín. Si una, Blanca Catalán de Ocón, destacó en el campo de la Botánica; la otra, Clotilde Catalán de Ocón, dio muestras, desde muy joven, de aceptable poetisa en un siglo en el que tantas mujeres, tras muchos años de postergación, se subían al carro del arte literario. Clotilde firmaba sus composiciones con pseudónimo romántico: La Hija del Cabriel. Publicó delicados y sentidos poemas, aderezados con buena dosis de romanticismo, dentro de una estética en la que componían otros poetas turolenses coetáneos, como el becqueriano Joaquín Gimbao.

Pasan los años y llegamos al siglo XX y al XXI, en esta época varios son los poetas, hombres y mujeres, que en Monreal han soñado con paisajes, libertades, amores y paces. El nombre de una calle, en la villa del Jiloca, recuerda a Lucas A. Yuste Moreno. También podemos encontrar otros poetas más jóvenes, en este caso mucho más jóvenes. Uno de ellos es Vicente Benedicto Hernández, otra Ana Fuertes Sanz.

Otros personajes de Monreal del Campo son:

El deseo de hacer el bien y de realizar obras de caridad -cuando la solución pasaba por una mayor justicia social- para ganar méritos para el cielo tal como lo mandaba la doctrina de la Iglesia, unido a no tener descendencia para que administraran sus bienes, debió de guiar a dos mujeres de Monreal del Campo de antiguos linajes nobiliarios y que, a pesar de lo que pudiera pensarse, no fueron coetáneas: Juana del Corral y Azlor y Ricarda Gonzalo de Liria.

Ayuntamiento y Municipio. La administración local

El municipio tuvo su origen en la Reconquista. A lo largo de la Edad Media se anexionó el despoblado de Villacadima. Perteneció a la Comunidad de Aldeas de Daroca hasta el siglo XIX. Por su apoyo a los borbones durante la guerra de Sucesión obtuvo el título de fidelísima y muy noble villa. En 1834 fue incorporado al partido judicial de Calamocha. En 1990 se incorporó a la Mancomunidad de Municipios del Jiloca y, tras su disolución en 2003, a la comarca del Jiloca.

Los fondos documentales del Ayuntamiento han permanecido siempre en el Archivo Municipal de Monreal del Campo.

Además del Ayuntamiento, podemos destacar otras instituciones públicas:

El Asociacionismo. La religión y la sociedad civil

Como sucede en el mundo rural y, especialmente, en los pequeños pueblos, la mayor parte de las agrupaciones de vecinos tienen un carácter religioso: Hermandades, cofradías, etc. La asociación religiosa principal es la Parroquia, que agrupa a todos los fieles de la localidad. Sin embargo, a lo largo de la historia se podrían destacar otras:

Mención aparte merecen las fundaciones y patronatos laicos creados en la localidad:

Encontramos también algunas comunidades de regantes, sociedades, cooperativas y grupos sindicales relacionados con el trabajo agrícola y ganadero.

A partir de la Constitución de 1978, una vez consolidada la libertad de asociación y reunión, aparecieron varias Asociaciones Culturales:

Fiestas, costumbres y gastronomía

  • Las fiestas patronales celebran la Natividad de la Virgen María, adelantadas (se aprueba el cambio de fechas en un pleno municipal del 30 de mayo de 1972) a una fecha variable durante la segunda quincena de agosto. La afición a los juegos o deportes tradicionales, que se intentan mantener además de recuperar los olvidados, se ve reflejada en los múltiples campeonatos que se organizan: de tiro de barra, tanganillo, revuelta del pastor, morra y bolos al estilo de Monreal.
  • El primer domingo de mayo se celebra anualmente la romería al santuario de Nuesta Señora de la Carrasca, en el vecino término de Blancas, con el fin de solicitar agua para las cosechas. Su organización corre a cargo de la Hermandad de la Sangre de Cristo.
  • El 3 de febrero, para San Blas, se siguen bendiciendo los rollos, elaborados con harina, aceite, huevos y levadura en su masa, a lo que se añade anisetes, guindas, frutas confitadas e incluso nata. Los quintos reciben rollos en esta fiesta en la que participan activamente, como también lo hacen la madrugada de San Pedro, el 29 de junio, plantando el árbol.

Como fiestas desaparecidas destacar que en Semana Santa se representaba el Abajamiento, que desapareció hace algunos años. No podemos olvidar el Casino Agrícola e Industrial de Monreal del Campo, que durante muchas décadas se convirtió en el centro del ocio de la localidad.

Jotas y rondallas

En lo que respecta a la música popular, según aparece recogido en el Archivo de música popular de ADRI, Monreal es un centro jotero por excelencia. A finales del siglo XIX empezaron a destacar José Ros García y el vecino de Rubielos Matías Peribañez García. Les siguen José Ros (padre e hijo del mismo nombre, más conocidos por "los Linos"), Leopoldo Saz Cantín, Angel Garcés Ros, Vicente Benedicto "El Fabra", Joaquín Latorre, Manuel Benedicto Yuste, Wladimiro Pellicer Ramos, Antonio Aldecoa, Miguel Angel Plumed Calvo, Pedro Castellano Ibáñez, etc.,

Entre los joteros destaca sobre todo la figura de Joaquín Peribáñez. En torno a él y a su hija Carmen Peribáñez creció la célebre rondalla de Los Chatos, que ganó importantes concursos, como el de Molina de Aragón de 1946. Juan Hernández Muñoz también participó en esta rondalla.

En la posguerra hubo en Monreal otras rondallas de prestigio, como la de Jesús Martínez Aldecoa, Jacinto Garzarán Esteban, el Hermano Florencio y la de los Primos Redón (Ramón Redón Yuste y sus primos Pedrín y José Calvo Yuste). Del desarrollo de la jota a lo largo del siglo no hablaremos aquí, pero sí mencionaremos cuando menos a dos figuras destacadas del género en las últimas décadas: Teresa Pomar Peribáñez y Marcelino Plumed, ambos de Monreal.

Muy posiblemente hubo dulzaineros locales a lo largo del siglo XIX. Ya en el XX, esta labor la realizaba el Sr. Martín. Con sus hijos y los gaiteros de Torrijo (Roque y Lalo) constituyó un núcleo importante de dulzaineros. Durante las fiestas de Monreal, en las carreras de pollos y burros y en los pasacalles, tocaban juntos el Sr. Martín (dulzaina) y sus hijos Vicente (violín), Félix y Jesús Martín Collados (tambores); solían acompañarles además los citados Lalo y Roque. Tocaban tanto la dulzaina sin llaves como la de llaves (tipo las de Tramacastilla). Jesús Martín y su padre iban por los pueblos (Barrachina, Monforte de Moyuela…) y estaban dos o tres días en cada uno. Las actuaciones de ambos por los pueblos de la Sierra coincidieron en el tiempo con las de Lalo y Roque, con quienes debieron de repartirse el trabajo.

Leyendas y anécdotas

Itinerarios turísticos

Los principales itinerarios turísticos que discurren por Monreal del Campo son los siguientes:

Enlaces externos


Bibliografía

  • Marco Sanz, Joaquín (2006): "La historia la hacen los hombres", en Historia de Monreal del Campo, Monreal, p. 357-382[Texto completo]