Argimiro Belanche Crespo

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Este maestro nació en la localidad turolense de Cucalón y estudió el bachillerato superior y magisterio en Teruel. Su primer destino como maestro nacional fue Baraguás, cerca de Jaca, después pasó a Torre los Negros, y Gea de Albarracín. Allí conoció a la que sería su mujer, Victoria Lanzuela Lanzuela, natural de Cella y familia de los Lanzuela, entre ellos, su tío Adolfo, renombrado hermano de La Salle.

En Cella permaneció 16 años, allí se casó y nació su hija Carmen. Su siguiente destino fue el barrio zaragozano de Juslibol, donde estuvo 18 años, hasta su jubilación, y fue donde más huella dejó como maestro. Una de las coronas que había ayer en el entierro era de sus ex alumnos. Además, una compañera, Consuelo, leyó el poema del sembrador del libro que Argimiro empleaba para que los alumnos ejercitaran la memoria.

Llegó a dominar el ordenador pero decía que lo único que le interesaba eran las letras. Tenía espíritu de coleccionista y, entre otros objetos, coleccionaba sellos, vitolas, postales, loterías, que mimaba y ordenaba. Generaba belleza y le gustaban las cosas bien hechas. Tenía familia en Lanzuela, Loscos, Valverde y Cucalón. Junto con su primo Manuel Pérez Belanche y Julia Belanche Pascual, recopiló datos para una historia de Cucalón, desde el pasado hasta la actualidad. En la Peña del Castillo hay un yacimiento de la Edad del Bronce, así como restos de una construcción medieval, y en las partidas de Palomares y La Manga se localizaron dos necrópolis tardorromanas.

Además, Argimiro Belanche aportó datos sobre Cella con destino a la historia de los peirones en Aragón que elaboró Manuel Pérez Belanche, pionero a la hora de hablar y escribir sobre estos monumentos, columnas, obeliscos u hornacinas con inscripciones, una cruz o imagen dentro, situados en caminos o a la entrada de los pueblos.

Falleció en Zaragoza el día 6 de junio de 2010. El sacerdote oficiante, Federico Mainar, sobrino de Argimiro, recordó en la homilía las palabras que él quiso dijese para la ocasión: "pasó por el mundo intentando hacer el bien y sembrar bondad". Pero añadió otras palabras como la de verdad, pues, dijo, fue un sembrador de la verdad, un maestro vocacional y entregado por entero a su profesión de enseñar a los niños. Aseguran que se llevó un gran disgusto cuando los maestros pasaron a llamarse profesores.


Bibliografía

  • "Un maestro que dedicó toda su vida a enseñar en distintos pueblos de Aragón", El Periódico de Aragón, 8/06/2010