Fábrica harinera

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Durante muchos siglos toda la molturación del cereal de la Comarca del Jiloca se realizaba en pequeños molinos harineros, la mayoría de ellos de dos piedras, instalados sobre los ríos o ramblas. Almacenaban el agua en balsas y, llegado el tiempo de la molienda, la utilizaban para mover los ingenios hidráulicos. Cuando el agua se agotaba, paraban la molienda hasta llenar de nuevo la balsa y reiniciar el proceso.

Desde finales del siglo XIX todas estas pequeñas instalaciones sufrieron una profunda crisis. Apenas habían experimentado una mínima innovación técnica, manteniendo desde la Edad Media unas piedras de molienda que no superaban en ningún caso los 140 cm. de diámetro, lo que limitaba enormemente su productividad. Además, estaban supeditados al caudal del agua y éste oscilaba enormemente a causa del clima y, sobre todo, a las exigencias del riego. Su funcionamiento era muy irregular. En verano, que era cuando más necesidad había de regar los campos, los caudales de las acequias disminuían. Los molineros se quejaban continuamente de que los agricultores no respetaban el caudal mínimo concedido a los saltos y que abusaban de los riegos.

Algunos viejos molineros, cansados de estos inconvenientes, decidieron reconvertir sus viejas instalaciones en fábricas de luz, buscando un valor añadido a los saltos de agua. La mayor parte alternaron en un principio ambas funciones, moliendo por el día y fabricando electricidad por la noche, vendiéndola al municipio para alumbrar las calles de la localidad. En 1945 todavía quedaban en la actual Comarca del Jiloca 36 molinos tradicionales. Casi todos poseían unas instalaciones antiquísimas, accionados por rodetes o ruedas de madera. El de mayor capacidad se localizaba en Calamocha, en las proximidades del puente romano, pudiendo molturar 5000 kg. de harina al día. Los de Fuentes Claras y Bello también podían alcanzar una gran producción. Estos tres molinos habían sido muy reformados en las primeras décadas del siglo XX, introduciendo turbinas y aprovechamiento eléctrico.

Todos los molinos tradicionales juntos llegaban a producir 43.960 kg. de harina al día y daban trabajo a 36 obreros, uno por molino. Fueron desapareciendo lentamente. Algunos consiguieron subsistir algunas décadas más, prácticamente hasta los años ochenta, especialmente los que se encontraban más alejados de las modernas fábricas harineras y estaciones de ferrocarril, aunque con un mercado limitado a transformar los cereales que traían los propios vecinos de sus localidades.

Determinados molineros y empresarios locales más inquietos apostaron por renovar completamente las instalaciones, olvidándose de las tradicionales ruedas de molienda e introduciendo cilindros metálicos movidos por turbinas, motores eléctricos o motores a explosión. Estas nuevas fábricas poseían mucha más capacidad de molturación, multiplicando entre 5 y 20 veces la producción de los molinos antiguos y, además, al no depender del agua, podían funcionar durante todo el año.

En el año 1945 existían en la actual Comarca del Jiloca 5 nuevas fábricas harineras que producían al día 29.720 kg. de harina y daban trabajo a 25 obreros. Trabajaban con grandes cilindros de metal que podían alcanzar los 3 metros de longitud. La productividad era mucho mayor, pues las 5 nuevas fábricas casi igualaban la producción de los 36 molinos tradicionales. La principal fábrica estaba situada en la localidad de Bello. Era propiedad de la viuda de J. Peyrolón