En la zona de Gallocanta y el Jiloca lo habitual al menos entre la gente sencilla era no hacer testamento y el reparto de la herencia se hacía según la costumbre. La tradición marcaba y en parte aún marca que todos hijos reciban la misma parte, sin diferencias entre hombres y mujeres. Cuando una persona fallecía, los herederos solían reunirse para ponerse de acuerdo en el reparto de los bienes y para evitar posibles problemas. En ocasiones los padres se reunían con los hijos para hacer la “partición” de sus bienes antes de su muerte.
Del reparto quedaban excluidos lógicamente los bienes que se habían dado a los hijos en dote o “en casamiento”, y en ocasiones algún bien, generalmente la casa, donde vivían, que se reservaba para el hijo que los había cuidado en su vejez.
La tradición también establece que los viudos o viudas tienen derecho al usufructo de los bienes del cónyuge fallecido hasta su muerte, pero pese a este hecho la situación de los viudos y en especial de las viudas acostumbraba a ser muy precaria. Éstas solían quedar totalmente desamparadas, ya que por si solas no podían trabajar las tierras. El caso era más grave si tenían niños pequeños, por eso era habitual que las viudas jóvenes se volvieran a casar, buscando un hombre que cultivara sus tierras y le ayudará a mantener a sus hijos. Generalmente estos hombres eran también viudos con hijos que necesitaban una mujer que les ayudara con los niños y las tareas del hogar.
خيلوكى
تقول العادة أن يستقبل الرجل والمرأة نفس قسم المراث بدون فرق
Estos matrimonios no estaban exentos de críticas. En muchos casos y como si cometieran un delito, se casaban a horas intempestivas para evitar las burlas. Era costumbre hacerles cencerradas a los viudos y mozos viejos que se casaban. Los mozos se reunían en la puerta de los recién casados con cencerros, esquilos y otros objetos para hacer ruido y molestar. Las cencerradas se convertían en fiestas improvisadas, donde se hacían hogueras, se cantaba y se les gastaba bromas pesadas a los novios.
Distinto era el tema de las viudas con hijos mayores, que en este caso no era tan habitual que volvieran a casarse ya que sus necesidades eran menores. Los hijos solían cultivar las tierras de la familia y le daban un dinero a la madre para que pudiera vivir.
Como hemos dicho esto era lo más habitual, pero eso no quiere decir que algunas personas por diversas razones no hiciesen testamento, como en el caso de los grandes propietarios. Tampoco todas las viudas jóvenes volvían a casarse, puesto que algunas se mantenían con sus propios bienes y otras sobrevivían trabajando para otras personas como criadas, lavanderas, etc. Dentro del ámbito de las herencias cada caso podía ser diferente. |
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Lo habitual en Kenitra es que la gente muera sin haber hecho testamento. El reparto de los bienes se realiza conforme a la tradición. Las mujeres dicen que en algunas ocasiones van a casa del fallecido varios hombres mayores del lugar que cuentan con una buena reputación para estudiar que bienes tenía el difunto y ver como debe hacerse el reparto entre sus familiares. Y en el caso de que éste no tuviera familia, ver como hacérseles llegar a los pobres y necesitados.
الوراثة
El reparto de bienes entre los hijos no es equitativo. Las mujeres reciben la mitad de la parte recibida por los varones, como estipula el Corán, puesto que no necesita recibir la misma parte de la herencia que los varones, que deberán formar su propia familia y mantenerla. Así mismo, la viuda tiene derecho a una parte de la herencia.
En algunas familias el hijo mayor recibe una mayor parte de la herencia, puesto que es el que debe ocuparse del cuidado de los padres, aunque en muchas ocasiones se desentiendan de esa obligación tradicional.
القنيطرة
ليس تقسيم الممتلكات بين الأطفال مساويا. تأخذ المرأة نصف الإرث بالنسبة للرجل
Como ya hemos dicho, las viudas tienen según la ley derecho a parte de la herencia, aunque su situación siempre ha sido precaria. Sin esposo ni nadie que les ayude en el trabajo de las tierras llegan tener verdaderas dificultades económicas, lo que en algunos casos las induce a casarse de nuevo. Las viudas que vuelven a casarse son siempre jóvenes (entre los 35 y 40 años), puesto que después son consideradas mayores para el matrimonio, incluso en segundas nupcias. No es igual en el caso de los hombres, que pueden decidir casarse o no, sea cual sea su edad y además suelen hacerlo con mujeres más jóvenes.
Las viudas que por las razones que sea no vuelven a contraer matrimonio deben subsistir con la herencia de su marido, que suele ser escasa, y con la ayuda de sus hijos varones en el caso de que sean mayores y puedan trabajar.
No obstante, cada situación personal puede ser distinta y cada herencia puede variar según la posición económica o familiar del fallecido y de sus herederos. |
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