Recinto amurallado de Daroca

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Restos del castillo a comienzos del siglo XX

Daroca fue fundada por los musulmanes para controlar el Valle del Jiloca gracias a su emplazamiento estratégico y al soporte económico que le confería la rica vega de este río. La ciudad se sitúa entre dos cerros de considerable altura, el de San Cristóbal y el de San Jorge, a cuyos pies transcurre la Rambla Fondonera, actual calle Mayor. Los musulmanes poblaron la ladera del cerro de San Cristóbal, en cuya cima construyeron en el siglo XI una poderosa alcazaba, algunos de cuyos restos pueden contemplarse en el museo de Daroca.

Estamos ante la ciudad aragonesa que mejor ha conservado el cinturón amurallado, con la particularidad de no limitarse al casco urbano, pues remonta espectacularmente los cerros que rodean la población a lo largo de un perímetro de unos tres kilómetros y medio. Por esta razón y por la existencia de tres castillos en su trayectoria, hemos preferido denominarlo conjunto fortificado, no simplemente recinto amurallado, designación que conviene mejor a las cercas que rodeaban el caserío estrictamente urbano.

El conjunto fortificado de Daroca es de extraordinaria complejidad, no sólo por los materiales y técnicas que presenta, sino por el origen diverso y las épocas muy distintas que nos muestran sus castillos, torres y murallas.


Castillo mayor

Castillo Mayor de Daroca
Puerta Baja
Puerta Alta
Portal de Valencia
Torre de San Cristóbal
Torre de la Espuela

De sus fortificaciones empezaremos hablando del Castillo Mayor, principal bastión defensivo. Además de este castillo, durante la época islámica, parece seguro que había en la cumbre de las dos elevadas montañas que vigilan la ciudad por el norte y el sur, llamadas respectivamente de San Cristóbal y de San Jorge, sendas atalayas o fortines. Quizás el primero estaría ya ligado al primitivo recinto amurallado, pues el caserío de la Daroca musulmana ocupaba la falda de su cerro sin llegar a la actual calle Mayor, pero el segundo estaría seguramente aislado, reuniéndose mucho después al recinto amurallado general.

Recinto amurallado

El recorrido del circuito amurallado se inicia en el comentado castillo Mayor, cuya peña queda incluida dentro de aquel, ya que lo bordea por su vertiente del este. A partir del largo rebellín, ya citado, que está en plano inferior al del castillo propiamente dicho, el muro va siguiendo hacia el norte hasta alcanzar la torre del Jaque (que tiene su propia leyenda) o del Cuervo, de gran valía táctica; es bastante alta, de rojiza argamasa y de planta cuadrada. Allí la muralla cambia bruscamente de dirección y se dirige al oeste, en línea recta, remontando la fuerte pendiente de la montaña hasta alcanzar su cumbre, es decir, el castillo de San Cristóbal. En este largo tramo abundan los contrafuertes o pequeños torreones rectangulares, de rojizo tapial.

Aquí inicia la muralla su descenso hacia el suroeste, con trazado más curvilíneo, hasta alcanzar una esbelta torre cuadrada, llamada del Aguila, de mampostería, situada en el vértice de un ángulo saliente, desde donde nuevamente la muralla vuelve a cambiar de dirección, hacia el sureste. En esta torre se ambienta la leyenda del Caballero del águila blanca, recreada por el padre José Beltrán. Poco después encontramos la torre de San Valero, en honor a la desaparecida iglesia de dicha adoración que estaba en sus cercanías, y diferenciada de todas por su forma cilíndrica; es de mampostería, tiene una puerta semicircular de ladrillo y una saetera.

A continuación desciende la muralla con extraordinaria pendiente hasta la puerta Baja; es la zona más castigada por la erosión de las lluvias, por lo que varios de sus numerosos cubos rectangulares yacen arruinados. En su parte baja, ya donde comienza el caserío, hay dos lienzos decorados con una faja mudéjar de ladrillo en hiladas horizontales y verticales, en zig-zag, para acomodarse a la pendiente natural. Los tres torreones rectangulares que flanquean estos dos lienzos están revestidos con ladrillo. El lienzo más inferior ha sido recientemente recrecido con ladrillo y coronado de almenas; está perforado por una puerta semicircular, llamada del Arrabal o de Calatayud, restaurada en el mismo material y que daba salida a un distrito alto, hoy medio despoblado. Poco más abajo aparece la puerta Baja.

Desde la puerta Baja, la muralla está oculta en un corto tramo por casas y reaparece en una buena torre, también de sillería, cuya peculiaridad es su planta pentagonal, bastante afilada. A su lado hay otra puerta, llamada de Valencia, de arco ligeramente apuntado, enmarcado por dovelas, bajo un curioso solanar con columna parteluz. La reciente restauración ha devuelto a este rincón su primitivo aspecto.

A continuación, la muralla comienza a subir la fuerte pendiente del cerro de San Jorge y alcanza enseguida otra torre, denominada de Cariñena, rectangular y bastante alta, cuya mitad inferior es de piedra y la superior de ladrillo rojo, con una compleja cornisa de tipo mudéjar, fruto de alguna restauración de tiempos próximos pasados. Desde esta torre, la muralla aparece bastante alterada y erosionada; es de tapial grisáceo, con pequeños contrafuertes de ladrillo, y asciende bruscamente por el cerro, hacia el este, hasta alcanzar unas ruinas inexpresivas en donde debió estar el castillo de San Jorge o de la Judería. Se llama a esta zona «corrales de San Jorge».

Ya en lo alto de la meseta, la muralla vuelve a cambiar de dirección dos veces de modo arbitrario, aunque siempre aprovechando crestas naturales de modo muy ingenioso, hasta alcanzar un torreón cilíndrico, desde donde se orienta al nordeste y llega a la torre de la Espuela. Esta vetusta torre tambien tiene su propia leyenda.

Desde esta torre, la muralla desciende hasta el caserío; los primeros lienzos son de argamasa gris, y después rojiza, estando reforzada por pequeños torreones del mismo material y también rectangulares. A mitad de la ladera se yergue otra elevada torre de sillería, llamada de las Cinco esquinas por planta pentagonal; ostenta huecos semicirculares, y perdió su remate. A continuación encontramos el tramo de muralla más decorado, de color rojizo, con tracerías geométricas de ladrillo mudéjar, habiendo sido derribada una parte para abrir paso a la nueva carretera de circunvalación. La muralla alcanza el caserío de lo que fue Judería, y poco antes de la puerta Alta, encontramos la torre de la carretería de sillería, casi cuadrada, de 7,10 por 6,70 metros, muy parecida a la de la Espuela, también con su bello remate de matacanes.

La Puerta Alta constituye otra puerta de acceso a la ciudad. A pocos metros de la puerta Alta está el torreón llamado de los Huevos, o de los Escolapios, por situarse junto a su colegio; es también de sillería y con la particularidad de su cara externa achaflanada en semioctógono; subsisten las ménsulas de las tres buhardas que tenía en cada cara, y recientemente se eliminaron sus almenas de ladrillo, que eran postizas. A partir de este torreón se puede recorrer la muralla, generalmente de tapial, y a veces oculta entre casas.

Poco antes de alcanzar otra puerta, ya desaparecida, se observa un curioso reducto en forma poligonal, llamado torre de la sisa, de buena sillería y de bastante longitud, que protegía el acceso a aquella. A continuación, la muralla de tapial inicia su ascenso por las rocas hasta alcanzar el costado sureste del castillo Mayor, con lo que terminamos el recorrido de tres kilómetros y medio de la importantísima cerca de Daroca.

Páginas relacionadas

Ruta por una parte de las murallas de Daroca

En el recinto amurallado de Daroca se pueden distinguir e individualizar las siguientes fortificaciones y accesos a la ciudad:

Bibliografía

  • Guitart Aparicio, Cristóbal (1984): Arquitectura Militar. Daroca, Ayuntamiento [Texto completo]
  • Esteban Lorente, Juan Francisco y otros: Inventario artístico del partido judicial de Daroca. Realizado en los años 1975-1980 y revisado por Fabián Mañas Ballestín en 1999. Inédito.
  • CERVERA, Mª, CORRAL, J. L. y UBIETO ,I. El recinto amurallado de Daroca. Las murallas de las ciudades medievales aragonesas, IV Jornadas de Estudios sobre Aragón, I “, 1982, pp. 235-242,
  • GUITART APARICIO C. Recinto fortificado de Daroca, Del Molino, Daroca, 1984.