Batalla del Alfambra

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El general Monasterio con su boina carlista y su montura
La batalla del Alfambra
Columna de caballería al mando de Monasterio Ituarte marchando hacia Alfambra. Comienzos de febrero de 1938
Tropas ocupando la localidad de Pancrudo. Publicado en ABC de Sevilla, 19 de febrero de 1938

La batalla del Alfambra, destinada a recuperar la ciudad de Teruel por parte de las tropas franquistas, se desarrolló durante la Guerra Civil en el Campo de Visiedo, en un triángulo en cuyos vértices podemos situar a las localidades de Vivel del Río, Rubielos de la Cérida y Teruel.

La ofensiva se inició el día 5 de febrero de 1938. Fue protagonizada por los cuerpos del ejército marroquí, Norte del Turia (Galicia) y División de Caballería. Se utilizaron nueve divisiones en total. El planteamiento era que el Cuerpo de Yague lanzara una ofensiva desde Portalrubio, dirigiéndose hacia Cervera, Pancrudo y Fuentes Calientes, mientras la caballería del general monasterio atacaría Lidón y Argente desde la base de Rubielos de la Cérida. Ambas tropas debían romper los frentes, llegar a Perales del Alfambra y, desde allí, avanzar hacia la ciudad de Teruel para envolverla por el este. Para esta acción bélica los franquistas contaron con el apoyo de toda la aviación: Legión Condor, aviación legionaria italiana y aviación hispana, y un masivo bombardeo artillero.

El 5 de febrero la V División rompe el frente por Rubielos de la Cérida en dirección hacia Argente, destrozando las defensas, trincheras y fortificaciones que había en esta localidad. Al día siguiente, a pesar de la espesa niebla, el regimiento de Caballería Castillejos aprovecha la brecha y ataca Aguatón. Ocupan Visiedo, Lidón y Camañas. Las dos divisiones republicanas del Cuerpo XIII que protegían el Campo de Visiedo apenas pudieron ofrecer resistencia y fueron arrolladas. En esta batalla del Alfambra se realizó con éxito la última carga de caballería de la historia militar mundial. El 7 de febrero, tercer día de la ofensiva, las tropas franquistas ya habían llegado al río Alfambra y tomado posiciones para atacar la ciudad de Teruel.

El mando republicano trató de tomar la iniciativa y, visto que no podía frenar el avance por el Campo de Visiedo, decidió contratacar en la zona de Vivel del Río, intentando nuevamente avanzar hacia el valle del Jiloca y cortar las comunicaciones. El comandante Juan Perea Capulino se hizo cargo de las cuatro brigadas que iban a protagonizar el ataque, en las que se incluían dos brigadas internacionales al mando del general Walter. Eran muy pocos hombres y no contaban con el apoyo de la aviación, pues los cielos turolenses habían sido dominados por los pilotos alemanes e italianos. El coronel José Gomá reconocía que "nada hicieron los aviones rojos contra las fuerzas nacionales, excepto el ataque en Calamocha... ¿Cómo puede compararse con los vuelos que realiza la aviación nacional, que a veces alcanza la cifra de 500 salidas al día?". El 14 de febrero los republicanos atacan la zona de Vivel, pero no consiguen avanzar ni romper las líneas, aunque sí frenaron el avance por el río Alfambra, pues los franquistas tuvieron que retrasar algunas tropas. Fue en vano: a lo largo de estos días 7.000 soldados republicanos fueron hechos prisioneros y 15.000 fueron bajas de distinto tipo.

El desastre del Alfambra preparó el camino para la posterior caída de Teruel. El 17 de febrero los ejércitos nacionales estaban rodeando la ciudad de Teruel e inician el ataque. El día 22 la batalla había terminado con la retirada de los ejércitos republicanos de la ciudad y su vuelta a manos de Franco.


Bibliografía