Balsa

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Balsa en Villafranca del Campo

El empleo de balsas es uno de los sistema de aprovechamiento del agua de lluvia más sencillos, presentes en todos los pueblos del valle del Jiloca. Forma parte de los elementos propios de la Arquitectura del agua y de los pequeños humedales, en ocasiones muy efímeros, repartidos por las zonas más secas del valle del Jiloca. En un ambiente donde el agua brilla por su ausencia, por pequeña que sea la cantidad de agua disponible, tiene una valiosa importancia. Estas balsas suponen una fuente de vida esencial para el desarrollo de diversas comunidades animales, permitiendo además el crecimiento de especies vegetales higrófilas que aportan un mayor valor ecológico a la zona.

Las balsas suelen destinarse al abastecimiento de ganado, suavizando los accesos. En algunas ocasiones excepcionales, cuando no ha existido otra opción por la ausencia de manantiales más o menos cercanos, han servido para abastecimiento de poblaciones, pero no es el sistema más propicio para conservar el agua en condiciones óptimas para consumo humano.

Se emplazaban directamente en los lugares por los que discurre el agua de lluvia, frecuentemente en pequeñas ramblas, de modo que sea esta la que llene la balsa. Para facilitar el almacenamiento se daba forma a la concavidad rellenando el labio más bajo con un terraplen, excavando a veces la parte más elevada y recubriendo todo el fondo con losas de barro o piedra. Cuando el cauce porta agua, coincidiendo por norma general tras precipitaciones recientes, la balsa se llena hasta rebosar. El sobrante pasa de nuevo al cauce.

Aparte de la función biológica de los humedales, este tipo de balsas ganaderas que acumulan el agua de escorrentía superficial tienen una función de prevención de avenidas. Conforme el agua va circulando por su cauce, llena las balsas que encuentra a su paso. De esta manera, se produce una laminación de la “avalancha” de agua y, así, el torrente de agua pierde volumen y velocidad. Las balsas exigen un continuo mantenimiento, pues se ciegan rápidamente a causa de la tierra arrastrada por las lluvias.

Son muy habituales en Sierra Menera y en la cuenca de Gallocanta, donde reciben el nombre de "navajos". En la sierra de Fonfría se han convertido en unos magníficos refugios para la fauna de esta comarca.

Bibliografía