Ferrocarril del Pancrudo

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En la segunda mitad del siglo XIX, al calor de la expansión del ferrocarril por toda la Península Ibérica, se realizaron para la provincia de Teruel muchos proyectos de construcción de vías, intentando mejorar las comunicaciones y aprovechar la explotación de ciertos recursos mineros, como el hierro de Ojos Negros o los lignitos de la zona de Utrillas. Algunas de estas líneas fueron realizadas, mientras que otras se quedaron en meros borradores, abandonadas antes de iniciar su construcción. Uno de estos proyectos nunca realizado fue la línea férrea que debía conectar el valle del Jiloca con la cuenca minera central, discurriendo su trazado por todo el valle del Pancrudo, aprovechando el corredor natural.

El primer borrador data del año 1870. Se estaba diseñando por estas fechas el Ferrocarril Central de Aragón entre Calatayud y Teruel, y algunos ingenieros piensan que sería adecuado enlazarlo con otra línea que se dirigiera hacia Utrillas. Una ley de 2 de junio de 1870 autoriza al Gobierno sacar a pública subasta la construcción de la línea Luco-Utrillas, con posibilidad de que se continuara hasta Alcañiz, Reus y Tarragona. Una nueva ley de febrero de 1873 permitía agrupar en una única subasta las líneas de Calatayud a Teruel y de Luco a Utrillas, otorgando la explotación de los trazados a una misma compañía.

El proyecto de la línea férrea que debía surcar el valle del Pancrudo es abandonado, hasta que en 1880 la compañía Guma lo retoma, obteniendo del gobierno la concesión de la línea Madrid-Barcelona, que pasaría por Molina de Aragón, Calamocha, Montabán y Caspe. Cinco años más tarde aparece un nuevo proyecto de ferrocarril público y minero que partiría de la cuenca minera y empalmaría con el Calatayud-Teruel. En total, unos 50 kilómetros que discurrirían por Martín del Río, Vivel, Villanueva, Torrecilla, Godos, Barrachina y Cutanda. El estudio fue presentado por Jorge Clifton Pecket, pero no obtuvo subvenciones públicas, abandonándose poco tiempo después. Varios años más tarde, en 1901, será aprobada por el Congreso de los Diputados, quedando pendiente del senado, una línea muy parecida entre Calamocha y Utrillas.

En el año 1911 se autoriza a la Compañía Minas y Ferrocarriles de Utrillas a construir el ramal de Vivel al valle del Jiloca, pudiendo elegir entre acabar en Calamocha, lo que supondría unos 37 kilómetros de vías, o en Caminreal, con 9 kilómetros más en el trazado. Se insistirá en este mismo proyecto en el año 1925, cuando se plantee enlazar los ferrocarriles catalanes con la cuenca minera turolense y el valle del Jiloca. La opción entre Calamocha o Caminreal no quedaba clara, y ambas localidades se afanaron por buscar los máximos apoyos posibles . Informado el pueblo de Cutanda de las posibilidades de ver en funcionamiento esta línea, sus representantes municipales acudieron a una reunión que se celebró en Calamocha en mayo de 1925 para presionar a las autoridades . Al igual que los anteriores proyectos, la idea no superó el mero borrador.

Una vez concluida la Guerra Civil se abandonaron todos estos proyectos. Tras la nacionalización de los ferrocarriles españoles empezó a primar la rentabilidad económica de las líneas, desaconsejando la construcción de ramales secundarios de dudosa explotación. En el año 1949 Mariano Tomeo aún planteaba, desde la revista del Instituto de Estudios Turolenses, la conveniencia del ferrocarril entre Vivel y Calamocha o Caminreal, pero estas ideas ya quedaban muy ajenas a los nuevos tiempos de la posguerra.


Bibliografía

  • Diarte Lorente, Pascual (2000):"Un viejo proyecto de vertebración ferroviaria e industrial de la cuenda del Jiloca de 1869. ¿Primera gran oportunidad perdida o el inicio de una secular marginación y olvido institucional?", en Xiloca, 25, 2000, p. 59-78. [Texto completo]