En la zona del valle del Jiloca, la indumentaria tradicional ha convivido con la ropa más moderna hasta hace no mucho. El vestuario tradicional fue desapareciendo progresivamente hasta llegar a los años 70 del S. XX.
La vestimenta típica estaba caracterizada por ser práctica, sencilla, y confeccionada con materiales humildes. Debemos tener en cuenta que era ropa utilizada para realizar pesadas tareas del campo en una tierra con un clima duro, especialmente en invierno. Además, salvo casos muy especiales, los vestidos eran cosidos por las propias mujeres con las consiguientes limitaciones. Evidentemente también había prendas de mayor calidad y riqueza destinadas a unos pocos que manifestaban su poder económico a través de ellas.
En general, los habitantes de esta zona eran gente sencilla que poseían la ropa de trabajo y la “ropa de fiesta” o “de mudar”. Esta última se guardaba para ir a misa los domingos y para fiestas especiales. En muchos casos sería la ropa de su boda y la de su entierro. Cuando poseían una prenda de mayor calidad, pasaba de madres a hijas y de padres a hijos. Las mujeres guardaban su mejor saya o su mejor mantón para sus hijas.
La indumentaria de estas comarcas no era homogénea, sino que variaba según la época, las modas, el nivel económico y los gustos personales. Los jóvenes, por ejemplo, usarían colores más alegres y serían los primeros en abandonar la vestimenta tradicional. Los hombres en general también abandonaron el uso de la vestimenta tradicional antes que las mujeres, tal vez porque salían más del pueblo y veían más cosas.
El traje tradicional de los hombres lo conformaban un calzoncillo interior, un calzón exterior o especie de pantalón corto que luego fue sustituido por los pantalones largos, las medias de lana que desaparecerían junto a los calzones, la faja que se rodeaba a la cintura, la camisa, el chaleco, un sombrero o boina más recientemente y unas abarcas o albarcas para los pies. Usaban también, en el caso de poseerla, capa de paño negro, que se usaba en ocasiones muy especiales y era símbolo de ceremonia y respeto.
El vestuario femenino era más amplio y variado, empezando por la ropa interior que solía ser de color blanco con algún detalle bordado y puntillas. Se componía de camisa interior y enagua o falda interior de hilo o algodón. Sobre las enaguas se colocaban las faldas o sayas largas hasta el tobillo. Solían llevar una saya más nueva y bonita que cubrían con una vieja para no ensuciarla. Sobre las sayas y para protegerlas solían llevar un delantal. Además, llevaban medias de lana de color blanco o negro y alpargatas de esparto. Rara vez usaban zapatos. En la parte superior usaban camisa o chambra de cuello cerrado y manga larga y mantones o toquillas de lana para el frío.
En la cabeza, sobre el tradicional moño, se colocaban pañuelos atados y cuando asistían a la iglesia mantillas de paño para cubrirse la cabeza en señal de respeto.
Las mujeres mayores sonríen cuando se les pregunta por las joyas, puesto que como mucho tenían algún pendiente, anillo o medalla de bisutería, de “chatarra” como dicen ellas. Cuando poseían alguna pequeña joya, pasaba de generación en generación. Eso no implica que no hubiera mujeres que las poseyeran, pero no era lo habitual.
Un aspecto que ha marcado la vestimenta hasta hace pocos años es el luto, es decir, vestir de negro en señal de duelo cuando un familiar fallecía. Recuerdan las mujeres más mayores que el luto por un familiar cercano eran cuatro años y se llevaba rigurosamente por todos los miembros de la familia desde niños a mayores, aunque era especialmente estricto en el caso de las mujeres. En muchos casos las viudas llevaban luto hasta su muerte. Este hecho marcaría sin duda la forma de vestir en una sociedad con un alto nivel de mortandad. |
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En la zona de Kenitra, la indumentaria tradicional convive hoy con otra más moderna, compuesta de trajes de corte tradicional adaptados a las modas y ropas de estilo occidental.
El traje tradicional del hombre en el medio rural marroquí ha sido siempre la chilaba: ancha, larga, con capucha, de lana y con estampados de rayas en colores discretos como el blanco o el marrón.
La vestimenta tradicional femenina por su parte es mucho más amplia y abarca gran variedad de trajes, tejidos y colores. Las mujeres pueden usar chilabas, taksetas, caftanes o ganduras con gran variedad de estilos y colores.
Las chilabas son similares a las de los hombres pero más elaboradas y con mayor variedad de colores. Por otro lado, las taksetas son un traje de dos piezas superpuestas; la parte interior más sencilla y cerrada asemejándose a un caftán y la parte exterior abierta y muy elaborada. Es un traje hasta los pies, de manga larga y sujeto por un cinturón. Es utilizado para fiestas y celebraciones, especialmente en las bodas. Al ser un traje de fiesta suele estar elaborado con telas de calidad y adornado ricamente.
El caftán es una prenda que tiene similitudes con la chilaba, aunque más elaborada. Se trata de un traje hasta los pies con marga larga, que puede ser de colores y telas diversos. Lo mismo ocurre con la gandura que es una prenda amplia, larga, de manga corta y anudada a la cintura, que también usan las mujeres de Kenitra aunque procede de otras zonas de Marruecos.
Un accesorio habitual de las mujeres rurales es una pieza de tela que se colocan en la espalda, atada en la parte delantera y que sirve para transportar a los niños. Habitual es también el delantal, de cuadros o de colores oscuros, con un bolsillo en el centro.
Al contrario que en otros países musulmanes, en Marruecos no era frecuente encontrar mujeres cubiertas completamente. Lo tradicional es que las mujeres se cubrieran el cabello y el cuello con un chal o pañuelo para salir a la calle. En la actualidad, el uso del pañuelo es una decisión personal de cada mujer, al igual que el uso de las vestimentas tradicionales.
En la indumentaria tradicional, especialmente en la femenina, difiere mucho según la edad y la clase social. Lo normal es que las jóvenes colores más alegres y prendas de carácter más occidental que las mujeres mayores. La diferencia social se evidencia en la calidad de las telas y la riqueza de los detalles.
Respecto a la elaboración de los trajes, decir que antiguamente casi todo se elaboraba en casa mientras que en la actualidad la ropa se compra confeccionada. Cada vez se están introduciendo más tejidos y diseños occidentalizados.
Las famosas babuchas son el calzado tradicional en Kenitra, como en el resto del país. Suelen ser de cuero o ante, y en el caso de las femeninas suelen ser de distintos colores y estar ricamente bordadas.
En relación a las joyas, dicen las mujeres que en los pueblos de Kenitra se tienen “gusto por las joyas de oro”, aunque también las hay de plata. Las joyas son muy importantes para las mujeres de Kenitra y en general para todas las del mundo árabe, por lo que tratan siempre de poseer alguna, aunque esto depende mucho del nivel económico. Lo que si es normal es que el novio regale a su futura esposa alguna joya antes del matrimonio, normalmente un anillo. |
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