Geología

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La geología es una de las disciplinas de las Ciencias de la Tierra.

El valle del Jiloca posee uno de los registros geológicos más completos de la historia terrestre, y no solamente a escala de Aragón, sino también a escala peninsular e incluso continental. En las rocas comarcales puede interpretarse la historia de la mayor parte del Paleozoico, Mesozoico, Terciario y Cuaternario. El Paleozoico está representado por el Cámbrico, Ordovícico, Silúrico y Devónico. El Mesozoico aparece completo: Triásico, Jurásico y Cretácico. El Terciario también se encuentra bien representado, tanto el Paleógeno como el Neógeno y, por último, el Cuaternario que aparece rellenando todas las depresiones.

Paleozoico

Son los terrenos más antiguos. No hay más que observar los cerros de la zona del Jiloca Medio, de los alrededores de Bádenas o de la zona de Sierra Menera y compararlos, por ejemplo, con los de la zona del Pancrudo o de la Sierra de Cucalón. Intuitivamente aquellos parecen ser más viejos, están muy rotos y fracturados, muy teñidos por óxidos metálicos, etc. Deben de ser materiales muy antiguos, y efectivamente lo son. Fueron originados en la Era Primaria, en el Paleozoico, durante un periodo de tiempo comprendido entre el Cámbrico, hace unos 550 m.a., y el Devónico, aprox. 380 m.a. Aparecen en las tres áreas citadas, constituyendo parte de las denominadas, en el ámbito regional: Rama Occidental, Rama Oriental y Sierra Menera. En la Rama Occidental se reconoce el Cámbrico y Ordovícico Inferior, en Sierra Menera las series llegan hasta el Ordovícico Superior y en la Rama Oriental hasta el Devónico.

El Cámbrico está constituido por varias formaciones. En primer lugar, las Dolomías de Ribota, dispersas en varios afloramientos, pero constituyendo una estrecha banda que desde San Martín del Río, se prolonga por la margen derecha del Jiloca hasta Luco. A las dolomías se le superpone un conjunto monótono, de más de 2.000 m. de una serie pizarroso-cuarcítica, constituida por las Pizarras de Huermeda, Areniscas de Daroca, Capas de Valdemiedes, Capas de Murero y Formación Almunia que dan lugar a los relieves más suaves de la margen izquierda del Jiloca. En el ámbito regional, son las series que han proporcionado mayor cantidad de fósiles, entre ellos asociaciones de braquiópodos y, sobre todo, de trilobites que han permitido dataciones muy precisas.

El Ordovícico de la Rama Occidental está constituido por una serie muy potente de pizarras y cuarcitas (más de 3.000 m.), agrupadas en cinco formaciones (Balconchán, Borrachón, Deré, Santed y Armoricana) y distinguidas en función de su componente mayoritario, pizarroso o cuarcítico, componente que se hace exclusivamente cuarcítico en la Formación Cuarcita Armoricana, nivel-guía con el que termina el Paleozoico de la Rama Occidental y nivel-guía con el que se establece la correlación entre diversos afloramientos. En cuanto a su contenido paleontológico, hay que destacar la existencia de trilobites, braquiópodos y pistas de reptación, que han permitido datar, entre otras, a la Cuarcita Armoricana como Arenigiense Superior. En la Rama Oriental, además de materiales cámbricos y ordovícicos similares a los descritos, aparecen sobre la Cuarcita Armoricana, las formaciones: Castillejo, Fombuena y Caliza de Cistideos del Ordovícico Superior y constituidas por pizarras, areniscas, cuarcitas, calizas y margas. En Sierra Menera, también aflora la Cuarcita Armoricana, en esta zona como la formación más antigua. A ella, se le superpone el Ordovícico Superior, formado por cuarcitas, areniscas y pizarras, y coronando la serie calizas y dolomías con un gran contenido en minerales férricos, que han sido beneficiados como mena de hierro en el pasado. El Silúrico aflora únicamente en la Rama Oriental, en el área de Bádenas-Loscos-Sta. Cruz de Nogueras. Son cuarcitas blancas y una monótona y potente sucesión de pizarras pardo-negruzcas (hasta 1.400 m. de espesor) denominada Formación Bádenas. Desde el punto de vista faunístico, su contenido de graptolites, braquiópodos y conodontos, permite asignarle una edad silúrica.

El Devónico encuentra en la depresión del río Cámaras su má¬xima representación. Destaca por la abundancia de calizas y su gran riqueza fosilífera. Se distinguen tres formaciones: Luesma, Nogueras y Sta. Cruz. En conjunto, forma una serie de unos 700 m. de espesor, muy heterogénea, compuesta por cuarcitas y pizarras, con intercalaciones de lechos microconglomeráticos, oolíticos y lumaquéli¬cos, y por calizas y calizas lumaquélicas.

Mesozoico

Corresponde a todas las rocas sedimentarias depositadas en la Era Secundaria, lapso de tiempo que abarca desde hace 250 m.a. hasta unos 65 m.a., y que comprende los periodos Triásico, Jurásico y Cretácico.

Del Triásico, afloran sus tres formaciones continentales, las facies Buntsandstein, Muschelkalk y Keuper. Se encuentran en la vertiente oriental de Sierra Menera y recubriendo a los paleozoicos de la de Cucalón, también a lo largo de una estrecha banda NO-SE, entre Gallocanta y Villalba de los Morales y por último, en el núcleo de estructuras anticlinales, en Rubielos de la Cérida, Ojos Negros y Villafranca del Campo. La F. Buntsandstein, está formada por conglomerados, areniscas y lutitas de color rojo vinoso. Es el clásico rodeno de Peracense, sobre el que se asienta el castillo. Su comportamiento frente a los agentes erosivos y la existencia de diaclasas verticales, propicia la formación de un modelado muy llamativo, de formas turriculadas. La F. Muschelkalk son calizas dolomíticas y dolomías tableadas, con intercalaciones margosas y un típico color amarillento. La F. Keuper se compone de arcillas de colores abigarrados: rojas, verdes y grises, y yesos, siendo frecuente, en las arcillas, la aparición de aragonitos y jacintos de Compostela.

El Jurásico está restringido a las áreas del sur de la comarca, la de Villafranca-Villar del Salz-Ojos Negros por el sudoeste y la de la sierra de Lidón por el sudeste. Litológicamente, se compone de un potente conjunto de rocas carbonatadas, con intercalaciones margosas, que ha sido dividido en varias formaciones que toman nombre de las localidades donde se encuentran mejor representadas. Dada la nece¬sidad de sintetizar, se pueden agrupar en tres conjuntos, el inferior de naturaleza calcá¬rea y calcáreo-dolomítica comprende a: Cortes de Tajuña, Cuevas Labradas, Cerro del Pez y Barahona, de edad Liásico Inferior-Me¬dio. La parte media, margosa (Formación Turmiel), de edad Toarciense, muy característica por su elevado contenido fosilífero, especialmente ammonites, braquiópodos y bivalvos, y la parte superior también caliza formada por Chelva, Sot de Chera, Loriguilla e Higueruelas, correspondientes al Jurásico Superior.

Hacia finales de los tiempos jurásicos, hace unos 135 m.a., comienzan a mostrarse las primeras manifestaciones de la orogenia alpina. Durante el Cretácico Inferior, amplias zonas ocupadas por mares someros, emergen y dan lugar a extensas áreas litorales, en las que se desarrolla una prolífica vida continental, es la era de los dinosaurios. En la comarca no existe registro geológico de este periodo, se encontraba emergida y alejada de las áreas de sedimentación. Solamente al final del Cretácico Inferior y durante todo el Cretácico Superior, el área comarcal vuelve a uniformizarse con el resto de la Cordillera Ibérica, encontrándose unos niveles de arenas blancas (Facies Utrillas) a los que se superpone un conjunto calcáreo de hasta 300 m. subdividido en varias formaciones (Mosqueruela, Barranco de los Degollados, Órganos de Montoro y Cañadillas) en función de su componente mayoritario (caliza, dolomía, marga). Constituye los relieves más importantes de la sierra de Cucalón y la zona de las parameras calcáreas de Odón-Torralba de los Sisones-Blancas.

Terciario

El periodo de tiempo correspondiente a este sistema comprende unos 63´4 m.a., desde finales del Cretácico hasta el Cuaternario. En la comarca se corresponden con la vertiente meridional de la sierra de Cucalón y con la terminación SE del Campo Romanos-Cuenca del Pancrudo. Afloran tanto el Paleógeno como el Neógeno, ambos de origen continental. El Paleógeno aparece a lo largo del borde S de la sierra de Cucalón, entre Lagueruela-Fonfría y formando los relieves de la Retuerta-Pelarda. También en el núcleo de un apretado sinclinal, al este de Bueña. Se aprecia muy bien en Fonfría, donde está muy desarrollado (más de 1.000 m. de espesor). Es un conjunto discordante sobre el Cretácico, aunque en parte, plegado solidariamente con él. Son sedimentos detríticos: arcillas rojas, areniscas y con¬glomerados.

El Neógeno, corresponde a la terminación meridional de la Cuenca de Calatayud-Montalbán, es una estructura que separa las dos ramas pa¬leozoicas. Está formado por una parte roja inferior de conglomerados, limolitas y arcillas, y una mitad superior de color blanco compuesta por calizas, margas, arcillas y yesos que morfológicamente destacan por su posición horizontal. Existen varios yacimientos de micromamíferos, de tal importancia que en Nava¬rrete del Río han permitido definir un piso de la escala cronoestratigráfica terrestre, el Rambliense. Así, aunque la comarca carece de dinosaurios cretácicos, posee un patrimonio excepcional, en lo que a presencia de vertebrados terciarios fósiles se refiere.

Hacia finales del Terciario, hace unos 5 m.a., en el Plioceno, se colmató la cuenca lacustre de Romanos-Pancrudo y apareció un nuevo escenario territorial. Con un clima más árido que en la etapa anterior, la existencia de nuevas fracturas permiten la instalación de varias cuencas de sedimentación, la del Jiloca, la de Daroca y la de Gallocanta, cuya actividad se prolonga durante el Cuaternario y hasta la actualidad.

Cuaternario

Abarca los últimos 1´6 m.a. de la historia terrestre. En la comarca está constituido por los sedimentos más recientes, los que rellenan las cuencas o fosas del Jiloca, Daroca y Gallocanta.

La Fosa del Jiloca es una depresión alargada, de unos 15 km. de longitud y unos 4-5 km. de anchura, situada entre Calamocha y Singra (geológicamente, se extiende hasta Teruel), y limitada al E por el sistema de fallas de Sierra Palomera-Bañón. Ha tenido una evolución compleja, con etapas endorreicas en las que se acumularon potentes series lacustres. En principio fue una cuenca cerrada, que a principios del Cuaternario quedó capturada por el sistema fluvial actual, transformándose en un sistema exorreico que vierte sus aguas hacia la cuenca del Ebro, por el Jiloca y hacia Levante, por el Turia.

La Fosa de Daroca, también originada en un área de debilidad cortical, a favor de una zona de fracturas, permitió la apertura de una estrecha cuenca, entre Luco de Jiloca y San Martín el Río, que se fue rellenando con los materiales (conglomerados silíceos, limolitas y arcillas rojas) provenientes de la denudación de los relieves paleozoicos que la rodeaban. No se llegó a colmatar, como fue el caso de la Cuenca de Calatayud-Montalbán, y fue capturada por la erosión fluvial remontante de los afluentes del Ebro. Por último, la Fosa de Gallocanta, la más reciente, sigue su proceso evolutivo. Su continuidad depende del equilibrio entre el hundimiento tectónico que propicia su misma existencia y la acción erosiva del Jiloca. Estamos hablando a escala geológica, si el hundimiento es mayor, la cuenca tenderá a agrandarse y si por el contrario, prima la actividad erosiva, la cuenca será capturada por el Jiloca, dado que su nivel de base es mucho menor.

Hay que resaltar la disimetría de todas estas cuencas plio-cuaternarias, con un margen occidental suave, sobre el que se apoyan los depósitos de piedemonte y un margen oriental abrupto, es el límite por el que transcurre la fractura.


Breve historia geológica

La Cordillera Ibérica es una cadena montañosa alpina de tipo intermedio, pues aún poseyendo una deformación, a veces intensa, no presenta actividad magmática ni su metamorfismo es importante.

Los materiales paleozoicos que afloran en las dos bandas, NO-SE, lo hacen a favor de pliegues de fondo alpino. En la Rama Occidental, la estructura es un gran monoclinal inclinado hacia el SO, con algunos repliegues secundarios. En la Rama Oriental es más compleja: son pliegues anticlinales y sinclinales, de tipo concéntrico, pero muy fracturados y por tanto de escaso desarrollo lateral. Sierra Menera es otro gran pliegue anticlinal afectado por fracturas longitudinales y transversales. En el Mesozoico, el territorio comarcal estuvo sometido a un régimen disten¬sivo. Accidentes de zócalo profundos (fallas tardihercínicas) articularon dispositivos paleogeográficos que condicionaron la sedimentación. Durante el Trías, la comarca se comportó como una cuenca compleja, que se rellenó con sedimentos clásticos (Buntsandsteín) y con depósitos carbonatados de aguas de escasa profundidad (Mulckelkalk y Keuper). En el Jurásico se instaló una extensa plataforma marina, donde la subsidencia fue compensada por una elevada producción de carbonatos, lo que permitió que la sedimentación se mantuviera en ambientes someros. Durante el Cretácico, vuelven los depósitos continentales (Facies Utrillas) y con posterioridad se instala una plataforma marina carbonatada muy homogénea. Durante el Terciario, en el Oligoceno, tuvo lugar la etapa principal de la orogenia alpina y la estructuración de toda la cordillera. Su posición, entre dos áreas de intensa deformación, Pirineos y Béticas, condicionó su historia orogénica. Los macizos paleozoicos que ya estaban estructurados en la etapa hercínica, se comportaron como un zócalo rígido, mientras que la cobertera (mesozoicos y terciarios) se acomodó a ellos, como si de una capa plástica se tratase, plegándose e individualizándose del anterior. El nivel de despegue lo constituyeron las arcillas del Keuper. La cobertera se deformó mediante mecanismos de flexión y fractura, originándose pliegues, fallas inversas, cabal¬gamientos y fallas de desgarre. Posteriormente, en las fases distensivas, se formaron las fosas neógenas y cuaternarias, cuya evolución continua.

Geólogos

Bibliografía

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