En la sociedad tradicional de las tierras de Gallocanta y el Jiloca lo normal era que se tuvieran hijos al poco de casarse, puesto que la finalidad del matrimonio era la descendencia.
Cuando un matrimonio no tenía hijos se consideraba culpable a la esposa. Cuentan las mujeres que se decía que “era machorra”. Las mujeres solían encomendarse a Dios y a los patrones del pueblo para quedar embarazadas.
الولادة
Los matrimonios sin hijos en ocasiones “recogían”, adoptaban, un huérfano. Fue habitual durante la posguerra que las mujeres que habían perdido un bebé se llevaran a casa un niño del hospicio para darle el pecho. El Estado les pagaba un dinero por amamantarlos y luego los regresaban al orfanato. Muchas familias se encariñaron con éstos niños y acabaron “quedándoselos”.
Siempre ha existido la curiosidad por conocer el sexo del bebé durante el embarazo. Ante la imposibilidad de saberlo por medios científicos se intentaba por otros medios. Cuentan las mujeres que se trataba de adivinar según la forma del cuerpo de la madre o según la luna, además de con otros rituales. Hoy las mujeres hablan de estas costumbres con cierta vergüenza y escepticismo, como algo muy lejano. Una creencia también muy extendida respecto al embarazo, incluso en la actualidad, es la del antojo.
Las mujeres daban a luz en casa, con la ayuda de una mujer del pueblo, una “matrona”. De estas mujeres se suele decir que “tenían buena voluntad” o que “eran decididas” porque en realidad carecían de formación y de medios. Por eso, si algo se complicaba debían recurrir al “practicante” o el médico del pueblo. Un parto siempre implica riesgos y más en estas condiciones, por eso las mujeres se encomendaban a los santos del pueblo. El patrón de los partos San Ramón Nonato por ejemplo. es venerado en las localidades de Báguena y Fuentes Claras.
خيلوكى
في المجتمع التقليدي في مناطق غلوكانتى وخيلوكى كان من العادي ان تصبحن النساء حاملا في وقت قريب بعد الزواج وكان الهدف الوحيد
Si el parto llegaba a buen término el niño era bautizado rápidamente. El riesgo de que muriera en los primeros días era muy alto, y un niño que moría sin bautizar se consideraba que moría en pecado. Mediante el sacramento del bautismo el niño ingresa en la fe católica y además se le impone su nombre. Antiguamente el nombre elegido solía ser el de algún familiar o también el “santo del día”, es decir el del santo que se celebraba el día que nació el niño.
El día del bautizo no siempre era una gran fiesta, sino que dependía del trabajo y de la posición económica de los padres. A veces sólo asistía a la ceremonia el sacerdote y la madrina de bautizo, ya que la madre estaba todavía convaleciente y el padre inmerso en las tareas del campo. Interesante es el papel de las madrinas. Actualmente los niños tienen madrina y padrino, pero antiguamente lo normal era tener sólo madrina. Los padrinos según la Iglesia y la tradición tienen la obligación de guiar a su ahijado en la fe y responsabilizarse del él si los padres fallecen, aunque a veces estas obligaciones no eran demasiado tenidas en cuenta.
Lo más habitual y lo único que se solía hacer a la hora de celebrar un bautizo era tirar caramelos o algún fruto seco a la salida de la iglesia para que lo recogieran los chiquillos del pueblo. Con el tiempo, la celebración fue evolucionando y se empezó a retrasar la fecha para que pudiera asistir la madre y se hacía un pequeño refresco, un chocolate o una comida familiar para celebrarlo. |
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En una sociedad patriarcal donde la transmisión del linaje y la descendencia son algo fundamental, lo normal es que las mujeres queden embarazadas al poco de casarse. Tradicionalmente se ha considerado que la procreación es el fin del matrimonio, especialmente de hijos varones que perpetúen el linaje, ya que las hijas están destinadas a casarse y formar parte de otra familia.
Cuentan las mujeres que antiguamente si una pareja no tenía hijos siempre se consideraba responsable a la mujer, lo que era motivo para ser repudiada por su marido, por eso la maternidad era tan importante para las mujeres, representaba y aún representa seguridad dentro del matrimonio. Con el paso de los años, esta situación ha ido variando y en el caso de que un matrimonio no tenga hijos, se intenta conocer el origen del problema, sea el que sea, para poder solucionarlo.
Una creencia totalmente extendida respecto al embarazo es la del antojo. Las mujeres de Kenitra, como las de muchas partes del mundo, consideran que si durante el embarazo tienen el capricho de tomar o comer algo y no lo satisfacen, el niño nacerá con una marca que represente aquello que no han podido tomar. También era bastante habitual intentar adivinar el sexo del bebé, según las formas de la barriga de la madre.
Las mujeres embarazadas, generalmente daban a luz en casa asistidas por una mujer del pueblo. Esta mujer o matrona acudía a casa de la embarazada desde los primeros momentos del parto y a veces preparaba distintos bebedizos de hierbas y otros productos naturales para favorecer el parto. Estas mujeres, que todavía ejercen en la actualidad en determinadas zonas, carecen de formación académica, aprenden de la experiencia y en muchos casos el oficio pasa de madres a hijas.
القنيطرة
في المجتمع الأبوي , نقل النسب والذرية مهم جدا. من العادي أن تصبحن النساء حاملا بسرعة بعد الزواج
Durante el parto suele colocarse junto a la futura madre un Corán para que protejan a la madre y al niño. También es tradición que nada más nacer un hombre mayor de la familia recite al oído del bebe la Shahada o profesión de fe: “Doy fe de que no hay otro Dios que Allah y Mohamed es su profeta”, para introducirlo así en el seno del Islam.
La tradición manda que a continuación se le laven al niño los ojos con khol y que se le envuelvan en unas cintas blancas. Además, en la primera fiesta religiosa del bebé se le unta con henna la mano y el pie derecho, como símbolo de protección.
La costumbre es darle nombre al niño a los siete días del nacimiento, aunque esto ha cambiado actualmente. Antiguamente solía elegirse el nombre de algún familiar o algún nombre tradicional como Fátima y Mohamed. Ese es un día de fiesta en el que se reúne la familia, se hace un banquete según sus posibilidades y cada invitado lleva un pequeño obsequio para el niño. Si se lo pueden permitir se mata un cordero e incluso se contrata música. En algunos casos excepcionales, la madre del bebé acude el día anterior al hamman o baño y se viste con un traje de fiesta o taksheta similar al que usan las novias el día de la boda. |
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